La temporada de impuestos es algo que la mayoría de nosotros tememos: ¡tener que lidiar con esos formularios y pagar nuestros impuestos! ¿Qué dice Dios acerca del pago de impuestos?
¿Qué dijo Jesucristo acerca de los impuestos en Mateo 22:18-21?¿Qué dijo Jesucristo acerca de los impuestos en Mateo 22:18-21?
Se dice que hay dos cosas seguras en la vida: la muerte y los impuestos, y ninguna de ellas es algo que la gente espere con ansias. Poco después de que comience el año, millones de nosotros comenzamos a ocuparnos de algo que es “tan divertido” como que nos saquen un diente.
Según RandomHistory.com, no se conoce ninguna civilización en la historia que no haya cobrado impuestos. Incluso la primera civilización conocida, la sumeria, registró su historial tributario en conos de arcilla.
Los impuestos son lo que algunos llaman un “mal necesario”. Después de todo, utilizamos a diario servicios que hacen que la vida sea más cómoda o segura. Conducimos por calles o autopistas con señales y luces que regulan el flujo del tráfico. Estamos agradecidos de contar con los servicios del personal de emergencia cuando hay un accidente o una situación peligrosa.
Los impuestos en la Biblia
Se nos exhorta a apartarnos de este mundo y a no participar en algunos de sus sistemas, como la política. ¿Incluye eso el pago de impuestos?
Al principio del relato de los Evangelios, encontramos a José y a María acatando un decreto del emperador de Roma para inscribirse en el censo. Normalmente, el cobro de impuestos seguía a dicha inscripción de los hogares.
“Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta” (Lucas 2:1-5).
Podemos observar que el padrastro del futuro Salvador de la humanidad estaba dispuesto a pagar impuestos, incluso a uno de los gobiernos más despiadados de la historia. Y Dios utilizó la disposición de José a obedecer para cumplir la profecía de que el Mesías nacería en Belén.
“Dad, pues, a César”
Jesús evitó sabiamente su trampa y mostró la necesidad de pagar tanto los impuestos al gobierno civil (representado por el César) como los diezmos a Dios.
Durante el ministerio de Jesús, los fariseos intentaron tenderle una trampa metiéndolo a Él y a los discípulos en problemas con las autoridades por el pago de impuestos.
“Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Dinos, pues, qué te parece: ¿es lícito dar tributo a César, o no?” (Mateo 22:15-17).
Observe que su respuesta fue una exhortación a pagar impuestos:
“Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿de quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: de César. Y les dijo: dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:18-21).
Jesús evitó sabiamente su trampa y mostró la necesidad de pagar tanto los impuestos al gobierno civil (representado por el César) como los diezmos a Dios.
“Impuestos a quien se deben”
Tras la muerte de Jesús y el inicio de su Iglesia, esta misma enseñanza continuó.
El Imperio Romano no siempre fue justo en sus decisiones, pero sí proporcionaba cierta apariencia de ley y orden. El apóstol Pablo exhortó a los cristianos a someterse a las leyes y a la autoridad del gobierno civil.
“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” (Romanos 13:1-2).
Continuó diciendo: “Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (vv. 5-7).
Dado que nos beneficiamos de muchos de los servicios que brinda el gobierno humano y que se financian con nuestros impuestos, es justo que contribuyamos a pagarlos. Mientras vivamos en este mundo, bajo sus gobiernos, debemos acatar sus leyes siempre y cuando no entren en conflicto con las leyes superiores de Dios y con nuestra adoración a Él (Hechos 5:29).
Pague sus impuestos y dé gracias a Dios
Cuando completamos nuestras declaraciones de impuestos, en muchos casos debemos incluir un cheque para pagar los impuestos pendientes.
Me gustaría sugerirles que, al hacerlo, lean lo que Dios inspiró a Moisés y, luego, den gracias a Dios.
Quizás estén pensando: “¿Qué? ¿Estoy pagando todos estos impuestos y usted me sugiere que le dé gracias a Dios?”. Pero consideren si hay paralelismos entre lo que vivió la nación de Israel y la bendición que ustedes han recibido.
Dios liberó a un pueblo que era esclavo en la tierra de Egipto y lo llevó a una tierra que recibiría como heredad. Les dijo que, si le obedecían y le servían, los bendeciría abundantemente. Una vez que comenzaran a disfrutar de esas abundantes bendiciones, debían reconocer a Aquel que se las había dado, llevando parte de los frutos de la tierra a sus sacerdotes.
