Vida, Esperanza y Verdad

Cómo enfrentarnos a la ansiedad

La ansiedad y la preocupación que podemos llegar a sentir pareciera que empeorara todos nuestros demás problemas. ¿Hay algo que podamos hacer?

Hay muchas cosas de que preocuparnos en estos días. ¿Dónde puedo encontrar un trabajo? ¿Cómo voy a pagar mis cuentas? ¿Vamos a perder nuestro hogar? ¿Voy a jubilarme algún día? ¿En qué clase de mundo va a crecer mi hijo?

Generación estresada

¿Cómo va su vida? ¿Está lidiando con más estrés y ansiedad que nunca? ¿Se siente abrumado, al punto de no poder ni recuperar el aliento? De pronto siente que está tratando de luchar contra el desánimo.

Por supuesto, esperamos que su vida este yendo bien; pero considerando la caída económica a nivel global que empezó en el año 2008, más personas, como nunca antes, están sufriendo de niveles muy elevados de estrés —y parece que está viniendo de muchas direcciones.

Miles de personas están enfrentadas a enfermedades muy graves, en algunos casos terminales. El número de parejas mayores que tienen ahora a sus hijos adultos volviendo a sus casas porque perdieron el empleo o su matrimonio se terminó, va en aumento. Otros están enfrentados a los problemas de salud y cuidado que necesitan sus padres de edad avanzada.

Estrés positivo vs. estrés negativo

Cierta cantidad de estrés es normal, saludable, incluso estimulante. Puede hacer que trabajemos más duro, tener pensamientos más profundos, ser más creativos y estar más alerta a nuevas posibilidades y soluciones. Cuando nos enfrentamos a alguna situación exigente, nos sentimos emocionados y estimulados a conocer el reto y perseverar. Algunos estudios muestran que enfrentarnos a un estrés positivo y trabajar para superarlo, nos lleva a niveles más altos de satisfacción con nuestra vida y a un aumento en el sentimiento de bienestar.

Pero demasiado estrés —donde los problemas nos llegan más rápido y con mayor fuerza de la que tenemos o son más grandes que cualquier solución que podamos tener— no es saludable. En ese punto, el estrés se puede convertir en ansiedad, desánimo, desesperación e incluso desesperanza.

El Rey Salomón entendió el impacto de tener mucho estrés cuando escribió: “La congoja en el corazón del hombre lo abate; Mas la buena palabra lo alegra” (Proverbios 12:25). También, “El corazón alegre hermosea el rostro; Mas por el dolor del corazón el espíritu se abate” (Proverbios 15:13).

En circunstancias normales, la mayoría de nosotros puede hacer frente a las pruebas y luchas de la vida. Es parte de la vida de cada uno de nosotros y algo en lo que tenemos que trabajar y salir adelante. En la primera parte de Proverbios 18:14 dice: “El ánimo del hombre soportará su enfermedad;”, y así es. Un nivel normal de optimismo y pensamiento claro nos va ayudar a solucionar problemas normales. Pero eso cambia cuando los problemas son enormes y vienen de forma masiva. Las pruebas que perduran por largos periodos de tiempo también exigen nuestras reservas emocionales hasta el punto en que sentimos que nos quedamos sin nada.

La segunda parte de Proverbios 18:14 dice: “Mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?”. El ánimo angustiado —sin opciones, sin tiempo y sin energía emocional para seguir luchando— es lo que nos lleva en una espiral descendente, hacia el desánimo.

Paralizados por el desánimo

Cuando los problemas se vuelven severos y nuestras reservas emocionales se agotan, podemos perder todo deseo de hacer algo para mejorar nuestra situación. Nos quedamos mental, emocional y espiritualmente paralizados.

Salomón también escribió: “El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos” (Proverbios 17:22). Un espíritu triste siente que no hay ayuda disponible, no tiene energía y no se le ocurre cómo mejorar. Y, como resultado de ello, alguien que esté en semejante grado de ansiedad puede terminar sin ser capaz de hacer algo para mejorar o hacerle frente a las cosas.

Jesucristo sabía de la ansiedad, la presión y el estrés tan severos, que sus discípulos iban a enfrentar. Él les dijo que iban a sufrir persecuciones en el mundo, y que la humanidad en general no los iba a escuchar o aceptar fácilmente el mensaje que ellos iban a enseñar. Pero con el fin de evitar que se paralizaran por el miedo y el desánimo, Él les dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

No se deje llevar por la preocupación

Jesucristo les dijo a sus discípulos que no permitieran que la preocupación y la ansiedad se apoderaran de sus vidas ni de sus pensamientos.

“Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?” (Lucas 12:22-26).

Obviamente todos tenemos una que otra preocupación. A lo que Cristo se refería es al exceso del miedo y ansiedad por esas cosas. La preocupación no ayuda. No cambia nada. No nos ayuda a conseguir trabajo, no nos hace bien ni paga nuestras cuentas. Sólo hace que las cosas empeoren haciendo que nuestros problemas se vean más grandes de lo que son. La preocupación también puede afectar nuestra salud y hace que perdamos tiempo, que podríamos usar de manera más productiva.

