Vida, Esperanza y Verdad

Seis ingredientes esenciales para una disculpa efectiva

Algunas personas tienen fama de no saber disculparse. Pero a veces la única manera de reparar una relación es pidiendo perdón de una forma sincera y efectiva.

 “¡Vamos! Ya te dije que lo siento, ¿no es así? ¿No podemos simplemente volver a la normalidad? Dame un respiro, ¿quieres? ¿Por qué no lo olvidas y seguimos adelante?”.

“No, no y no. El solo hecho de decir lo siento no significa que todo esté automáticamente bien. No puedo simplemente olvidarlo. De hecho, aún estoy muy molesto contigo,”.

Probablemente todos hemos participado en un diálogo así, ya sea dando la disculpa inefectiva o siendo el lado afectado que no se conforma con un rápido “lo siento”.

Pedir disculpas es sin duda una de las cosas más difíciles que hay que hacer en una relación. No es nada fácil admitir cuando nos equivocamos, aceptar la responsabilidad de nuestros actos ni prometer que cambiaremos. Tal vez es por eso que a veces intentamos escaparnos con una disculpa fingida, vacía o mediocre diciendo sólo un rápido “lo siento”. Pero la verdad es que una disculpa como ésta podría llegar a causar más mal que bien.

¿Por qué es tan difícil?

¿Por qué nos cuesta tanto pedir disculpas? La mayoría de las veces el problema es nuestro ego. Hay que ser humilde para admitir nuestros errores y eso va en contra de nuestra naturaleza humana. También podríamos tener la idea errada de que disculparnos nos hace parecer débiles e incompetentes, porque es como admitir una derrota. O podríamos sentirnos avergonzados de lo que hicimos y querer que todo pase desapercibido.

Tal vez la otra persona también hizo algo mal y estamos demasiado enojados como para disculpamos por nuestra parte en el asunto. O quizá realmente queremos disculparnos, pero simplemente no encontramos las palabras.

Esencial para las relaciones sanas

Sea como fuere, disculparnos cuando nos equivocamos o lastimamos a otros —sea por accidente, con intención o aun si la culpa no fue sólo nuestra— es fundamental si queremos mantener relaciones sanas.

Una buena disculpa es el primer paso para corregir un error, abrir la puerta hacia una discusión constructiva y recuperar la confianza que perdimos. Sólo cuando lo hacemos, la relación puede seguir adelante, e incluso fortalecerse.

La Biblia confirma la importancia de disculparnos cuando se trata de reparar relaciones dañadas. En Mateo 5:23-24, por ejemplo, Cristo nos enseña que debemos reconciliarnos con aquellos a quienes hemos ofendido, y en Romanos 12:18 el apóstol Pablo dice: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. A veces, estar en paz requiere de una buena disculpa.

Obviamente, no todas nuestras faltas necesitan de una disculpa elaborada. Si lo único que hicimos fue llegar unos minutos tarde para almorzar con un amigo, un simple “lo siento” generalmente bastará.

Pero cuando se trata de errores mayores, se justifica que la disculpa también sea mayor. En esos casos, una disculpa efectiva debería incluir los siguientes elementos:

1. Una expresión sincera de pesar

El primer elemento parecerá obvio: debe decir “lo siento” y sentirlo de verdad. Hágale saber a la persona ofendida que reconoce, comprende y lamenta el daño que causó. Puede ser tan sencillo como decir: “Lamento haber revelado tu secreto en la fiesta. Sé que te puse en una situación incómoda y me siento terrible por ello”.

Sin embargo, para hacerlo bien es necesario que comprenda exactamente qué hizo mal. Y tal vez esto implique tomarse un tiempo para reflexionar en lo ocurrido antes de pedir perdón. Pídale a Dios que le ayude a ver la situación claramente y con una actitud arrepentida. Esto hará que su disculpa sea humilde, profunda y sincera.

Si en lugar de ello únicamente dice lo primero que se le viene a la mente, o es demasiado vago con respecto a su error (si dice por ejemplo “Perdón por mi comportamiento”, sin dar más detalles), su disculpa probablemente sonará fingida y la persona ofendida sentirá que sólo está diciendo lo que debe decir para mantener la paz.

2. Reconocimiento de la culpa

Reconozca que es completamente responsable de su error, sin justificar, minimizar, explicar o excusar su comportamiento. Admita abiertamente que se equivocó —es decir, diga literalmente “me equivoqué”— tenga especial cuidado de no culpar a la persona con quien se está disculpando.

A diferencia de Saúl, David aceptó toda la culpa de sus pecados por el incidente de Betsabé: “Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51:3). Y como David, nosotros también debemos estar dispuestos a aceptar nuestra responsabilidad.

Obviamente puede haber razones válidas por las que usted actuó como actuó (“Sentí que me estaban provocando”, “Estaba muy estresado”, “Estaba apurado”). Pero no las saque a colación en ese momento. Si esos factores son realmente importantes, entonces seguramente surgirán en la conversación. Deje que sea la otra persona quien los mencione.

También es importante que evite usar expresiones condicionales, como “Lamento si…”, o “Lo siento, pero tú…”. Si usa las palabras “si” o “pero”, parecerá que lo que intenta es evadir su responsabilidad y culpar a la otra persona por disgustarse. Decir “Lamento si te ofendí” es como decir “Eres demasiado sensible”. Una mejor opción sería: “Lamento haberte ofendido”. Así estará reconociendo que el error fue suyo.

