La fe de Abraham

¿Qué tuvo de especial la fe de Abraham? ¿De qué forma demostró Abraham su fe, y qué lecciones podemos aprender de esto?

El apóstol Pablo escribió acerca de la fe de Abraham en Romanos 4:3: “Porque, ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”.

Esta cita es de Génesis 15:6. ¿A cuál ejemplo de fe se estaba refiriendo Pablo?

El profundo ejemplo de la fe de Abraham

La respuesta está en Génesis 15:4-6: “Luego vino a él palabra del Eterno, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó al Eterno y le fue contado por justicia”.

Esta fe extraordinaria, inamovible que Abraham tuvo en el poder y las promesas de Dios era lo que Pablo estaba recordando.

“El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Romanos 4:18-21).

Pablo recalcó que la creencia de Abraham no se debilitó por el hecho de que él casi tenía 100 años, él no era débil en la fe. Él era fuerte en la fe. La fe es una profunda convicción de que las palabras de Dios son verdad y de que Dios llevará a cabo todo lo que Él ha prometido. Abraham simplemente creyó que Dios haría lo que Él dijo.

Nada es demasiado difícil para Dios. Nada es imposible para Dios. Esto es un ejemplo para nosotros hoy, que nuestra fe en Dios debe ser fuerte.

Una etapa anterior en la fe de Abraham

“Pero el Eterno había dicho a Abram; Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición… Y se fue Abram como el Eterno le dijo: y Lot se fue con él” (Génesis 12:1-2, 4).

Hebreos 11:8 nos dice qué fue lo extraordinario de esta partida: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”.

Abraham partió, y el confió y creyó que Dios lo guiaría a él y a su familia en medio de ese territorio desconocido. No hubo preguntas ni dudas. Él mostró su fe al salir. Este fue un profundo acto de fe.

La fe de Abraham continuó

Después, Abraham llegó a la tierra de Canaán, y continuó siendo un forastero y peregrino en tierra extraña. Pero él le creyó a Dios, quien le había prometido que un día, él y sus descendientes heredarían esta tierra.

Génesis 13:14-17 registra la promesa a Abraham: “Y el Eterno dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré”.

Además de valorar la bendición prometida de la tierra para sus descendientes, Abraham creció en fe hacia Dios y anticipó personalmente una recompensa espiritual. Hebreos 11:9-10 nos registra este proceso: “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”. Abraham, junto con otras personas de fe, anticipaba una ciudad permanente y una patria que vendrían: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra… Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (Hebreos 11:13-16).

Nosotros también vivimos nuestra vida como extranjeros y peregrinos en esta tierra, esperando con paciencia y fe, que sea establecido el Reino de Dios en la tierra, gobernando desde Jerusalén. Nosotros también somos residentes temporales que desean una ciudad celestial mejor—una ciudad que llegará en el futuro.

La prueba de la fe de Abraham

¡La fe de Abraham fue probada! Hebreos 11:17 nos relata la prueba suprema de la fe de Abraham: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su unigénito, habiéndosele dicho: en Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir”.

Abraham creyó que Dios podía levantar a Isaac de la muerte, si era que Dios no le perdonaba la vida a Isaac (Génesis 22).

Abraham debió haber creído que Dios tenía una muy buena razón para pedirle que sacrificara a Isaac, y que de alguna forma Isaac hubiera sido levantado de la muerte para cumplir las promesas que Dios había hecho con respecto a él. La disposición de Abraham de entregar a su hijo, era un prototipo de la disposición de Dios el Padre de dar su único hijo engendrado (Cristo) como un sacrificio. Nosotros, que somos de la fe de Abraham también debemos creer que Dios puede resucitar de la muerte.

Las lecciones de la fe de Abraham

Ya que la fe de Abraham se menciona con tanta frecuencia en la Biblia, hay muchas lecciones que podemos aprender. Primero que todo, Abraham fue justificado por fe. Dios ordenó que todos debíamos ser justificados por fe. Esto significa que somos declarados sin falta por él por la sangre del sacrificio de su hijo Jesucristo y por fe en Dios.

Romanos 4:9-11 explica el significado de la justicia por la fe: “Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia. ¿Cómo pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión. Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia”.

Entonces, ya sea que seamos judíos o no, aquellos que tienen la justicia de la fe, la fe les es contada por justicia por Dios y son hijos de nuestro padre Abraham (v. 12). Al seguir las pisadas de Abraham todos deben tener fe.

El mensaje del evangelio llegó a Abraham

Debemos recordar que las promesas que Dios le dio a Abraham se cumplen por medio de la fe. Abraham y sus descendientes, sus verdaderos descendientes que tienen fe, van a heredar las promesas que Dios le hizo a Abraham. Como dice Romanos 4:13: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe”.

Las promesas que le hicieron a Abraham son parte del mensaje del evangelio. Abraham escuchó y creyó en el evangelio. Gálatas 3:8 dice: “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham”. (La escritura que se está citando es una combinación de la promesa en Génesis 12:3 y 22:18.)

Este es un buen ejemplo para todos aquellos que escuchan el evangelio en la actualidad. No todos obedecen. “Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:16-17).

En la descendencia de Abraham serían bendecidas todas las naciones de la tierra. Somos bendecidos por medio de la simiente justa de Abraham, que es Jesucristo.

Fe y obras

Hay una gran diferencia entre confiar en nuestras propias “obras” y confiar en Dios, con el fin de ser justificados y ser salvos. Y hay una diferencia entre confiar en la ley, como los judíos hicieron, y hacer buenas obras que demuestren obediencia y fe viva.

Abraham es el objeto de la lección en este sentido: “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:20-24).

Nuestra fe se perfecciona a medida que hacemos buenas obras.

Debemos hacer buenas obras en fe, como nuestro padre Abraham. Como dice en Juan 8:39: “…Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais”. Abraham hizo muchas obras que demuestran su firme fe en Dios. Jesucristo les dijo a los líderes judíos de su época: “Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham” (v. 40).

Abraham creyó la verdad de labios de los mensajeros de Dios y de la boca del Señor.

La fe de Abraham es fe viva

Necesitamos hacer lo que hizo nuestro Padre Abraham. Necesitamos creer que Dios puede hacer lo imposible y que nada es demasiado difícil para Dios. Necesitamos creer en el poder y las promesas de Dios, sin dudar. Necesitamos creer y estar dispuestos a obedecer voluntariamente a Dios, salir de este mundo y apartarnos del pecado.

También necesitamos confiar en la guía y dirección de Dios al llevarnos a un territorio desconocido. En nuestro viaje como extranjeros y peregrinos en el mundo, necesitamos mirar en fe al venidero Reino de Dios y en la nueva Jerusalén. Nuestra fe en la herencia futura en el mundo que vendrá debería motivarnos a vivir nuestra vida por fe.

Finalmente, por medio del ejemplo de Abraham, vemos que debemos demostrar nuestra fe en Dios por la obediencia y haciendo buenas obras que demuestran nuestra fe. Nuestra fe es perfeccionada al hacer buenas obras.

Tener fe y hacer buenas obras es una fe viva. “Yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:18).

En verdad, Abraham nos mostró su fe por sus obras. ¿Va a seguir el ejemplo de Abraham? Éste es un gran paso que usted puede dar. Que Dios le ayude a hacer esos cambios imprescindibles en su vida de tal forma que pueda heredar la misma recompensa que Abraham, ¡cuando Jesús regrese y establezca el Reino de Dios aquí en la tierra!