Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Julio/Agosto 2021 de la revista Discernir

¿Qué significa realmente la parábola de Lázaro y el rico?

La parábola de Lázaro y el rico puede parecer una prueba de que las personas se van al cielo o al infierno después de morir. Pero ¿es ese el verdadero significado de esta historia?

El relato de Lázaro y el hombre rico es una de las parábolas menos comprendidas de Jesús. Puede leerla en Lucas 16:19-31. A menudo este relato se interpreta como una enseñanza acerca de lo que sucede inmediatamente después de la muerte. Una lectura superficial puede hacernos pensar que Lázaro, el mendigo, se fue al cielo cuando murió, mientras que el egoísta hombre rico se fue al infierno.

El problema con esta conclusión es que muchas otras escrituras (algunas de ellas citadas por el mismo Jesucristo) contradicen la idea de que las personas se van al cielo o al infierno inmediatamente después de morir.

¿Cómo deberíamos entender esta parábola entonces? ¿Se trata realmente de lo que nos ocurre después de morir? O ¿tenía Jesús una enseñanza completamente diferente en mente?

¿Qué dijo Jesucristo sobre la muerte?

A lo largo de su ministerio, Cristo fue muy claro acerca de lo que ocurre y no ocurre cuando morimos.

En Juan 11, antes de resucitar a su amigo Lázaro (el hermano de Marta y María, no el personaje de la parábola), Jesús les dijo a sus discípulos: “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle” (v. 11). Cuando sus discípulos no entendieron lo que decía, Él les aclaró que Lázaro estaba muerto (vv. 13-14).

Jesucristo comparó la muerte con el sueño —un estado de inconciencia— y esta comparación está en armonía con otras escrituras donde vemos que los muertos no tienen pensamientos conscientes (Eclesiastés 9:5). Entonces, sería contradictorio que en una de sus parábolas Jesús dijera que Lázaro y el hombre rico estaban despiertos después de morir.

¿Qué dijo Jesucristo acerca de irse al cielo?

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo” (Juan 3:13). La traducción de la Biblia La Palabra lo deja aún más claro: “Nadie ha subido al cielo, excepto el que bajó de allí, es decir, el Hijo del hombre”.

Sería extraño e inconsistente que en cierta situación Jesús dijera “nadie ha subido al cielo” y luego dijera que Lázaro el mendigo se fue al cielo cuando murió.

¿Qué dijo acerca del infierno?

En Mateo 10:28 Cristo dijo: “temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. Jesús asoció el infierno con destrucción. Cuando algo es destruido, deja de existir. Entonces, el infierno se describe como un lugar de destrucción completa, no un lugar donde se atormenta a los muertos conscientes. Esto concuerda con la forma en que otros escritores de la Biblia describen el destino de los malos (Malaquías 4:3; Romanos 6:23). Puede aprender más acerca de este tema en nuestro artículo en línea “¿Tormento eterno?”.

Estos pasajes nos ayudan a entender las enseñanzas de Jesús. Las personas no se van al cielo o al infierno inmediatamente después de morir. En cambio, permanecen inconscientes en su tumba esperando el momento futuro en que serán resucitados (Lucas 14:14).

¿Qué lección moral estaba enseñando Jesucristo?

Antes de analizar una parábola, necesitamos reconocer lo que es y no es una parábola. Una parábola es una historia ficticia breve que enseña una lección moral o espiritual.

A muchos les sorprende saber que Cristo no usó parábolas para que la gente lo entendiera mejor, sino para que no lo entendieran (Mateo 13:11-15). De hecho, a menudo tenía que explicarles sus parábolas a los discípulos. Cuando quería enseñar algo con claridad, Jesús no usaba parábolas (como vimos anteriormente en sus aseveraciones acerca de la muerte, el cielo y el infierno).

Cristo elaboró sus parábolas para que fueran ambiguas en la superficie (Lucas 8:10). Esto por sí mismo debería indicarnos que debemos tener cuidado de no interpretar una parábola después de haberla leído superficialmente. Necesitamos profundizar para identificar la lección moral que Jesús quería enseñarnos, y no perdernos en los detalles de la historia ficticia que usó para hacerlo.

Podemos comparar la parábola con el papel de envoltorio de un regalo. En lugar de distraernos con los detalles del papel (su diseño, cómo fue envuelto, etcétera), deberíamos enfocarnos en el regalo que está dentro.

Entonces, ¿cuál es la lección principal de esta parábola en particular? En primer lugar, necesitamos analizar su contexto.

Justo antes de relatar esta parábola, Jesús había enfrentado a los fariseos: “Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16:14-15).

Cristo estaba tratando con personas cuya intención era acumular riquezas y que hipócritamente se ponían una careta de justicia cuando en realidad sus corazones eran malvados. En otras palabras, eran personas que aparentaban ser buenas, pero en realidad estaban llenas de avaricia e indiferencia hacia los demás. Su “justicia” era falsa. Así que Jesús usó la parábola de Lázaro y el rico para advertirles sobre las dificultades y los peligros de ser movidos por el amor al dinero y la indiferencia hacia el prójimo.

El contexto de la parábola no era la muerte o lo que sucede después de morir; se trataba del peligro de la avaricia y la hipocresía.

El verdadero significado de la parábola

La parábola tiene dos protagonistas: el hombre rico (que tenía una vida de lujos y comía bien todos los días) y un hombre pobre llamado Lázaro (quien estaba lleno de heridas y al parecer no podía trabajar para alimentarse). Pero, en lugar de ayudar a Lázaro, el hombre rico ignoraba su sufrimiento con frialdad.