3. Disposición a escuchar

Aunque es cierto que es usted quien se está disculpando, deje que la otra persona hable también de lo ocurrido —que comparta sus sentimientos, se desahogue, se explique, llore, etcétera. Escuche con atención lo que la otra persona tiene que decirle, y trate de comprender su punto de vista. Puede validar lo que la persona le dice con comentarios como “Comprendo por qué estás molesta” y “Veo en qué te defraudé”.

Para poder perdonar, la persona ofendida querrá que usted entienda todas las ramificaciones del daño que le causó y cómo la hizo sentir. Algunas de las cosas que le dirá probablemente lo harán sentir incómodo, pero resista la tentación de ponerse a la defensiva. En cambio, tome los comentarios como críticas constructivas, aprenda de ellos y úselos como motivación para hacer los cambios necesarios. Después de todo, su disculpa debería estar motivada en dar a la persona ofendida la oportunidad de ser escuchada y en aprender, no en estar en lo correcto.

4. Disposición a nmendar el daño

Ofrezca remediar la situación y reparar la ofensa. La Biblia nos enseña que debemos compensar a quienes hemos dañado, lo cual puede implicar reponerle a la persona lo que le pertenece e incluso darle más por ello. Un buen ejemplo se encuentra en Lucas 19:8, donde leemos acerca de un publicano llamado Zaqueo que se ofreció a compensar con dinero a cualquiera que hubiese defraudado.

En nuestro caso, esta restitución también podría implicar un rembolso monetario (como pagarle a un amigo los boletos del espectáculo al que no fuimos o pagar por los daños que le hicimos a algo que nos prestaron). Pero también puede tratarse de reparar heridas emocionales (desmintiendo un rumor que esparcimos sobre alguien, por ejemplo).

Claro que no siempre habrá una forma tangible de enmendar nuestro error. Tal vez su falta fue no estar ahí cuando su amigo pasaba por un momento difícil y necesitaba de su apoyo. En esos casos, lo que puede hacer es simplemente decir: “Por favor, dime si hay algo que pueda hacer por ti”. A veces enmendar los daños se trata más de hacerle saber al otro que quiere lo mejor para él o ella, que de una compensación literal.

5. Compromiso de cambio

Una disculpa sincera implica un compromiso de no repetir la ofensa. Es cierto que todos tenemos defectos y todos cometemos errores, pero siempre debemos esforzarnos por mejorar. Demuéstrele a la persona ofendida que está realmente arrepentido y desea hacer un cambio, no importa cuál sea su defecto. Tal vez se altera muy fácilmente o tiende a olvidar sus compromisos, sea lo que sea, debe admitirlo y asegurarle al ofendido que quiere mejorar.

Hágale saber qué cosas específicas hará para lograr ese cambio. Dependiendo de la gravedad de la falta, esto puede implicar trazarse un plan (para manejar mejor el estrés o aprender a pensar antes de hablar, por ejemplo) o buscar la ayuda de un consejero. Prometer que se esforzará por no cometer el mismo error y tener un plan para lograrlo, le demostrará a la persona ofendida que realmente la valora y la quiere en su vida. Las disculpas pierden peso si no existe una verdadera intención de cambiar.

6. Una petición de perdón

Una vez hecho todo esto, es tiempo de pedir perdón. Un simple “¿Podrías perdonarme?” suele ser suficiente. Esto pone a la persona ofendida al mando de la situación, pues usted está reconociendo que ha dañado la relación y no puede seguir adelante sin su perdón. En otras palabras, está pidiéndole al otro que dé el siguiente paso para sanar la relación.

Ahora es decisión de la persona ofendida si va a aceptar o no su disculpa. Si usted se ha mostrado genuinamente arrepentido, humilde, con empatía, y dispuesto a cambiar y enmendar las cosas, es bastante probable que lo perdone.

Sin embargo, es posible que a la persona aún así le tome un tiempo perdonarlo por completo. La confianza tiene que recuperarse, especialmente si la ofensa fue grave. La reconciliación no se logra de la noche a la mañana.

También debe estar consciente de que no hay ninguna garantía de que esto sea lo que ocurra. Incluso después de haberse disculpado, puede que la reconciliación no sea posible. El daño causado a la relación puede ser tan grande que no tenga arreglo, o puede ser que la otra persona simplemente decida no perdonar. De cualquier forma, usted habrá hecho lo correcto al pedir una disculpa sincera.

Si ha tomado tiempo para reflexionar en lo que hizo mal, ha reconocido su culpa, ha recapacitado en su actitud, ha orado y buscado la guía de Dios, y está buscando su ayuda para vencer los defectos que lo metieron en este lío, entonces sin duda ha sido una experiencia enriquecedora para usted.

Pedir disculpas no es para nada una señal de debilidad; es una forma de ejercitar y desarrollar coraje y fuerza de carácter —ya sea que finalmente lo perdonen o no.

Si desea profundizar en la enseñanza bíblica acerca del perdón y cómo pedir disculpas, puede leer “¿Cómo pedir disculpas?” y “¿Cómo perdonar?” de nuestro sitio web VidaEsperanzayVerdad.org. 

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