“Cuando hayas entrado en la tierra que el Eterno tu Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites, entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que el Eterno tu Dios te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que el Eterno tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre. Y te presentarás al sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: declaro hoy al Eterno tu Dios, que he entrado en la tierra que juró el Eterno a nuestros padres que nos daría. Y el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar del Eterno tu Dios” (Deuteronomio 26:1-4).
Y luego, quien traía la ofrenda debía reflexionar acerca de cómo Dios lo había liberado y bendecido.
“Entonces hablarás y dirás delante del Eterno tu Dios: un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos al Eterno el Dios de nuestros padres; y el Eterno oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y el Eterno nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Eterno. Y lo dejarás delante del Eterno tu Dios, y adorarás delante del Eterno tu Dios” (vv. 5-10).
Aunque podamos considerar el pago de impuestos como algo negativo, debemos darnos cuenta de que es precisamente porque hemos recibido ingresos y bendiciones y debemos pagar lo que debemos.
Muchos no tienen que pagar impuestos
Hace varios años, un colega ministro y yo viajábamos por una carretera en Nigeria. Llegamos a un tramo donde había algunas mujeres y niños nigerianos parados justo al borde de la acera, con ropa raída y las manos extendidas. El ministro con quien viajaba, quien ya había estado allí varias veces antes, le pidió a nuestro chofer que se detuviera. Luego tomó un puñado de monedas para pasárselas a los niños pobres por la ventanilla.
Me enteré de que eran leprosos que intentaban obtener un poco de dinero para comer.
Al cumplir con su obligación tributaria anual, tómese unos minutos para expresar su agradecimiento a Dios por sus bendiciones materiales y ore por la llegada del Reino de Dios, cuando todo el mundo disfrutará de bendiciones mucho mayores bajo el gobierno de Jesucristo.
Esos pobres leprosos no tenían que pagar ningún impuesto.
Unos años más tarde, me encontraba en Zimbabue, un país africano empobrecido, dirigiendo una reunión religiosa con un grupo de ciudadanos que eran miembros de la Iglesia de Dios, una Asociación Mundial. En este grupo había una viuda joven que vivía en una choza con piso de tierra. Sus escasas posesiones consistían únicamente en unas pocas ollas y sartenes. Su esposo había fallecido el año anterior. Se había quedado sola para cuidar a sus cuatro hijos pequeños.
Levantó tímidamente la mano y formuló una pregunta que le rondaba por la mente. En esa cultura, la dote formaba parte de los matrimonios y se apartaba para que, si algo le sucedía al esposo, la viuda contara con algo con qué sobrevivir. Sin embargo, para ella era muy importante llevar una vida recta ante Dios. Preguntó si debía dar el diezmo de la dote que su esposo le había dejado. Le informé que esos ingresos no estaban sujetos al diezmo.
Tampoco pagaba impuestos.
Este tipo de historias podrían prolongarse sin fin. Hoy en día, varios millones de personas viven con un ingreso inferior a 100 dólares al año. Aquellos de nosotros en el mundo occidental que cada año nos enfrentamos a lo que consideramos una tarea onerosa —la preparación y el pago de impuestos— deberíamos darnos cuenta de cuántas personas cambiarían con gusto de lugar con nosotros, agradecidas de tener ingresos aunque tengan que pagar impuestos.
Sea agradecido
Aunque pocos lo comprenden, la mayoría de nosotros en el mundo de habla inglesa disfrutamos de la abundancia de bendiciones nacionales gracias a las promesas de Dios a Abraham y a sus descendientes. (Para más información al respecto, descargue nuestro folleto Estados Unidos, Gran Bretaña y la Mancomunidad en la profecía.) En comparación con tantas personas en todo el mundo, somos tremendamente bendecidos y ellos nos considerarían bastante acaudalados.
Una de las profecías dirigidas a los descendientes de Abraham habla de la pérdida de esas bendiciones debido a que no obedecieron ni dieron gracias a Aquel que nos las otorga.
“Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz del Eterno tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó; y serán en ti por señal y por maravilla, y en tu descendencia para siempre. Por cuanto no serviste al Eterno tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas, servirás, por tanto, a tus enemigos que enviare el Eterno contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte” (Deuteronomio 28:45-48).
Por lo tanto, al cumplir con su obligación tributaria anual, tómese unos minutos para expresar su agradecimiento a Dios por sus bendiciones materiales y ore por la llegada del Reino de Dios, cuando todo el mundo disfrutará de bendiciones mucho mayores bajo el gobierno de Jesucristo.