Ante las dificultades y los problemas, muchas personas buscan consuelo en las Sagradas Escrituras. Aquí les presentamos algunos pasajes reconfortantes para encontrar consuelo y compartir.
Todos experimentamos reveses en la vida: enfermedades, pérdida del empleo, pérdida de un ser querido. Algunas de estas experiencias nos dejan con miedo o depresión. Otras nos dejan con profundos sentimientos de tristeza y desánimo.
¿Dónde encuentra usted consuelo en momentos como estos?
El apóstol Pablo y el consuelo de las Escrituras
En su carta a la Iglesia de Roma, el apóstol Pablo escribió acerca de una gran fuente de consuelo y esperanza, la “consolación de las Escrituras” (Romanos 15:4).
El versículo completo nos dice: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”.
Si alguien comprendía el sufrimiento, ¡ése era Pablo! Había estado “en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez” (2 Corintios 11:27).
Y esos no fueron los peores de sus problemas. Cuando escribió 2 Corintios, Pablo había sido azotado cinco veces, había naufragado tres veces, golpeado con varas tres veces y apedreado una vez (vv. 24-26). (¡Y Hechos 27 relata otro naufragio!)
La mayoría de nosotros no hemos vivido nada tan grave, pero todos tenemos momentos en que necesitamos consuelo. Y nosotros, al igual que Pablo, podemos llegar a apreciar el consuelo que ofrecen las Escrituras.
Aquí les comparto algunos versículos bíblicos que, personalmente, me resultan reconfortantes.
Isaías 40:31
“Pero los que esperan en el Eterno tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.
Este versículo es la culminación de un capítulo del libro de Isaias que es marcadamente diferente de los 39 capítulos anteriores. La primera parte de Isaías se centra principalmente en el juicio, mientras que “la sección del libro que comienza en el capítulo 40... trata acerca del consuelo y la salvación” (Expositor's Bible Commentary [Comentario bíblico del expositor], vol. 6, p. 9).
El versículo 31 concluye un pasaje de cuatro versículos que compara el poder de Dios con la fragilidad de los seres humanos. Isaías afirma que Dios “no desfallece ni se fatiga con cansancio” (v. 28).
Isaías nos dice entonces que Dios “da esfuerzo al cansado” (v. 29), explicando que ni siquiera los jóvenes podrán soportar lo mismo que “los que esperan en el Eterno” (vv. 30-31).
Tras contrastar la debilidad humana con la fortaleza de Dios y mostrar su disposición a compartirla con la humanidad, Isaías nos ofrece una imagen conmovedora. Quienes confían en el Eterno se elevarán, metafóricamente, por los cielos con la misma facilidad que el águila majestuosa.
Podemos encontrar consuelo en las Escrituras, sabiendo que cuando comprometemos nuestras vidas a vivir como Dios dice, esperando en el Eterno, Él nos dará la fuerza que necesitamos para afrontar cualquier dificultad que encontremos.
Isaías 55:8
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Eterno”.
A primera vista, este versículo no parece ofrecer consuelo. Despojadas de su contexto, estas palabras no nos dicen nada acerca de por qué los pensamientos y los caminos de Dios son superiores a los nuestros.
Sin embargo, la primera palabra de la oración es “porque”. Esto nos indica que esta afirmación está directamente relacionada con los versículos anteriores. Es en esos versículos donde descubrimos por qué los pensamientos y los caminos de Dios son superiores.
En el pasaje anterior, Isaías exhorta a sus lectores a “buscad al Eterno mientras pueda ser hallado” (v. 6), y luego explica que Dios “será amplio en perdonar” a quienes se aparten del pecado (v. 7). El deseo de Dios de perdonar es la base sobre la cual sus pensamientos son superiores a las motivaciones humanas.
Con demasiada frecuencia, los seres humanos buscamos venganza, sin dejar espacio para el arrepentimiento. A menudo carecemos de misericordia y, por eso, a veces nos cuesta creer que Dios realmente quiera perdonarnos.
Este pasaje ofrece un gran consuelo al afirmar que los pensamientos de Dios son pensamientos de misericordia. Su misericordia está muy por encima de la misericordia humana, y eso es verdaderamente reconfortante.
Este versículo también destaca uno de los objetivos principales de los verdaderos cristianos: elevar nuestros pensamientos y nuestra mente para que funcionen como los de Dios (1 Corintios 2:16).
Jeremías 29:11
“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Eterno, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”.
Estas inspiradoras palabras se encuentran en medio de una carta que Dios inspiró a Jeremías a escribir a los cautivos de Jerusalén que vivían en Babilonia (Jeremías 29:1-2). Nabucodonosor había capturado a estos judíos en el año 597 a.C.
Jeremías escribió su carta para refutar las enseñanzas de los falsos profetas, quienes afirmaban que Babilonia pronto caería y que los cautivos regresarían a Jerusalén (vv. 8-9). En cambio, Jeremías indicó que el cautiverio duraría 70 años (v. 10), tal como lo había profetizado siete años antes (Jeremías 25:1, 8-14).
Si Jeremías hubiera dejado de escribir en ese momento, los cautivos habrían perdido la esperanza en el futuro. Ellos habían sido arrancados a la fuerza de su tierra natal, a cientos de kilómetros de distancia, y Jeremías les había dicho que no regresarían pronto.
Jeremías no dejó de trabajar tras reafirmar que los judíos vivirían en cautiverio durante 70 años. En el versículo siguiente, el profeta les asegura a los cautivos que Dios no los había olvidado ni los había abandonado. Al contrario, planeaba darle a su pueblo elegido “un futuro y una esperanza” (v. 11).
