Los expertos nos dicen que busquemos nuestro propósito, pero ¿qué pasa cuando nuestra búsqueda nos da resultados decepcionantes? ¿Cuál es la verdadera respuesta a la ansiedad por el propósito?
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Los niños pequeños no le dan mucha importancia a su propósito en la vida. Si se sentara con unos niños y les preguntara por qué existimos, su respuesta podría ser divertida, entretenida o incluso sorprendentemente profunda. Pero es poco probable que ofrezcan una explicación completa para una pregunta tan enigmática.
Sin embargo, hay algo intrigante en la forma en que los niños pequeños ven la vida. Gran parte de su identidad se basa en su lugar dentro de la familia y, para muchos niños, el amor que reciben de sus padres les brinda una sensación de plenitud y pertenencia que aún no comprenden del todo. No obstante, es suficiente.
Con el paso de los años, algo comienza a cambiar. A medida que entramos en la adolescencia y, finalmente, en la edad adulta, nos inculcan la creencia de que la vida tiene un propósito mayor. Con esta toma de conciencia suele surgir un temor inquietante —que nunca nos sentiremos verdaderamente realizados hasta que descubramos y persigamos ese propósito.
En su libro The Meaning of Your Life: Finding Purpose in an Age of Emptiness [El sentido de su vida: cómo encontrar un propósito en una sociedad vacía], el autor Arthur C. Brooks relata historias de personas cuyas experiencias siguieron este patrón. Como explica el doctor Brooks, la búsqueda del propio propósito es un esfuerzo loable, que suelen emprender personas de gran éxito que desean marcar la diferencia y vivir la vida al máximo. Pero eso no impide que el desánimo se apodere de uno cuando la dedicación y los años de arduo trabajo no logran producir resultados significativos.
A pesar de sus numerosos logros, los hombres y mujeres del libro del doctor Brooks finalmente tuvieron que admitir que aún les faltaba algo —que había un vacío que simplemente no podían llenar.
Este fenómeno tiene un nombre: la ansiedad por el propósito.
¿Qué es la ansiedad por el propósito?
Psychology Today ofrece una definición concisa de la ansiedad por el propósito: “el estrés, la inseguridad, la fatiga y la frustración que surgen al tratar de definir y alcanzar el propósito de la vida”.
La ansiedad por el propósito puede considerarse fácilmente como algo menos importante que todos los demás problemas y desafíos que las personas enfrentan en la vida.
Pero la angustia que sentimos cuando no logramos identificar nuestro propósito no debe ignorarse. Es un problema universal que afecta directamente la forma como vivimos nuestras vidas.
¿Por qué la experimentamos?
La ansiedad por el propósito surge cuando los lugares en los que se nos dice que busquemos nuestro propósito no logran brindar una respuesta satisfactoria.
Las personas que entrevistó el doctor Brooks eran muy exitosas. Habían acumulado reconocimientos impresionantes, obteniendo ascensos codiciados y alcanzado el éxito profesional. “Sus vidas parecen envidiables desde afuera”, explica el doctor Brooks, “pero se sienten vacías por dentro. Están esperando a que su propósito los encuentre, pero eso nunca sucede” (p. 10).
Esto revela una verdad importante: si bien las actividades materiales pueden aportar un gran valor a nuestras vidas, no pueden definir plenamente nuestro propósito porque no responden a la pregunta esencial de por qué estamos aquí. Hasta que no sepamos por qué fuimos puestos en esta Tierra, no podremos comprender plenamente nuestro propósito.
Entonces, ¿dónde podemos buscar la respuesta a esta pregunta tan recurrente?
Aquí es donde los libros de autoayuda y los videos motivacionales, aunque bien intencionados, a menudo no dan en el blanco. En términos generales, tienden a presentar algunas áreas fundamentales en las que las personas pueden encontrar un propósito. Pero un análisis más detallado de estas áreas revela que cada una de ellas, aunque importante, refuerza nuestro sentido de propósito en lugar de definirlo.
Una carrera profesional no es nuestro propósito definitivo
Es fácil reconocer una de las áreas más obvias en las que podemos caer en esta trampa: nuestro trabajo. Mientras buscamos el trabajo de nuestros sueños, sabemos en lo más profundo de nuestro ser que ni siquiera la carrera más gratificante puede proporcionar por sí sola un sentido de propósito duradero.
El autor de Eclesiastés luchó con este concepto hace siglos, al reconocer que todo lo que logramos en nuestro trabajo es físico, limitado y está condenado a volverse obsoleto (Eclesiastés 1:3, 14). Esto no significa que siempre debamos conformarnos con trabajos que nos desagradan. Buscar un trabajo significativo nos permite disfrutar genuinamente de lo que hacemos, y ése es el propósito de Dios para nosotros (Eclesiastés 3:13). Pero no podemos depender de ello para definir nuestro propósito.
