En algún momento, la mayoría de los padres escucharán advertencias como: “¡No mimes a tu hijo!”. Es útil conocer la verdadera causa de mimar a los niños, ¡y no es el amor!
A veces, familiares o conocidos expresan su preocupación de que los padres estén dando demasiado amor a su hijo. El resultado temido es un niño exigente, mimado y egocéntrico que espera que todos complazcan sus caprichos.
¡Los mimos ocurren!
Los padres nos tomamos muy en serio estas advertencias. Todos hemos visto a niños mimados, ¡y sabemos que no es agradable estar con ellos! Además, sabemos que, por mucho dinero que tengan, los niños mimados no tienen una vida feliz.
Por ejemplo, consideremos a los hijos de Elí, el sumo sacerdote de Israel antes de que la nación tuviera su primer rey humano. Al leer la descripción de esos hijos en 1 Samuel 2, es inevitable imaginar que estaban acostumbrados a obtener todo lo que pedían.
La tímida reprimenda de Elí no tuvo ningún efecto en ellos (vv. 23-25), y finalmente Dios hizo esta evaluación de la crianza de Elí: “has honrado a tus hijos más que a mí” (v. 29).
Exceso de indulgencia
Los profesionales del desarrollo infantil han llegado a la conclusión de que el mimar proviene de la sobreprotección, pero se trata de una sobreprotección basada en la permisividad, la falta de exigencia y la ausencia de autocontrol. Surge cuando los padres les dan a sus hijos cosas materiales y privilegios como sustituto de su tiempo, atención y amor.
Los profesionales del desarrollo infantil han llegado a la conclusión de que el mimar proviene de la sobreprotección, pero se trata de una sobreprotección basada en la permisividad.
Como escribe Laurence Steinberg, doctor en filosofía y autor de The Ten Basic Principles of Good Parenting [Los diez principios básicos de la buena crianza]: “Conozco a muchos niños que han sufrido porque sus padres estaban demasiado ocupados, eran demasiado egoístas o estaban demasiado absortos en sus propios asuntos como para atender sus necesidades. Pero nunca he conocido a un niño que estuviera peor porque sus padres lo amaran demasiado. Sencillamente, no es posible mimar a un niño con amor” (2004, p. 27).
La cuestión es que no hay nada que reemplace el tiempo, la atención y el amor sincero que se les brinda a los hijos. Las cosas materiales no son un sustituto, ni tampoco los privilegios ni las normas permisivas.
Amor verdadero
¿Cómo deben los padres expresar su amor, cariño y preocupación sinceros por sus hijos? El libro de Proverbios ofrece muy buenos consejos:
- Proverbios 22:6: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. El amor verdadero implica dedicar tiempo a la enseñanza. Cuando los padres aman de verdad a sus hijos, desean que aprendan a distinguir entre el bien y el mal, que practiquen el buen comportamiento y que desarrollen un buen carácter.
- Proverbios 29:15: “La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre”. El amor verdadero implica atención. En una familia centrada en Dios, los padres demuestran su cariño por sus hijos dedicándoles tiempo para enseñarles el camino de Dios.
- Proverbios 13:24: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige”. El amor verdadero implica corrección y disciplina. Dios corrige a sus hijos espirituales y espera que nosotros también corrijamos —que tomemos medidas para reformar— a nuestros hijos.
- Proverbios 27:5: “Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto”. El amor verdadero se expresa con palabras y demostraciones. Fortalecemos nuestros lazos familiares cuando expresamos un aprecio sincero a nuestros hijos.
Marche Isabella, consejera matrimonial, familiar e infantil en California, ofrece este consejo: “Nunca he oído hablar de un padre que en su lecho de muerte dijera: ‘Ojalá le hubiera comprado a Juan un Nintendo cuando tenía 9 años’. Ni de un hijo que se lamente por regalos no recibidos, excepto, quizás, el regalo del tiempo y el amor”.
Hágales saber a sus hijos cada día que los ama, que son especiales para usted y que los aprecia. No hay peligro de mimarlos con tanto amor.
Para conocer más principios fundamentales acerca de la crianza de los hijos, consulte “Ayudando a nuestros hijos a crecer” y “La Crianza de los hijos: los primeros años”.