El templo del Espíritu Santo

¿Nos dio Dios el cuerpo humano para que lo usáramos y dañáramos a nuestro antojo, o Él espera algo más? ¿Cómo espera Él que cuidemos esos cuerpos maravillosos que Él diseñó?

Muchas personas piensan: “es mi cuerpo y yo puedo hacer con él lo que quiera”. Pero, ¿qué dice el Creador acerca de esto?

Formidables y maravillosas son tus obras

“Formidables y maravillosas son tus obras” así es como el rey David describe la creación por parte de Dios de los seres humanos (Salmos 139:14). David alabó a Dios por esa maravillosa obra llamada el cuerpo humano. Existen muchas referencias en la Biblia en donde el cuerpo humano es comparado con un templo (Juan 2:21; 1 Corintios 6:19).

Existe un propósito detrás de todas las cosas que Dios hace, y la creación del cuerpo humano no es la excepción. Uno de los propósitos más importantes de esta vida, es crecer en el carácter justo de Dios. A través de su morada en nosotros por el poder de su Espíritu Santo, nos ayuda a cumplir ese propósito en la vida que va a permitir que vivamos por siempre en su familia.

El apóstol Pablo aclaró el propósito del cuerpo humano cuando les dijo a los hermanos en Corinto: “¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré” (2 Corintios 6:16-17).

Pablo explicó que Dios va a morar en los hombres por el poder del Espíritu Santo. ¿Si nuestros cuerpos son para servir como templo o morada del Espíritu Santo, tiene Dios unas expectativas específicas de cómo debemos tratar y cuidar nuestros cuerpos?

Conocimiento de la salud

Hay más publicaciones de temas de salud hoy en día que en cualquier otro momento de la historia humana. Los estudios y avances en las ciencias de la salud significan que entendemos mejor lo que tenemos que hacer para ganar y conservar un buen nivel de salud. Esto incluye hacer ejercicio regularmente, tener una dieta adecuada, descansar lo suficiente y una salud emocional apropiada.

Cuando hacemos lo que es necesario para mantener nuestra salud física, vemos que nuestras mentes son más agiles y piensan mejor, recuerdan, aprenden y se concentran. ¡La necesidad de una mente ágil es tan importante para asuntos espirituales como para los físicos!

Pero el mundo está lleno de oportunidades para que abusemos de nuestros cuerpos. Muchas de las “comidas rápidas” carecen de vitaminas y de minerales importantes, y en lugar de eso están llenas de grasa, azucares y químicos que acaban con la buena salud.

Los estilos de vida de alto estrés requieren que las personas se esfuercen y trabajen más horas para lograr más y más cosas. De acuerdo con la Fundación Nacional del Sueño, los conductores somnolientos están tan limitados como los conductores que están bajo la influencia de drogas o del alcohol. Los investigadores han descubierto que la privación crónica de sueño contribuye a la presión arterial alta, ataques cardiacos, obesidad, probabilidades de un derrame, junto con disminución significativa de funciones cognitivas. ¡La falta de descanso adecuado significa problemas de salud!

La Biblia no condena el uso del alcohol (vea “¿Es pecado tomar alcohol?”), condena el abuso del alcohol (vea “Uso y abuso del alcohol”). Las investigaciones modernas están llenas de descripciones de las consecuencias negativas del exceso de alcohol.

De igual forma, los resultados del abuso de drogas y otras sustancias, legales o ilegales han sido documentadas ampliamente. Algunas sustancias atacan los músculos, otras los pulmones y el corazón y muchas atacan el propio cerebro (por ejemplo, vea “¿Es pecado fumar?”). Con el tiempo, el resultado será una salud disminuida y un cuerpo que tendrá daños irreparables. ¡Así no esperaba Dios que cuidáramos su maravillosa creación!

Su cuerpo es para albergar al Espíritu Santo

Pablo les enseñó a los miembros la necesidad de recordar que era lo que moraba en ellos y que eran responsables del cuidado de su templo espiritual. “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:16-17).

Nosotros como seres humanos somos responsables ante Dios de la manera en que cuidamos nuestros cuerpos. La analogía de un templo está relacionada con el templo en Jerusalén que Pablo conocía en ese momento. Ese templo era una versión reconstruida del magnífico templo que Salomón construyó mucho tiempo atrás.

Más adelante en 1 Corintios 6, Pablo advirtió a la Iglesia acerca de la inmoralidad sexual diciendo: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo” (v. 15). Y de nuevo en 1 Corintios 6:18, escribió: “Huid de la fornicación”.

Su significado es claro: la inmoralidad sexual es un pecado que contamina nuestros cuerpos —burlándonos del templo en donde debe habitar el Espíritu Santo.

El cuidado del cuerpo

El cuerpo humano necesita consumir alimentos prácticamente todos los días para obtener energía. Pero no todo lo que se arrastra, corre, vuela o nada fue diseñado por el Creador para que la gente lo consumiera. Si desea una explicación acerca de los alimentos que Dios hizo para que la gente los consumiera, vea nuestra sección “Animales limpios e inmundos: ¿Le importa a Dios que tipo de animales comemos?

También cuidamos nuestros cuerpos con el descanso adecuado, ejercicio y actividades sociales apropiadas. No es un secreto que incluso las cosas que pensamos tienen impacto en nuestra salud. Salomón escribió: “La luz de los ojos alegra el corazón, Y la buena nueva conforta los huesos” (Proverbios 15:30). Lo que decidimos pensar y aun las palabras de la familia y amigos pueden afectar nuestra salud.

Pablo escribió: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

Dios promete darnos tranquilidad mental que nos puede ayudar a enfrentarnos con el estrés y las pruebas que algunas veces luchan contra nuestro templo del Espíritu Santo. Pensar en las cosas que Dios quiere que pensemos, promueve salud espiritual al templo.

Limitaciones

Por supuesto existen algunas limitaciones con respecto a lo que podemos hacer para preservar nuestra salud. La genética hace parte de la ecuación o algunos factores ambientales que están fuera de nuestro control, pueden estar involucrados. Por ejemplo, el Nuevo Testamento nos da un ejemplo de un hombre ciego de nacimiento, sin ninguna culpa de su parte (Juan 9:1-3).

De la misma manera, algunas debilidades de salud no necesariamente tienen que ser causadas por falta de autodisciplina o por no seguir una conducta que honre a Dios, pueden ser el resultado de una predisposición genética, factores ambientales o situaciones de la vida que no están bajo nuestro control. Sin embargo, al darnos esas restricciones, Dios espera que nosotros hagamos lo mejor que podamos para seguir unas pautas equilibradas con respecto a la dieta y el ejercicio.

Un Templo como ninguno

¡El templo que construyó Salomón fue magnifico! Muchas partes del templo estaban recubiertas de oro puro, incluyendo el altar y el santuario (1 Reyes 6:21-22).

Nuestros cuerpos, los cuales son el templo del espíritu santo, son muy especiales también. Cualquier cosa que contenga la presencia de Dios es considerado santo. El cuerpo que recibe el don del Espíritu Santo es especial para Dios y refleja su naturaleza.

¿Cómo describiría el estado actual de su templo —su cuerpo? Tenemos la libertad de escoger cómo vamos a cuidar este cuerpo precioso diseñado amorosamente por el Creador. Él espera que nosotros lo cuidemos y lo usemos de una manera adecuada. Este cuerpo que Dios creó fue hecho maravillosa y cuidadosamente —¡el templo del Espíritu Santo!

Lea más acerca de cómo recibir y cómo responder al Espíritu Santo en los artículos “¿Qué es el bautismo?” y “¿Cómo saber si tenemos el Espíritu Santo?