¿Basta con que “aceptemos a Jesucristo”?

Muchos cristianos piensan que su trabajo es hacer que los demás “acepten a Jesucristo”. Pero, ¿sabía que es imposible acercarnos a Cristo sin ser llamados por Dios?

"Abra su corazón al Señor".

Si prende el televisor un domingo por la mañana, probablemente se topará con más de un predicador que lo inste a “aceptar a Jesucristo” y “salvarse” con estas palabras. Gran parte del protestantismo (especialmente el movimiento evangélico) se basa en la premisa de que su deber como cristianos es llevar el nombre de Jesucristo y salvar del infierno a la mayor cantidad de gente posible.

El razonamiento es que, si la Biblia es dogmática con respecto a la necesidad de aceptar a Jesucristo como Salvador (Hechos 4:12), el deber del cristianismo es predicar su nombre en todos lados y lograr que la mayor cantidad de personas que sea posible lo acepte, para que pueda irse al cielo y se “salve” del tormento eterno o la separación de Dios.

Los métodos varían desde hacer “llamados al altar”, hasta dar oraciones cortas en televisión para que la gente las lea y hablar con las personas cara a cara para convencerlas de dar el paso.

Todo se basa en la creencia de que Dios está tratando de salvar al mundo entero ahora —de que está desesperado por rescatar a la mayor cantidad de gente posible, porque esta vida es nuestra única oportunidad de tomar la gran decisión que nos afectará por la eternidad.

Pero, aunque no cuestionamos el celo y la sinceridad de estas personas, la Biblia revela que ser cristiano va mucho más allá de decir que aceptamos a Jesucristo, y el plan de Dios va mucho más allá de esta vida. Si desea más detalles acerca de los tiempos en que Dios tiene planeado trabajar con el mundo, consulte el folleto Las fiestas santas de Dios: Él tiene un plan para usted.

¿Qué dice Cristo al respecto?

Juan 6 relata un interesante diálogo entre Cristo y un grupo de discípulos que, como Él se dio cuenta, lo seguían no porque entendieran su mensaje, sino por la comida que a veces les daba (Juan 6:26, 41-42).

Fue en este contexto que Cristo dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (v. 44).

Leámoslo otra vez y pensemos un momento.

Cristo estaba diciendo que para poder acercarnos a Él, el Padre mismo tiene que traernos. De hecho, la palabra griega traducida aquí como “traer” significa más bien arrastrar, dirigir u obligar, y esta enseñanza se repite tres veces en el mismo discurso (Thayer’s Greek Lexicon [Diccionario griego de Thayer]):

·         “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí” (Juan 6:37).

·         “Y esta es la voluntad del Padre…: Que de todo lo que me diere…” (v. 39).

·         “Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (v. 65).

En otras palabras, nadie puede convertirse en cristiano con el solo hecho de “aceptar a Jesucristo” emocional o intelectualmente. Quienes seguían a Cristo por la comida, simplemente no podían comprender la profundidad de sus palabras porque no estaban siendo traídos (o llamados) por el Padre en ese tiempo.

Las palabras de Jesús demuestran que no sirve de nada hacer que la gente diga que lo “acepta” si el Padre no ha iniciado el proceso de su conversión con un llamamiento.

El panorama completo

Para comprender mejor lo que Cristo estaba diciendo, debemos dar un paso atrás y ver el panorama completo. ¿Por qué es necesario que Dios trabaje con nuestra mente “arrastrándonos” hacia Él? ¿Qué nos dice esto del estado espiritual de la humanidad?

Casi todos han escuchado la historia de Adán, Eva, la serpiente y el fruto prohibido (Génesis 3).

Después de que Adán y Eva rechazaron la dirección de Dios y obedecieron a la serpiente (Satanás), comiendo del fruto prohibido, Dios: “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.” (Génesis 3:24).

El “árbol de la vida” representaba el acceso al Espíritu Santo que eventualmente lleva a la vida eterna, pero debido a su pecado, Dios les cerró este acceso a Adán, a todos sus descendientes y, por lo tanto, a toda la humanidad. Como el resto de la Biblia y la historia secular lo demuestran, desde entonces la mayoría de los seres humanos ha llevado una vida ajena a la guía y la dirección de Dios en casi todos los aspectos, creando sus propias religiones, gobiernos, tradiciones, ideologías y estilos de vida. Si desea saber más acerca de la razón de esto, puede leer el artículo “¿De dónde salieron tantas religiones?”.

