El monte del templo: su historia y el futuro

El monte del templo fue un lugar muy importante en la historia de Israel y de Judá. Está profetizado que este lugar va a desempeñar un papel importante en los tiempos del fin y después de éstos.

La historia bíblica del monte del templo —un área llana en el monte de Moriá en Jerusalén— empezó mucho antes de la construcción del primer templo. Aproximadamente 900 años antes del primer templo, le fue dicho a Abraham que fuera al monte Moriá (el monte del Eterno) para sacrificar a Isaac (Génesis 22:2, 14).

Este lugar estaba cerca al pueblo de Salem, que más adelante se convertiría en Jerusalén (Josué 18:28; 2 Crónicas 3:1). Fue aquí donde Abraham vino a entregarle los diezmos a Melquisedec y fue bendecido “por el mayor” (Génesis 14:18-20; Hebreos 7:1-4, 7-8). Este lugar en particular parece haber sido escogido por Dios para su futuro templo.

Retrocediendo 400 años, a los tiempos de Moisés, vemos que se menciona en el cántico de Moisés, “el monte de tu heredad, En el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Eterno” (Éxodo 15:17). Al final de los 40 años en el desierto, Dios le ordenó a Israel, a través de Moisés, que debería “sino que el lugar que el Eterno vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis” (Deuteronomio 12:5).

Cuando Dios empezó a trabajar con los israelitas, su lugar de morada era una tienda portátil, llamada “tabernáculo” (Éxodo 25:9; 26:1). Era el lugar de adoración durante los días santos anuales de Dios, donde Dios “había puesto su nombre” (Deuteronomio 12:5).

A través de los años, este tabernáculo cambió de lugar en varias ocasiones, incluyendo Qadesh, Gilgal, Silo, Nob y Gabaón. Después de que el tabernáculo fuera trasladado de vez en cuando durante 400 años, fue construido un templo de piedra definitivo para Dios en la ciudad de Jerusalén —el sitio escogido por el mismo Dios (Salmos 132:13; 1 Reyes 11:13; 14:21; 2 Crónicas 33:7).

Adquisición del futuro monte del templo

Cuando David se convirtió en el rey de todas las tribus de Israel, una de sus primeras tareas era capturar y asegurar la fortaleza de Sión de los jebuseos y renombrarla como Ciudad de David (2 Samuel 5:7-9). Al capturar la fortaleza de Sión, David tomó control de las áreas más estratégicas de la ciudad y la ciudadela. Después Jerusalén se convertiría en el centro de Israel y su capital. Esto hizo posible que David tuviera la oportunidad más adelante de negociar la adquisición del lugar que se convertiría en el monte del templo.

El lugar del monte del templo fue adquirido por David después de haber cometido el pecado de censar a Israel. Dios hizo que el ángel del Eterno se detuviera ya que había sido enviado para castigar a David y a Israel por sus pecados, y le ordenó al ángel que le informara al profeta Gad para que le dijera a David que debía erigir un altar en la era de Arauna jebuseo (2 Samuel 24:1; 1 Crónicas 21:18-24).

Después de comprar la era de Arauna jebuseo, David construyó un altar y “sacrificó holocaustos y ofrendas de paz, e invocó al Eterno”. Dios le respondió a David de manera sobrenatural, encendiendo el holocausto con fuego desde el cielo. David se dio cuenta de que Dios le había mostrado que “Aquí estará la casa del Eterno Dios” (1 Crónicas 21:24-30; 22:1).

Ya que David había sido un hombre de guerra y había derramado mucha sangre, Dios no le permitió construir el templo. Pero si se le permitió hacer preparativos para que su hijo Salomón construyera el templo (1 Crónicas 22:5-9).

El primer período del templo

Salomón empezó a construir el primer templo en el cuarto año de su reinado, que fue 480 años después de que Israel saliera de Egipto (1 Reyes 6:1). El monte del templo, que era la plataforma para el templo, requirió de enormes piedras de cimentación para poder aplanar y estabilizar el lugar. Esta plataforma o cimiento fue necesaria porque el monte de Moriá no era plano, sino redondeado en la parte superior. Más adelante sería ampliado, durante el segundo período del templo, para adquirir la forma de trapezoide que tiene el monte del templo actualmente.

El primer templo duró aproximadamente 375 años, antes de ser destruido en el año 586 a.C. por los babilonios.

Dios le había dicho a Salomón que si él o sus descendientes dejaban de obedecerle, “esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí” (1 Reyes 9:6-7).

Aunque algunos reyes de Judá le sirvieron a Dios, la mayoría se alejaron del Eterno y permitieron que la nación practicara la idolatría. Finalmente, en el tiempo de Ezequiel (597 a.C.), el profeta vio en una visión cómo la gloria de Dios se alejaba del templo (Ezequiel 10:18). En pocos años el templo fue destruido completamente.

El segundo período del templo

El segundo templo fue construido sobre el lugar del primer templo en el monte del templo, después del regreso de los judíos de la cautividad en Babilonia (535-515 a.C.). Éste no tuvo la belleza ni el esplendor del templo de Salomón.

Más adelante, Herodes el Grande reconstruiría el segundo templo con mejores piedras. A este templo fue al cual vino Jesús durante su ministerio (Juan 2:20). El segundo período del templo duró casi 600 años, del año 515 a.C. al año 70 d.C.