Con este conocimiento, podemos distanciarnos de nuestros propios problemas. Podemos reconocer que, aunque no comprendamos lo que nos sucede ni por qué, podemos estar seguros de que el Dios al que servimos no nos ha abandonado, así como no abandonó a su pueblo en cautiverio.
Hoy Dios ofrece a su pueblo un “futuro y una esperanza” aún mayores: la vida eterna en su familia (Tito 1:2).
Salmos 91:4-5
“Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día”.
La Nueva Traducción Viviente expresa la promesa de Dios de cuidado y protección con un lenguaje más familiar: “Con sus plumas te cubrirá y con sus alas te dará refugio. Sus fieles promesas son tu armadura y tu protección. No tengas miedo de los terrores de la noche ni de la flecha que se lanza en el día”.
Una cosa es saber algo intelectualmente, y otra muy distinta es sentir la protección de Dios.
Podemos saber que Dios es la fuente de nuestra fortaleza, como vemos en Isaías 40:31. Podemos consolarnos sabiendo que la misericordia de Dios supera con creces la misericordia humana, como nos dice Isaías 55:6-8. Podemos estar seguros de que Dios nos ofrece “un futuro y una esperanza”, como leemos en Jeremías 29:11.
Sin embargo, a veces necesitamos que nos recuerden que Dios es nuestro protector amoroso.
El Salmo 91 nos ofrece la reconfortante imagen de Dios como una madre que envuelve a sus polluelos con sus alas. Quienes están bajo la protección de Dios “no tendrán miedo”
(v. 5).
Para sentir esta seguridad, sin embargo, se requiere más que leer la Biblia con indiferencia. Si la leemos con espíritu de oración, amando a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, podremos sentir el consuelo de las Escrituras.
Juan 14:27
“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.
Jesucristo nos ha prometido la paz, y eso debería darnos un gran consuelo.
Jesús pronunció estas palabras la noche anterior a su crucifixión. Confirmó su promesa de paz (Juan 16:33) esa misma noche, al finalizar sus instrucciones a los once discípulos que aún lo acompañaban.
Jesús sabía que moriría de una muerte horrible, pero también sabía que sus discípulos serían puestos a prueba. Al igual que aquellos primeros discípulos, podemos sentir ansiedad o miedo al enfrentarnos a problemas aparentemente insuperables.
El estrés resultante puede dificultarnos comer, dormir o hacer prácticamente cualquier cosa. Es precisamente en esos momentos cuando más necesitamos la paz que sólo proviene de Dios.
La paz que Jesús prometió viene por medio del Espíritu Santo (Juan 14:16-17, 26).
La palabra griega es parakletos, que se traduce como “Consolador”. De hecho, esta palabra es una variación de paraklesis, el término que Pablo usó en Romanos 15:4 al hablar de la “consolación” de las Escrituras.
Jesucristo nos ha prometido la paz, y eso debería darnos un gran consuelo.
Romanos 8:38-39
“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Estos dos versículos concluyen uno de los pasajes más poderosos de la Biblia en cuanto a consuelo se refiere. Este pasaje se encuentra en el mismo libro donde Pablo escribió acerca del consuelo que brindan las Escrituras.
El capítulo 8 de Romanos comienza con la descripción de una vida humana guiada por el Espíritu Santo de Dios. La segunda parte, a partir del versículo 18, ofrece consuelo.
Pablo admitió ante la Iglesia de Roma que el caminar cristiano a menudo significa que debemos sufrir, pero sostuvo que “las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (v. 18).
Instó a los miembros de Roma a tener una perspectiva a largo plazo y escribió que “todas las cosas les ayudan a bien” para cualquiera que ame verdaderamente a Dios y haya sido llamado conforme a su propósito (v. 28).
Los últimos nueve versículos son sumamente alentadores y culminan en la declaración de Pablo de que nada puede separarnos del amor de Dios (vv. 38-39). Si bien esta carta a los Romanos fue escrita antes de las persecuciones de Nerón, estas palabras sin duda brindaron gran consuelo a los primeros mártires romanos.
Nosotros también podemos encontrar gran consuelo al saber que no hay poder, circunstancia ni acontecimiento que pueda separarnos del amor de Dios.
Los cristianos y el consuelo de las Escrituras
Podemos estar agradecidos por estos y otros pasajes bíblicos que nos brindan tanto consuelo. Pero para los cristianos, la historia no termina ahí. Hay más que debemos comprender.
Cuando Pablo escribió acerca de el consuelo de las Escrituras (Romanos 15:4), lo asoció con la necesidad de paciencia. La palabra griega traducida como “paciencia” es hypomone. Esta palabra podría traducirse como “perseverancia paciente”.
Eso significa que podemos buscar consuelo en las Escrituras, pero siempre debemos recordar que nuestras pruebas no desaparecerán de la noche a la mañana. Necesitamos perseverar con paciencia.
El contexto de Romanos 15 amplía aún más el concepto. El versículo 2 habla de agradar y edificar a los demás miembros de la Iglesia. Luego, los versículos 5 y 6 dicen: “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”.
Las Escrituras promueven la paciencia y el consuelo porque están inspiradas por el Dios de la paciencia y el consuelo. Debemos leer, apreciar, compartir y sentirnos animados por el consuelo que nos brindan las Escrituras, mientras nos edificamos mutuamente y glorificamos a Dios juntos.