La Biblia habla de algo que sucede "en un abrir y cerrar de ojos". ¿Quién ha experimentado cambios que ocurren aparentemente sin que pase el tiempo?
Recientemente me sometí a una operación importante en el hospital de mi ciudad. Era la primera vez que me sometía a un procedimiento con anestesia general y no tenía ni idea de qué esperar.
Tras pasar por varias fases preliminares de preparación, me condujeron al quirófano. Un médico muy amable me sentó al borde de una camilla, mientras otro hombre me realizaba un procedimiento en la parte baja de la espalda detrás de mí.
El hombre que estaba a mi lado estaba charlando conmigo y, a mitad de la frase (o eso me pareció), dijo: “¡Bueno, ya está todo hecho!”.
¡Me quedé atónito! Me dijeron que se había realizado una operación de cinco horas durante lo que para mí fue una fracción de segundo. ¡No me di cuenta de esas cinco horas!
Unos días después, el anestesista me visitó en mi cama para ver cómo me encontraba. Le conté de mi asombro por no recordar absolutamente nada de la anestesia durante la operación. Él se sonrió y dijo: “¡En un abrir y cerrar de ojos!”.
Para mí, como cristiano, ¡esa frase me sonaba muy familiar!
“En un abrir y cerrar de ojos” en la Biblia
Esta expresión, por supuesto, fue utilizada por el apóstol Pablo en 1 Corintios 15:51-52: “He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”.
Pablo inicialmente pensó que Cristo regresaría durante su vida (1 Tesalonicenses 4:15-17). Creía que estaría entre los verdaderos cristianos que, en un instante, serían transformados en cuerpos espirituales, ¡en un abrir y cerrar de ojos! Si bien se equivocó en cuanto al momento, esto sin duda se cumplirá para aquellos cristianos que estén vivos cuando Cristo regrese.
Pero ¿qué sucederá con los muertos en Cristo? Como afirmó Pablo, resucitarán al regreso de Cristo y se volverán inmortales con cuerpos espirituales. ¿Les ocurrirá algo similar a mi experiencia reciente, en el que no tendrán conciencia del tiempo transcurrido entre su muerte y resurrección? ¿Qué tan sorprendidos estarán al descubrir que estuvieron muertos, en algunos casos durante miles de años, sin siquiera darse cuenta?
Por mucho tiempo que lleven muertos, ese tiempo habrá pasado “en un abrir y cerrar de ojos”.
La Biblia compara la muerte con el sueño
Muchos pasajes de la Biblia comparan la muerte con el sueño (por ejemplo, Salmos 13:3; Daniel 12:2; Mateo 27:52; Juan 11:11, 13; 1 Corintios 15:51-52; 1 Tesalonicenses 4:13-14).
Sorprendentemente para muchos, ningún pasaje de la Biblia enseña que el ser humano tenga un alma inmortal que permanezca consciente después de la muerte. (Véase nuestro artículo “Alma inmortal: ¿qué es el alma?".)
De hecho, la Biblia confirma que no tenemos pensamiento consciente después de la muerte, hasta la resurrección:
- “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben” (Eclesiastés 9:5).
- “Porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría” (v. 10).
- “No alabarán los muertos al Eterno, ni cuantos descienden al silencio” (Salmos 115:17).
- “Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos” (Salmos 146:4).
Mientras dormimos en la tumba, no seremos conscientes del paso del tiempo. El tiempo, hasta que suceda nuestra resurrección pasará en un abrir y cerrar de ojos.
Adán y Eva
Dios es justo y equitativo, y no quiere que nadie perezca sin una oportunidad de salvación.
Tras haber experimentado mi primera operación mientras dormía profundamente, me resulta interesante repasar el Génesis y leer el relato de Adán y Eva. Cuando Dios decidió darle esposa a Adán, realizó lo que, en efecto, fue la primera intervención quirúrgica de la historia.
“Entonces el Eterno Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que el Eterno Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre” (Génesis 2:21-22).