Nuestro propósito no es simplemente “hacer del mundo un lugar mejor”
El mundo tiene tantos peligros existenciales que es difícil ver que nuestros esfuerzos marquen alguna diferencia significativa. Esto no implica que nos quedemos de brazos cruzados y nos neguemos a contribuir al mundo que nos rodea. La Biblia nos anima a “hacer el bien a todos” cuando tengamos la oportunidad y a dejar que nuestra luz brille ante los demás (Gálatas 6:10; Mateo 5:14-16). Debemos esforzarnos por mejorar la vida de quienes nos rodean siempre que podamos.
Nuestro verdadero propósito —la razón fundamental de nuestra existencia— tiene que ver con las relaciones. ¡Se trata de ser hijos e hijas de Dios!
Sin embargo, descubriremos que sólo Dios puede ofrecer soluciones duraderas a los problemas del mundo. Él no ha puesto sobre nuestros hombros la responsabilidad de cambiar el mundo. (Si usted desea ver lo que dice la Biblia acerca de lo que podemos y no podemos cambiar ahora, y lo que Dios quiere que hagamos, lo invitamos a consultar “¿Cómo pueden los cristianos cambiar el mundo?”.)
La superación personal está al servicio de un objetivo mayor
La superación personal puede adoptar muchas formas, desde metas tangibles como la salud y el estado físico, hasta conceptos más profundos como nuestro carácter, que es de naturaleza intrínsecamente espiritual. Esforzarse por mejorar —especialmente en lo que respecta a nuestro carácter— es un propósito noble, y la Biblia ofrece abundantes instrucciones para el crecimiento espiritual. Pero considerar la superación personal como nuestro máximo propósito sería insuficiente.
Al usar la Biblia como nuestra guía, trabajamos para alcanzar nuestro propósito. Pero no nos esforzamos por crecer simplemente por el hecho de crecer. Hacerlo sería como emprender un viaje hacia un destino desconocido. Nuestro propósito define qué tipo de crecimiento debemos buscar, por qué ese crecimiento es importante y cuál será el resultado final de nuestros esfuerzos.
Las relaciones humanas son importantes, pero no son nuestro propósito
Las relaciones les aportan un enorme significado y color a nuestras vidas. Se puede afirmar con seguridad que una vida desprovista de conexiones humanas significativas resultaría desoladora. Cuando reflexionamos acerca de nuestras vidas, nuestros mejores recuerdos consisten invariablemente en momentos compartidos con nuestros seres queridos —los momentos en que nos animamos y nos fortalecimos mutuamente, en los que dimos y recibimos consejos sinceros y en los que llevamos las cargas unos con otros.
Por más vitales que sean estas relaciones, y por mucho que enriquezcan nuestras vidas, por sí solas no son la razón de nuestra existencia humana.
Pero nuestras relaciones familiares pueden darnos una idea de ese propósito más profundo.
¿Cuál es nuestro verdadero propósito?
Nuestro verdadero propósito —la razón fundamental de nuestra existencia— tiene que ver con las relaciones. ¡Se trata de ser hijos e hijas de Dios!
Actualmente, la familia de Dios está compuesta por Dios el Padre y Jesucristo. Pero eso va a cambiar.
Romanos 8:29 dice que Jesucristo —el Hijo y heredero de Dios— es “el primogénito entre muchos hermanos”, y 2 Corintios 6:18 dice que Dios será nuestro Padre y nosotros seremos sus hijos e hijas.
Así como nuestro propósito cuando éramos niños pequeños era ser hijos o hijas de nuestros padres humanos, nuestro propósito último en la vida es ser hijos e hijas de nuestro Padre celestial para siempre.
Nuestros artículos “El propósito de la vida” e “Hijos de Dios” explican el hermoso futuro que Dios tiene reservado para nosotros como sus hijos en su Reino perfecto que aún está por venir.
Cómo alcanzar nuestro propósito eterno en esta vida física
Con el conocimiento de nuestro verdadero propósito como fundamento, podemos dar forma y construir el resto de nuestras vidas. Una vez que sabemos por qué existimos, podemos comprender mejor cómo los diversos aspectos de la vida actual nos preparan para nuestro futuro.
Por ejemplo, las relaciones que forjamos en esta vida nos enseñan a amarnos unos a otros y a vivir juntos en armonía, tal como lo haremos en el Reino de Dios. Del mismo modo, la Biblia deja claro que debemos desarrollar un carácter justo al vencer el pecado y crecer.
Comprender cómo estas facetas importantes de la vida influyen en el panorama general es un regalo en sí mismo.
Un remedio contra la ansiedad por el propósito
Pero aquellos que conocen su verdadero propósito reciben un regalo adicional: la libertad frente a la ansiedad por el propósito. Saber que fuimos creados para algo más grande nos libera de depender de metas materiales para definir nuestra existencia. En cambio, podemos consolarnos al saber que nuestro Padre amoroso tiene un propósito para nosotros que supera con creces cualquier cosa que esta vida tenga para ofrecer.
¡Qué regalo tan maravilloso es ser hijos de Dios!