Los noticieros están llenos de medias verdades. Las redes sociales reflejan esta tendencia de forma alarmante. Pareciera que en el mundo todos mienten. ¿Son aceptables algunas mentiras?
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Tiene una solicitud de amistad en Facebook, pero sabe que es falsa porque ya es amigo de esa persona y ha escuchado de otros que han sido estafados con mensajes de sus “amigos” pidiendo dinero para una emergencia.
Leemos una noticia o un consejo de salud en un sitio web y luego una publicación con un planteamiento opuesto, lo cual nos da pie para pensar que al menos uno está mintiendo. Las noticias falsas y los consejos imprudentes a menudo se transmiten más rápido que la verdad.
Hacemos clic en un video de YouTube porque nos llamó la atención su título o descripción, pero pronto nos damos cuenta de que era un título engañoso diseñado sólo para recibir visitas.
Lee el currículum de un amigo y nota que ha “estirado la verdad” en varios puntos.
¿Por qué estas cosas suceden tan a menudo? ¿Son algunas mentiras aceptables? ¿Es la honestidad siempre el mejor camino?
La prevalencia del engaño
¿Qué tan común es la mentira hoy en día? Las investigaciones al respecto son ambiguas. Un estudio de la Universidad de Massachusetts encontró que 60 por ciento de los participantes no pudieron evitar mentir ni siquiera por 10 minutos.
Sin embargo, un estudio de la Universidad de Wisconsin-La Crosse, determinó que la mayoría de los participantes (75 por ciento) decía entre cero y dos mentiras cada día. La mayoría de esas mentiras, según los investigadores, eran “intrascendentes”.
Una posible razón de la discrepancia es que ambos estudios se basaron en autoevaluaciones. En el primero, los participantes fueron grabados en una conversación y luego fueron entrevistados acerca de esas conversaciones.
Algunos de los participantes se sorprendieron de sus propios engaños. Este resultado en particular destaca la habilidad que tenemos los seres humanos de pasar por alto nuestro mal comportamiento o incluso engañarnos a nosotros mismos.
¿Por qué mienten las personas?
El estudio de la Universidad de Wisconsin incluyó una lista de razones por las que las personas mienten. La razón más común, detrás del 21 por ciento de las mentiras, es “evitar a otros” (por ejemplo, decirle a alguien que no podemos hablar porque estamos atrasados para una reunión que no existe).
Otras razones son: “protegerse a sí mismo” (14 por ciento), “impresionar o parecer mejor” (13 por ciento), “proteger a otra persona” (11 por ciento), “beneficio personal” (9 por ciento), y “el beneficio de otros” (5 por ciento).
Varias de estas mentiras pueden parecer “intrascendentes”, y quizá incluso nobles. Pero ¿lo son? ¿Existen las mentiras intrascendentes?
¿Existe alguna buena razón para mentir?
Todos reconocen que las mentiras fraudulentas y maliciosas son dañinas. Pero la cultura occidental moderna acepta ciertos tipos de engaño como necesarios. Es por eso que los investigadores de Wisconsin etiquetaron la mayoría de las mentiras de los participantes como intrascendentes. Un término más utilizado es “mentiras blancas”.
¿Es correcta su premisa?
No según las Escrituras. Dios censura las mentiras a lo largo de la Biblia. De hecho, el Noveno Mandamiento prohíbe decir falso testimonio o, en terminología moderna, cometer perjurio (Éxodo 20:16).
Algunos podrían argumentar que este mandamiento solamente se aplica en situaciones legales; pero el pueblo de Israel entendía que se trataba de una ley mucho más amplia, aplicable a cualquier tipo de engaño.
El profeta Oseas, por ejemplo, incluyó “mentir” en una serie de palabras que representan varios de los mandamientos: “Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden” (Oseas 4:2). El Noveno Mandamiento incluye la mentira incluso en situaciones informales.
Y lo que es aún más importante, en el Sermón del Monte, Jesucristo habló acerca de la intención espiritual de la ley, que va más allá de la letra. Por ejemplo, la ira sin freno puede equipararse con el homicidio y la lujuria con el adulterio (Mateo 5:21-22, 27-28).
Cambiar el enfoque
Como cristianos, es importante que reconozcamos la omnipresencia del engaño en este mundo. Pero, dado que no podemos cambiar a otras personas, nuestro enfoque debe ser el de cambiarnos a nosotros mismos. Incluso si no decimos mentiras maliciosas o egoístas, ¿decimos mentiras que parecen más “nobles”? ¿Mentimos para “proteger a otros” o “por el beneficio de alguien más”?
Es fácil pensar que este tipo de mentiras es inocuo, y que no son mentiras en realidad. Pero todas las mentiras, incluso las llamadas “mentiras blancas”, quebrantan la ley de Dios y, por lo tanto, merecen la pena de muerte (Levítico 6:2; Apocalipsis 21:8). Dios odia “la lengua mentirosa” (Proverbios 6:16-17) y quiere que amemos la verdad (vea “El amor a la verdad”).