Adán se había quedado profundamente dormido y al despertar descubrió que le faltaba una costilla y, poco después, que también tenía una esposa hermosa. Como le ocurre a cualquiera que despierta tras la anestesia, Adán probablemente no recordaba nada de lo sucedido.
El gran Diluvio
Leemos en el Génesis que, tras el pecado de Adán, la raza humana se degeneró, entristeciendo al Creador.
“Y vio el Eterno que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió el Eterno de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Génesis 6:5-6).
“Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia” (v. 11).
Dios decidió enviar un diluvio sobre la Tierra para aniquilar a toda la humanidad, excepto al justo Noé y su familia. En aquel mundo anterior al Diluvio, los humanos vivían muchísimos años, y es probable que la población mundial creciera enormemente. Las estimaciones de la población mundial en la época del Diluvio varían desde cientos de millones hasta unos pocos miles de millones.
Todas estas personas, excepto la familia de Noé, murieron en el Diluvio cuando las aguas subieron hasta cubrir incluso las cimas de las montañas. Mientras las aguas arrasaban la Tierra, estas desafortunadas personas fueron arrastradas y perecieron.
Todos volverán a la vida, devueltos a un mundo muy diferente y seguro. A pesar de haber muerto miles de años atrás, no recordarán nada de ese tiempo. Los años habrán pasado en un abrir y cerrar de ojos.
El valle de los huesos secos
Este conocido pasaje de Ezequiel 37 describe la resurrección a la vida física de una enorme cantidad de personas: “un ejército grande en extremo” (v. 10). Ezequiel describe cómo los cuerpos se reconstituyen sistemáticamente. Los huesos se unirán, se les añadirá carne y, finalmente, se les infundirá el aliento de vida. Entonces, volverán a ponerse de pie.
“Me dijo luego: hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. Por tanto, profetiza, y diles: así ha dicho el Eterno el Señor: he aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy el Eterno, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo el Eterno hablé, y lo hice, dice el Eterno” (vv. 11-14).
Esta enorme cantidad de personas resucitará para vivir una vida física una vez más. Recordarán sus vidas pasadas, pero los años, siglos, incluso milenios, que hayan estado muertos habrán transcurrido en un instante, ¡en un abrir y cerrar de ojos! No tendrán ningún recuerdo de su tiempo en la tumba, pero sí un recuerdo completo de sus vidas anteriores.
Los hombres de Nínive y la reina de Saba
Cuando los escribas y fariseos le pidieron a Jesús una señal, Él respondió: “Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. El respondió y les dijo: la generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás… Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar. La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar” (Mateo 12:39-42).
En estos pasajes vemos que se acerca el momento en que personas de diferentes generaciones y diferentes siglos volverán a la vida física al mismo tiempo, y parece que una generación criticará a otra por haber desaprovechado, en su primera vida, la mayor oportunidad que tuvieron para arrepentirse.
La generación de Jesús recibirá la mayor condena, pues el mismísimo Hijo de Dios estaba entre ellos, y no lo reconocieron. Peor aún, lo azotaron y lo condenaron a una muerte ignominiosa en la cruz.
El resto de los muertos
En Apocalipsis 20 leemos que Satanás será encadenado y encerrado durante 1.000 años. Luego leemos acerca de la resurrección de los justos, quienes resucitarán y reinarán con Cristo durante este mismo período de 1.000 años.
“Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:5-6).
“Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años” (v. 5).
Podemos ver que todos los seres humanos tendrán la oportunidad de la vida eterna, si no en su primera vida, entonces en la resurrección a vida física. Dios es justo y equitativo, y no quiere que nadie perezca sin una oportunidad de salvación. Es muy probable que los miles de millones de personas que resucitarán a vida física en el tiempo que les corresponde, recuerden perfectamente su vida anterior, pero no el tiempo que pasaron en la tumba. ¡Ese tiempo habrá pasado en un abrir y cerrar de ojos!
Para saber más, le invitamos a consultar nuestro folleto gratuito El último enemigo: ¿Qué sucede realmente después de la muerte?