Dios sabe que la comida y la ropa son necesarias para todos nosotros, pero Él quiere que entendamos que existen cosas más importantes que debemos tener como prioridad. Como está escrito en el evangelio de Mateo, “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:33-34).

Si nos hemos convertido en parte del venidero Reino de Dios y hemos hecho de su justicia nuestra máxima prioridad, sabemos que Él nos va ayudar con esas necesidades básicas como la comida, la ropa y el hogar. Para Dios somos mucho más importantes que las aves, ¡y Él procura que éstas siempre tengan algo que comer!

Plan para vencer la ansiedad

Todo el mundo va a tener algún problema en su vida. Lo que hace la diferencia es la forma en que nos enfrentamos a esos problemas. Es esencial saber cómo manejarlos. Organizar un plan puede ser de mucha ayuda. A continuación hay algunos pasos que le pueden servir.

  1. Orar: Lo primero que hay que hacer es acudir a Dios en oración. Él quiere que aprendamos a confiar y contar con Él.

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:6-7). Nunca olvide que existe un Dios que está en los cielos y se preocupa por usted. Él puede ayudarlo a solucionar cualquier problema y consolarlo ante cualquier pérdida.

Al enfrentarse a una prueba mayor, muchas personas se equivocan y no reconocen la habilidad y la disposición por parte de Dios para ayudarlos. Al fallar y no pedir a Dios, se están perdiendo de la ayuda más grande de todas. Santiago nos dice que hay muchas más cosas que podríamos recibir de parte de Dios, si tan sólo se lo pidiéramos. “Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Santiago 4:2).

En la primera parte de 2 Crónicas 20 podemos leer como Josafat, un rey justo, se enfrentó a la amenaza de muerte y destrucción.

“Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra. Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar, y de Siria; y he aquí están en Hazezon-tamar, que es En-gadi. Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar al Eterno, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. Y se reunieron los de Judá para pedir socorro al Eterno: y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda al Eterno” (2 Crónicas 20:1-4).

Al principio reconoce que tiene un gran problema, después su temor lo lleva a hacer algo positivo, buscar la ayuda de Dios. Si continua leyendo hasta el final del capítulo, verá que Dios respondió salvándolos de esa amenaza en contra de sus vidas y de sus hogares.

La oración puede ser una herramienta muy poderosa al abordar nuestras dificultades. Si oramos fervientemente con fe, buscando su voluntad y no la nuestra, entonces la oración puede traernos resultados maravillosos.

  1. Obediencia a Dios: Es fundamental que nos esforcemos para vivir de acuerdo a las leyes de Dios, si queremos que Él intervenga en nuestras vidas. “y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Juan 3:22).

Vivir en fe siempre conlleva alguna acción de nuestra parte. Además de la oración, usualmente existen cosas que podemos hacer para mejorar la situación. Si hemos perdido un trabajo, podemos usar esas horas que normalmente trabajábamos, para buscar otro trabajo. Haga de esa búsqueda de trabajo su trabajo. Explore todas sus opciones.

“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas;” Eclesiastés 9:10 dice — ¡entonces manos a la obra!

  1. Busque un consejo sabio: Quizás existan opciones que usted no ha contemplado todavía, busque a otros que hayan pasado (o estén pasando) por una prueba similar. Busque consejeros sabios, lo que puede significar que busque más allá de su grupo de colegas o amigos personales más cercanos. La consejería profesional puede ser una opción. No se aísle, la ociosidad y el aislamiento conducen a un mayor desánimo.

David, el rey más importante del antiguo Israel, puso muchas personas capaces en posiciones de liderazgo. Es interesante que una pareja, de las últimas personas mencionadas, sean un consejero y un acompañante (amigo). “También Ahitofel era consejero del rey, y Husai arquita amigo del rey” (1 Crónicas 27:33).

Aunque David era un hombre sabio y experimentado, entendió que debía tener un consejero y un amigo para poder tener otra perspectiva de las cosas. Todos necesitamos amigos cercanos que nos alienten y aconsejen en momentos de dificultad. "En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17).

Salomón, el hijo de David, escribió: “El ungüento y el perfume alegran el corazón, Y el cordial consejo del amigo, al hombre” (Proverbios 27:9).

Salomón también escribió: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; más ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Eclesiastés 4:9-12).

En momentos de dificultad existe la esperanza

Cuando se enfrente a pruebas, recuerde que la mejor fuente de ayuda es Dios. Él se preocupa por usted. Acuda a Él en oración. Trabaje para obedecerle a Él, y busque consejo en su Palabra y en consejeros sabios. Dese cuenta también, que las pruebas pueden ser una oportunidad para aprender. Busque lecciones que pueda aprender de la experiencia, pidiéndole a Dios que le muestre qué debe aprender. Ciertamente nuestras pruebas nos ayudan a estar más conscientes del sufrimiento de los demás y a ser más compasivos con ellos.

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