Siempre debemos procurar decir la verdad en amor.
Además, incluso las mentiras blancas pueden tener consecuencias inesperadas. Imagine que su cónyuge le pregunta, “¿Cómo me veo?”. Usted por supuesto no querría ser maleducado, pero tampoco debería mentir. Si realmente ama a la persona, debería pensar en los posibles encuentros que tendrá a lo largo del día y responder con la verdad. Si su blusa está arrugada o su vestido no es halagador, ¿qué pensará su jefe? ¿Y cuáles serán las consecuencias para su relación si alguien más le dice la verdad?
Salomón escribió una verdad profunda acerca de este tema: “Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece” (Proverbios 27:6). Un verdadero amigo nos dice la verdad con tacto, con el fin de que estemos más preparados para los desafíos de la vida.
Hablar la verdad en amor
El apóstol Pablo animó a la Iglesia en Éfeso a no ser: “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina” (Efesios 4:14), sino a “andar como es digno” (v. 1) de su llamamiento.
Él exhortó a la congregación a que “[hablaran] la verdad en amor” (v. 15, Biblia de las Américas). Aquí Pablo se refería a la verdad espiritual, pero esta expresión nos da una enseñanza importante que podemos aplicar cada vez que hablemos con la verdad.
Siempre debemos procurar decir la verdad en amor. Esto significa, en primer lugar, que debemos decir la verdad, no mentiras blancas. Pero, además implica considerar las necesidades de la otra persona, así como el tono que usamos y la manera en que hablamos.
Después de escribir que: “Los labios mentirosos son abominación al Eterno; pero los que hacen verdad son su contentamiento” (Proverbios 12:22), Salomón nos da un importante consejo para permanecer en la verdad.
La clave es mantenernos en silencio más a menudo. Salomón lo dijo así: “El hombre cuerdo encubre su saber; mas el corazón de los necios publica la necedad” (v. 23).
Es verdad que nada de esto es fácil. Sin embargo, es necesario para que seamos dignos de nuestro llamamiento como cristianos.
¿Quién conocerá el corazón humano?
Lamentablemente, hay otra pregunta que necesitamos hacernos: ¿somos objetivos y certeros en nuestra perspectiva de la vida o nos engañamos a nosotros mismos? ¿Somos como los participantes del estudio de la Universidad de Massachusetts que se sorprendieron de sus propias mentiras?
Dirigiéndose al pueblo de Judá durante sus últimos años, el profeta Jeremías habló del problema del autoengaño. Él tenía la difícil tarea de proclamar el mensaje de Dios a un pueblo que no quería escuchar (Jeremías 1:19).
A través de Jeremías, Dios dijo: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso”. E inmediatamente después, hizo una pregunta: “¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9).
El profeta da la respuesta en el siguiente versículo. Dios conoce nuestro corazón. Él examina nuestro interior y prueba nuestra mente. Dios nos conoce, pero nosotros no, y no podemos conocernos sin su ayuda.
¿Por qué hay tanto engaño en el mundo?
Jesucristo identificó la fuente del engaño cuando enseñaba en el templo. Algunos de sus oyentes creían en él (Juan 8:30-31), pero aparentemente su convicción era superficial.
Cuando Cristo le dijo al grupo “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (v. 32), ellos se negaron. En sus mentes, siempre habían sido libres porque eran descendientes de Abraham (v. 33).
El clímax de este conflicto llegó cuando Jesucristo les explicó que ellos eran, en el sentido espiritual, hijos del diablo; y que el diablo era un homicida, “mentiroso, y padre de mentira” (v. 44). Ellos no podían conocer la verdad porque estaban engañados por el diablo.
Lo mismo es verdad para la mayoría de la humanidad. Satanás “engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9) y lo ha hecho desde que engañó a Eva (2 Corintios 11:3). Ésa es la razón por la que hay tanto engaño en el mundo.
¿Cómo podemos caminar en la verdad?
Si Satanás engaña al mundo entero y nuestros propios corazones son engañosos, ¿qué esperanza tenemos de caminar en la verdad? Afortunadamente, la respuesta está en las Escrituras, específicamente en el Evangelio de Juan, que incluye un recuento extenso de las enseñanzas de Cristo en la noche de la Pascua previa a su crucifixión (Juan 13-16).
En esta enseñanza, Jesús habló de su partida (Juan 14:2-4), una alusión de su muerte inminente. Tomás le dijo que ellos no sabían a dónde se dirigía (v. 5), pero Cristo le respondió: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (v. 6).
Jesús no solamente dijo que Él conocía el camino, la verdad y la vida. Él es el camino, la verdad y la vida.
Comenzamos a discernir y conocer la verdad cuando construimos nuestras vidas sobre el fundamento de la vida y el ejemplo de Jesús.
Cristo “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Cuando ese maravilloso día llegue, no habrá más mentiras y el engaño será cosa del pasado.