Eventualmente ambos personajes murieron y Jesucristo continuó la historia en su vida posterior. Ahí, los papeles se invirtieron: Lázaro estaba sano y vivía cómodamente mientras que el hombre rico estaba en un estado de angustia mental. (Teniendo en cuenta la línea de tiempo bíblica de las resurrecciones, esto parece ocurrir durante el breve tiempo descrito en Apocalipsis 20:14-15, donde los malos que ya recibieron su oportunidad de salvación son resucitados y condenados a una segunda muerte en el lago de fuego.)

El hombre rico le ruega a Lázaro que le ayude, pero es demasiado tarde y no hay nada que se pueda hacer. Entonces pide que alguien les advierta a sus hermanos para que se arrepientan y cambien su vida con el objetivo de que no tengan el mismo fin.

La lección espiritual es profunda: tenemos que ordenar nuestras prioridades ahora. En lugar de ser avaros e hipócritas, debemos poner el amor a Dios y el servicio a los otros por encima de todo lo demás. No lo deje para después, porque no sabe cuándo terminará su vida.

Otra lección que nos enseña esta parábola es un principio que Pablo mencionó en 1 Corintios 1:27: “lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte”.

Al principio del relato, Lázaro era tan débil e indefenso como cualquier ser humano puede ser, mientras que el hombre rico era acaudalado y poderoso. Pero al final, los papeles se invirtieron. La humildad y justicia de Lázaro le permitieron pararse al lado de Abraham, mientras que la avaricia y falta de compasión del rico lo llevaron a la miseria.

¡El significado y la lección de esta parábola son muy relevantes para nosotros en la actualidad!

La versión en línea de este artículo incluye un recuadro que puede ayudarle a entender mejor esta parábola. El siguiente artículo también puede serle de ayuda: “Lázaro y el rico: ¿prueba de la existencia del infierno?”.

Recuadro: La parábola de Lázaro y el rico bajo el lente de la enseñanza bíblica acerca de la vida después de la muerte

 

Las ideas modernas acerca del cielo y el infierno tienen más influencia de los antiguos filósofos griegos y las ficciones medievales de Dante Alighieri y otros que de la Biblia.

Como consecuencia, muchos lectores abordan la parábola de Lázaro y el rico desde la perspectiva de estas creencias populares (pero antibíblicas). Es por esto que tantos consideran el relato como una historia acerca del cielo y el infierno. Las personas lo leen de tal manera que reafirma sus paradigmas acerca de la vida y la muerte.

Sin embargo, para comprender esta parábola es necesario verla desde la perspectiva de la enseñanza bíblica acerca de la muerte y la resurrección. Si entendemos la verdad bíblica de que los muertos serán resucitados en diferentes resurrecciones después del regreso de Cristo, leeremos la parábola de Lázaro y el rico con una perspectiva totalmente diferente (Vea nuestro artículo en línea “Resurrecciones: ¿qué son?”.)

“Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado” (Lucas 16:22).

Eventualmente, tanto Lázaro como el hombre rico murieron. Muchas escrituras nos dicen que todos los muertos permanecen en sus tumbas hasta que sean resucitados (Isaías 26:19; Juan 5:28-29; Hechos 24:15). Cuando Jesucristo regrese a la tierra (Mateo 34:31; Marcos 13:27; Apocalipsis 20:6), los fieles de Dios serán reunidos por los ángeles en la primera resurrección.

“Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno” (Lucas 16:23).

Esta escena nos lleva más de mil años hacia el futuro. Apocalipsis 20:14 indica que, tras un reinado de mil años de Jesús en la Tierra, los malvados serán resucitados para condenación. En la parábola, el hombre rico ve a quien conocía como un mendigo (Lázaro) parado al lado de Abraham como un hijo glorificado de Dios.

“Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama” (Lucas 16:24).

El hombre rico fue resucitado y juzgado por conocer y rechazar la oferta de salvación de Dios. Su nombre no se encuentra en el libro de la vida y ahora espera que se cumpla su sentencia de muerte en el lago de fuego (Apocalipsis 20:15; vea “Pecado imperdonable” y “¿Qué es el lago de fuego?”). Está mentalmente angustiado por la llama mortal que pronto enfrentará (Mateo 13:49-50). Note que su miedo y ansiedad le secan la boca y pide agua. Si ya se estuviera quemando, definitivamente pediría más alivio que unas gotas de agua para tomar.

“Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (Lucas 16:25-26).

Abraham es el personaje que describe la lección central de la parábola. El atormentado hombre rico pagará el precio de su avaricia, hipocresía y falta de amor a los demás. No hay nada que Abraham o Lázaro puedan hacer para salvarlo. Está a punto de recibir la paga de sus pecados: la muerte eterna (Romanos 6:23).

“Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:27-31).

Aquí el hombre rico ruega que Lázaro visite a sus hermanos y los inste a arrepentirse. Dado que estuvo inconsciente durante su muerte, no sabe que han pasado miles de años y que sus hermanos ya tuvieron la oportunidad de arrepentirse hace mucho tiempo.

Cuando leemos esta parábola en el contexto de las Escrituras, comprendemos que no se debe tomar como el relato literal de una conversación que ocurrirá en el futuro. Es sólo una historia ficticia con el propósito de enseñarnos una lección.

El punto es sencillo pero profundo: debemos vivir justamente ahora. No dejarlo para después, porque se nos puede acabar el tiempo.

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