¿Mentir o decir la verdad?

Sin importar cuántos motivos encontremos para mentir, siempre habrá razones mucho más valiosas para decir la verdad. Las mentiras destruyen relaciones. La honestidad las edifica.

Pequeñas mentiras blancas, grandes mentiras piadosas, engaños disimulados o indiscutibles falacias, ¿cuántas mentiras hay que decir para ser un “mentiroso”? ¿Una, diez, mil? Mentir parece haberse convertido en algo tan común que muchas personas lo consideran normal y no creen que esto cambie algún día. Pero, ¿qué sucede con las relaciones interpersonales, la sociedad, e incluso nuestro propio carácter cuando mentir se convierte en un camino de vida?

¿Y qué hay de usted? ¿Es usted una persona confiable? ¿Pueden los demás fiarse de su palabra? Cuando dice algo, ¿es necesario que sus conocidos lo analicen para descubrir si ha dicho la verdad o si ha exagerado o mentido?

¿Por qué mienten las personas?

Algunas personas acostumbran mentir para aparentar ser algo que no son, pensando que una mentira puede hacer que sobresalgan de alguna manera. Otros utilizan la mentira como una estrategia para su propio beneficio, ventaja o progreso. Y otros mienten con el fin de dañar a sus enemigos, o en un inútil intento de aminorar el dolor que la verdad podría causar a alguien más.

Y hay personas que se sienten muy cómodas diciendo medias verdades; tranquilizan su consciencia diciéndose a sí mismos que han dicho gran parte de la verdad y, por lo tanto, no han mentido en realidad—o por lo menos no demasiado. Piensan: “no miento compulsivamente ni soy un mentiroso patológico”. Parecieran no darse cuenta de que una “verdad a medias” es también una mentira a medias. ¿Acaso podemos tener una sociedad justa en la que solo 50 por ciento de lo que oímos sea verdad?

Cada vez que mentimos o intentamos engañar a otros, nos estamos alejando de la verdad y entrando en aguas peligrosas. El engaño es el fundamento de relaciones inestables y propensas a problemas y decadencia. En un antiguo proverbio, Sir Walter Scott lo plantea de esta manera: “¡Qué enredada telaraña tejemos cuando optamos primero por mentir!”. A menudo, quien miente por primera vez se verá en la necesidad de una segunda, tercera y cuarta mentira para poder tapar las huellas de la primera.

Mentir es un pecado

Pero, ¿es moralmente correcto decir una mentira en ciertas situaciones? ¡No! Aun cuando existan muchas justificaciones humanas para mentir, la mentira es siempre incorrecta y dañina. En primer lugar, la mentira es contraria a la naturaleza de Dios; como escribió el apóstol Pablo, una de las características fundamentales de nuestro Creador Dios es que siempre dice la verdad. De hecho, no puede mentir (Tito 1:2); Hebreos 6:18 nos dice que “es imposible que Dios mienta”. ¿Qué tipo de relación tendríamos con Dios si pensáramos que no es confiable? ¿Cómo podríamos tener fe en Él o creer lo que dice?

Para que aprendamos a ser como Él, Dios mismo nos instruye “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16). En la versión Traducción al lenguaje actual de la Biblia, este pasaje se traduce como “No digas mentiras en perjuicio de tu prójimo”. Y en Efesios 4:25, Pablo también nos aconseja: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros”.

Decir la verdad es una cualidad moral de tal importancia que Dios incluso la incluyó en sus Diez Mandamientos básicos. ¡Mentir no es un asunto superficial a los ojos de Dios! Él es un Dios de verdad y espera que imitemos su ejemplo siendo veraces, lo cual también nos beneficia a nosotros mismos y a quienes nos rodean. Aunque parezca sorprendente, “todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8). ¡Dios no dará vida eterna a un mentiroso!

Decadencia de la verdad

¿Qué ha pasado con la honestidad en el mundo moderno? ¿Son el engaño, la falsedad y el fraude comunes en sus conversaciones? La mentira desestabiliza las relaciones interpersonales y crea una base insegura sobre la cual es difícil seguir desarrollándolas. Cuando mentimos, no sólo nos hacemos daño a nosotros mismos, también herimos a quienes nos rodean. Decir la verdad es siempre lo mejor para todos, permite que forjemos relaciones sanas y, eventualmente, una sociedad estable de confianza y seguridad.

Reputación honesta

Ya que hoy en día no son muchas las personas que consideran que la honestidad es un valor importante, es nuestro deber practicarla. En nuestra búsqueda de llegar a ser perfectos como el Padre es perfecto (Mateo 5:48), la honestidad debe formar parte de nuestro carácter.

La honradez es una cualidad por la cual deberíamos luchar. ¿No sería grandioso que la gente nos conociera por decir siempre la verdad? No de una manera demasiado parca, ofensiva o insensible, sino sabiamente—siendo honestos para el beneficio de todos.

En nuestra vida, la verdad debería relucir aun cuando nos encontremos en situaciones difíciles y estresantes; nuestra meta debería ser que “que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15).

Como dijo el apóstol Pablo, deberíamos estar envueltos en la verdad, pues esto nos dará protección espiritual así como un cinturón en nuestro torso protege nuestros órganos internos. “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad” (Efesios 6:14).

Si usted acostumbra mentir, ha llegado el momento de dar un vuelco a su vida; tome hoy mismo la decisión de convertirse en una persona honesta. Dios perdona a los mentirosos y los limpia de culpa cuando deciden arrepentirse y cambiar su manera de actuar. El arrepentimiento implica siempre esforzarnos por vivir como Cristo vivió, y esto significa buscar su ayuda para vivir honestamente de ahora en adelante. Perseverar en la honradez puede borrar la mancha que las mentiras y el engaño han dejado en nuestro carácter y reputación.

Esto es lo que Dios quiere para nosotros. Sólo quienes aprendan a ser honestos de corazón llegarán a ser parte de su reino eventualmente (Salmos 15: 1-2). Con razón Juan escribió: “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 1:4). Y, como nos dice Pablo, el amor “se goza de la verdad” (1 Corintios 13:6).

¡Comience desde hoy a vivir su vida siguiendo el ejemplo de Dios el Padre y Jesucristo—los Seres más honestos del universo!