¿Es el bautismo un requisito para recibir la salvación?

¿Es necesario ser bautizado para ser salvo? ¿Qué dicen las Escrituras acerca de esto?

¿Cuál es la enseñanza de Jesucristo acerca de si es necesario ser bautizado para ser salvo?

En Mateo 28: 18-20 Jesucristo les dio a sus discípulos una importante comisión: “toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Las órdenes de la Iglesia fueron: ir, predicar, enseñar y bautizar.

En Marcos 16:15-16 Cristo reitera esta ordenanza aún más enfáticamente “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (énfasis añadido).

Entonces, la respuesta claramente es sí, el bautismo es un requisito para recibir la salvación. Esta es una ceremonia que consta de dos partes: el bautismo en agua, que debe realizarse por inmersión, y la imposición de manos a través de la cual se recibe el Espíritu Santo (Hechos 8:14-17; 19:5-6). Además, una persona puede bautizarse sólo después de haberse arrepentido de sus pecados y haber tomado la decisión de dejarlos atrás para así comenzar una vida nueva en Cristo.

La enseñanza de los apóstoles

El día en que se fundó la Iglesia del Nuevo Testamento—durante la Fiesta de Pentecostés—el apóstol Pedro entregó un poderoso mensaje a un grupo de creyentes, quienes, tras escucharlo, quedaron profundamente impactados y se preguntaron: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37). Pedro respondió a esto con la siguiente exhortación: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (v. 38).

Más adelante, al referirse a cómo Dios había salvado a Noé de las aguas del diluvio, el apóstol dijo lo siguiente: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:21; énfasis añadido).

Además, en Romanos 8:9-11, Pablo instruyó acerca de la gran importancia del bautismo diciendo que era una ceremonia que representa la muerte y sepultura de nuestro viejo yo en una tumba de agua para luego comenzar una a andar en una “vida nueva”.

Por otro lado, los comentarios de Pablo que encontramos en el libro de Romanos también nos dicen cuán importante es el bautismo; “vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros [por medio del Espíritu Santo], el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:9-11; énfasis añadido).

Entonces, es evidente que el bautismo en agua representa un paso clave en el proceso de conversión; es una decisión que Dios espera que tomemos para poder darnos su Espíritu Santo. Dios da su Espíritu a quienes son de Él y, cuando Jesucristo regrese a la tierra, dará el regalo de la vida eterna—la salvación—a su pueblo, conformado por aquellos en quienes mora el Espíritu Santo.