Al comienzo de este segundo período del templo, el profeta Hageo (520 a.C.) fue inspirado a escribir: “La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho el Eterno de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice el Eterno de los ejércitos” (Hageo 2:9). La mayor gloria del segundo templo se refiere al momento en que Jesucristo vino y ofreció paz eterna para el hombre a través de su sacrificio.

Destrucción y desolación

El monte del templo ha tenido una historia de guerra y destrucción. En el segundo siglo a.C. (168-165) el ejército de Antíoco IV Epífanes del Imperio Seléucida masacró más de 40.000 judíos y construyó un altar pagano encima del altar de los holocaustos. En Daniel 11:31 este acontecimiento es llamado “la abominación desoladora”. Duró tres años hasta que los macabeos derrocaron en una revuelta a los seleúcidas y limpiaron el templo. La restauración y limpieza del templo se conmemora anualmente en la fiesta judía Hanukkah, también llamada “fiesta de la dedicación” (Juan 10:22).

Esta desolación sirvió como señal de alarma de lo que Jesús dijo que pasaría en el monte del templo en los tiempos del fin (Mateo 24:15).

La superficie del monte del templo permanecería en un estado de destrucción hasta las invasiones musulmanas en el siglo séptimo. Debido a esto, el Domo de la Roca fue construido sobre el antiguo lugar del templo y la mezquita Al-Aqsa al extremo sur del monte del templo. Estas dos estructuras permanecen intactas hasta el día de hoy.

La abominación que viene

Jesús dijo a sus discípulos en la profecía del Monte de los Olivos: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel” (Mateo 24:15). Daniel habló de más de una abominación. Esta abominación en particular va a preceder la segunda venida de Jesús.

Daniel habla de esta abominación del tiempo del fin en Daniel 12:11. Una advertencia de esta abominación del tiempo del fin se encuentra en Daniel 11:31.

Esta abominación del tiempo del fin incluye el cese de los sacrificios diarios en el altar (Daniel 8:11-14; 12:11). Jesús dijo que esta abominación estaría “en el lugar santo” (Mateo 24:15) y “puesta donde no debe estar” (Marcos 13:14). Esto parece indicar que estará al lado de o sobre el altar.

Para que se cumpla la profecía de la abominación desoladora, en algún momento en el futuro, antes de que venga la gran tribulación al mundo, el pueblo judío aparentemente empezará a ofrecer sacrificios nuevamente en el monte del templo. Los sacrificios diarios eran llevados en el altar afuera del templo donde la gente podía observar el servicio. La “terrible abominación” (Daniel 9:27) será forzada en el lugar santo por aquel que traerá desolación a todo lo santo del monte del templo. Puede que en ese momento solo haya un altar. Durante el segundo período del templo se llevaban a cabo sacrificios sobre al altar mientras estaban construyendo el templo (535-515 a.C.) y sucedió lo mismo en el momento en que Herodes estaba reconstruyendo el templo.

El apóstol Pablo escribió que la persona que causa la abominación “se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:4). El significado de este pasaje puede ser que la persona va a sentarse en un templo literal de Dios o que va a ejercer su poder de la misma manera en que Dios lo hacía cuando presidía sobre el templo. (Nos damos cuenta de que aunque este pasaje es una profecía del futuro, el segundo templo existía y funcionaba cuando Pablo la escribió.)

Para que se cumpla la profecía de la abominación desoladora, en algún momento en el futuro, antes de que venga la gran tribulación al mundo, el pueblo judío aparentemente empezará a ofrecer sacrificios nuevamente en el monte del templo. Algo muy dramático deberá ocurrir para que esto suceda. El Domo de la Roca y la mezquita de Al-Aqsa actualmente están sobre el monte del templo, y representan importantes barreras políticas y religiosas para cualquier construcción en el monte del templo por parte de los judíos.

El monte y el templo del milenio

La segunda venida de Jesucristo va a causar un cambio dramático en la topografía de Jerusalén y el monte del templo. Leemos de “un gran terremoto” que va a destruir “una décima parte de la ciudad” y mata a “siete mil personas” al final de la sexta trompeta en Apocalipsis (Apocalipsis 11:13).

El profeta Zacarías profetizó que un gran terremoto iba a dividir el monte de los Olivos, que está ubicado al este del monte del templo, creando un nuevo valle en la mitad de este (Zacarías 14:4). Aparentemente estos terremotos van a destruir el monte del templo y va a ser necesaria la construcción de uno nuevo.

Al profeta Ezequiel le fue dada una visión que describe con gran detalle un nuevo templo milenial (Ezequiel 40:40-44). Jesucristo viene a establecer el Reino de Dios en la Tierra (Zacarías 14:9), y va a haber un templo en todo su mandato milenial en la Tierra.

El propósito de Cristo será traer a la humanidad el conocimiento de Dios, para que se arrepienta de sus caminos pecaminosos y se vuelva al camino de la vida eterna. Ese camino está disponible hoy, para aquellos que deseen conocer acerca de Él.

Para aprender más acerca del Medio Oriente, asegúrese de leer nuestros artículos en esta sección: “El Medio Oriente en la profecía bíblica”.