A partir de lo que sucedió en Edén, Dios permitió que Satanás engañase “al mundo entero” y, como consecuencia de ello, la mayoría de las personas ha vivido en un estado de ceguera hacia la verdad de Dios (Apocalipsis 12:9; 2 Corintios 3:14; 4:4).

Así como es de imposible que un ciego vea, es imposible que alguien espiritualmente ciego comprenda las verdades espirituales (Romanos 8:7).

Entonces, estas Escrituras demuestran que Dios no está en una batalla titánica contra Satanás intentando salvar a la mayor cantidad posible de personas en este tiempo. No hay esfuerzo humano que pueda convertir una mente cegada y es imposible tener visión y entendimiento espirituales sin la intervención de Dios (Juan 12:40). (¡Pero Dios sí tiene un plan para salvar a quienes no ha llamado en esta vida! Descúbralo en el artículo “¿Está la mayoría de personas perdida para siempre?” en VidaEsperanzayVerdad.org.)

¿Está usted siendo llamado?

¿Cómo funciona el llamamiento descrito en Juan 6:44? ¿Cómo se puede pasar de la ceguera al entendimiento espiritual?

En Lucas 10:21, Cristo dijo: “Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (énfasis añadido). En otras palabras, Dios abre los ojos y las mentes de las personas revelándoles verdades espirituales que antes no podían entender. “Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron” (vv. 23-24).

El llamamiento de un cristiano comienza en la mente. No importa cuánto estudiemos o quiénes seamos, nadie tiene la capacidad de comprender las verdades espirituales sin haber sido llamado.

¿Cómo saber si está siendo llamado por Dios?

El primer indicio es que empezará a descubrir y comprender aspectos de la Palabra de Dios que antes no comprendía: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6). Comenzará a entender quién es Dios, en qué consisten su plan y su propósito y cómo espera que conduzca su vida.

El segundo indicio es que empezará a sentirse culpable por los pecados que ha cometido y sentirá la necesidad de iniciar el proceso de arrepentimiento y conversión (Hechos 2:37-38). Si bien la conversión es un tema muy amplio, en pocas palabras, se trata de comprender la verdad de Dios, aceptar a Jesucristo como Salvador, pedir perdón por nuestros pecados, ser bautizados y vivir según las leyes de Dios con la ayuda del Espíritu Santo.

Luego de los primeros dos pasos, debemos responder. Dios espera que dediquemos el resto de nuestra vida a vencer el pecado, formar carácter e ir creciendo en el entendimiento de su Palabra (Efesios 4:22-24; 1 Timoteo 6:11; 2 Pedro 3:18).

Si desea saber más detalles y Escrituras acerca del llamamiento cristiano, consulte el gráfico en la página 29, “7 pasos del llamamiento cristiano”,  y el artículo “¡Dios llama!”, en VidaEsperanza&Verdad.org.

¿Ahora qué?

La Iglesia que publica este artículo no hace llamados al altar ni le ruega a la gente que “acepte a Jesucristo”, pues entendemos que sólo el Padre puede traerlos hacia Cristo.

Lo único que podemos hacer es esperar y orar para que Dios utilice nuestros recursos como herramientas para guiar a nuestros lectores. (Puede encontrar mucho más material en la sección “Cambio” de nuestro sitio web VidaEsperanzayVerdad.org.)

El plan de salvación de Dios incluye a toda la humanidad, pero Él ha determinado llamar a las personas en tiempos diferentes. Si Dios está abriendo su mente ahora, es de vital importancia que responda, ésta es su oportunidad. Como dice Hebreos 2:3: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”.

Si usted piensa que Dios lo está llamando, lo invitamos a descubrir más acerca de cómo responder a ese llamado en el folleto gratuito ¡Cambie su vida! También tenemos ministros entrenados que pueden aconsejarle y ayudarle a comprender lo que Dios espera de usted de aquí en adelante. Puede contactarnos llenando el formulario de contacto que encontrará en nuestra página web VidaEsperanzayVerdad.org/contacto/.