Vida, Esperanza y Verdad

¿Se ofende usted fácilmente?

Con demasiada frecuencia, las demás personas nos presionan, hieren nuestros sentimientos y nos tratan de una manera irrespetuosa. Incluso, a veces es sin intención. ¿Cómo debemos responder?

¿Hay alguien que no haya sido herido en algún momento por las palabras de otra persona? La persona que ofendió puede haber sido insensible o estar enojada y probablemente estaba equivocada, pero ¿es ese el final de la historia? ¿Las palabras crueles tienen que llevar a que se termine una relación?

No podemos controlar a los demás, ¿qué podemos hacer si ellos no reconocen su ofensa? ¿Qué pasa si la persona piensa que no fue mayor cosa y no ve la necesidad de disculparse? Cuando varias personas nos dicen qué nos ofendemos con demasiada facilidad, es posible que tengamos que preguntarnos, ¿es cierto? ¿Será que somos demasiado sensibles a lo que los demás dicen de nosotros?

Los matrimonios y las relaciones familiares a menudo se ven perjudicados por comentarios y acciones irrespetuosos aparentemente menores que se convierten en discusiones airadas o silencios incómodos. La ofensa puede ir acumulándose una tras otra hasta que se olvida el ataque inicial.

Si nos sentimos ofendidos, ¿hay algo que podamos hacer para salvar la relación?

¿Cómo respondemos?

En la mayoría de los casos, no podemos controlar lo que hacen los demás, pero sí podemos controlar cómo reaccionamos o respondemos a sus palabras o acciones. Éste se aborda en la Biblia en el libro de Eclesiastés.

“Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti” (Eclesiastés 7:21).

El sabio rey Salomón aconseja que no debemos tomarnos en serio todo lo que la gente dice de nosotros, y eso es cierto ya sean comentarios buenos o malos. Unos pueden causar orgullo; los otros, ira. Pero ciertamente puede ser molesto escuchar que alguien nos ha criticado.

Salomón continúa diciendo que todos nosotros hemos dicho cosas que no deberíamos acerca de otra persona en algún momento de nuestra vida (v. 22). Es algo muy humano entrar en el juego de chismosear o calumniar a alguien a sus espaldas. Debemos esforzarnos por superar estas tendencias humanas, pero nadie ha pasado por la vida sin haber sucumbido a estas debilidades en algún momento. “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (v. 20).

Podríamos desear que todos nos quisieran y hablaran bien de nosotros todo el tiempo, pero eso no es realista. Nadie puede vivir sin tener que enfrentarse de alguna manera a una crítica personal de algún tipo. Si permitimos que ese tipo de cosas nos afecten cada vez que las escuchamos, nuestra vida va a terminar siendo miserable.

Simei maldice al Rey David

Analicemos este ejemplo de la Biblia. Uno de los hijos del rey David, Absalón, conspiró con varios de los principales israelitas para arrebatarle el trono a su padre. David, viendo que su vida estaba en peligro, tuvo que huir de Jerusalén, la capital de Israel. Acompañado de unos pocos leales amigos, huyó a las llanuras cercanas para escapar de la captura y de una muerte casi segura.

Cuando David llegó a la pequeña ciudad de Bahurim, un hombre que vivía allí salió tirándole piedras, maldiciendo y diciendo que David finalmente estaba recibiendo lo que se merecía (2 Samuel 16:5-8). Uno de los guardias de David pidió airadamente permiso para matar a Simei por calumniar a David, el verdadero rey.

Pero David reprendió a su guardia y no le permitió hacer daño al hombre que lo estaba ofendiendo. Esencialmente, David dijo: “Déjenlo en paz; tal vez merezco sus fuertes palabras. Tal vez Dios lo ha enviado para maldecirme”. Al ser un hombre según el corazón de Dios, David sabía que vengarse de alguien que podría estar haciéndole daño no era la mejor manera de resolver el problema. Es mejor ponerlo en las manos de Dios y dejar que Él se encargue.

David añadió: “Quizá mirará el Eterno mi aflicción, y me dará el Eterno bien por sus maldiciones de hoy” (v. 12).

Los cristianos van a sufrir persecución

Debido a que este mundo sigue sin saber a Satanás, el actual gobernante de este mundo, aquellos que viven de manera diferente siguiendo las enseñanzas de Cristo a veces serán vistos con desdén, incluso despreciados. Cristo advirtió a sus seguidores que ellos serían odiados de la misma manera que a él lo odiaron.

“Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado” (Juan 15:20-21).

En el futuro, esta tendencia que tenemos de hablar mal de otros, sólo va a empeorar. El apóstol Pablo dijo que los últimos días serían tiempos de violencia. Muchas personas serán brutales en su conducta, sin autocontrol y con desprecio por aquellos que tratan de hacer lo correcto (ver 2 Timoteo 3:1-3). Debemos aprender a manejar la calumnia, las injurias y las ofensas como un cristiano debe hacerlo, sin rabia o deseo de venganza. “Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo” (Juan 16:1).

Jesús dijo que aquellos que intentan hacer la paz en vez de tomar represalias airadamente serán bendecidos: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).

Al final del día, todo saldrá bien. “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5:11-12).

Un día Cristo va a regresar a la Tierra como lo prometió, y va a traer la recompensa para darla a aquellos que han aprendido a vivir su vida de acuerdo a Dios (Apocalipsis 22:12).

Cristo nos dejó un ejemplo

Jesús dijo que, si somos pacientes y misericordiosos con los demás, Dios será paciente y misericordioso con nosotros. Y son los humildes o mansos, quienes con el tiempo serán los gobernantes bajo Jesucristo —quienes heredarán la Tierra (Mateo 5:5, 7).Jesús fue golpeado, insultado y escupido antes de su muerte. ¿Cómo respondió Él? Pedro quería usar una espada contra las personas que vinieron a arrestar a Jesús. Pero Jesús dijo que, si ése fuera el camino a seguir, podría llamar a miles de poderosos ángeles para que lo defendieran de sus adversarios. Pero eso no era lo que su Padre quería. Jesús vino a morir por los pecados de la humanidad, así que tenía que pasar por todo esto (ver Mateo 26:51-54).

Con el tiempo Pedro aprendió una mejor forma de hacer las cosas. En su primera carta escribió cómo el pueblo de Dios debe responder a las ofensas que puedan experimentar:

“Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Más si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:19-23).

En realidad, es nuestro orgullo lo que hace tan difícil pasar por alto un comentario crítico o negativo que alguien hace sobre nosotros. Además de que hace difícil perdonar a otros que nos han hecho mal, el orgullo también puede obstaculizar nuestro crecimiento cristiano.

Analice el Sermón del Monte de Jesús, en la sección inicial conocida como las Bienaventuranzas. Jesús dijo que, si somos pacientes y misericordiosos con los demás, Dios será paciente y misericordioso con nosotros. Y son los humildes o mansos, quienes con el tiempo serán los gobernantes bajo Jesucristo —quienes heredarán la Tierra (Mateo 5:5, 7).

Un camino de paz

La Biblia revela el escurridizo camino de la paz. “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3:17-18).

Nosotros le mostramos a Dios nuestro amor por Él por medio de nuestra sumisión a su ley. El Salmo 119 fue escrito por un hombre que proclamó su amor por la ley de Dios. Si podemos comprender que su ley expresa tanto su voluntad como su carácter, entonces entenderemos que hay un propósito más grande y eterno para la vida. Entonces las cosas terrenales que son sólo transitorias serán de menor importancia que las espirituales e infinitas.

Con este entendimiento, el salmista escribió: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo” (Salmo 119:165).

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