Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Julio/Agosto 2020 de la revista Discernir

¿Qué aspectos de su vida han cambiado por el coronavirus?

La pandemia del COVID-19 (coronavirus) ha cambiado el mundo de muchas maneras. Pero ¿cómo lo ha cambiado a usted? ¿Y cuánto tiempo van a durar esos cambios?

No sé cómo sea el mundo en este momento.

Lo que quiero decir es que no lo sabía. Ahora lo sé. O, al menos, lo sabré. Aunque supongo que desde su perspectiva...

Mire, esto que estoy escribiendo es un artículo raro, ¿entiende? Tuve que escribir las palabras que usted está leyendo un mes y medio antes de que se publicaran.

Lo que significa que, mientras escribo estas palabras, no tengo ni idea de cómo va a cambiar el mundo (¿habrá cambiado?) después de otro mes y medio de estar lidiando con el impacto del coronavirus.

¿Lo tenemos bajo control? ¿La vida está volviendo a algún tipo de normalidad? ¿Nuestros intentos de aplanar la curva alteraron permanentemente la economía mundial? ¿Seguimos todavía con el distanciamiento social? ¿Sigue siendo de 1,80 metros? ¿Terminaron las cuarentenas o continúan?

Me gustaría saber esas respuestas para poder escribir algo profundo acerca de ellas —pero no las sé, así que no puedo. Pero hay una cosa de la que estoy seguro, incluso mientras escribo esto hace un mes y medio:

El coronavirus lo cambió.

Quiero hablar acerca de cómo lo cambió.

Puede que todavía esté o ya no esté en los titulares mientras usted lee estas palabras, pero su impacto global dejó una huella. ¿Qué huella dejó en usted? ¿Cómo cambió su vida todo lo que ha pasado, lo que es usted, lo que usted hace, cómo piensa y cómo vive? ¿Qué ha aprendido acerca de usted mismo en este proceso?

En este artículo, vamos a ver cinco preguntas que pueden ayudarnos a entender quiénes somos después del coronavirus.

1. ¿Cómo manejo el cambio?

Cualquier cambio (incluso un cambio que nos entusiasma) introduce un factor de estrés en nuestra vida, y el estrés hace que sea más fácil decir y hacer cosas de las cuales no estamos orgullosos. Una pandemia global que altera por la fuerza nuestra vida cotidiana nos expone totalmente a muchos cambios —y a mucho estrés.

¿Cómo lo manejó usted?

Cuando todo cambió tan repentinamente —cuando la gente empezó a hacer compras por el pánico, cuando los negocios empezaron a cerrar, cuando la descripción de funciones de su trabajo cambió o desapareció por completo, cuando empezaron los cierres y la cuarentena— ¿qué dijo usted? ¿Qué hizo? ¿Cómo trató usted a los que estaban a su alrededor?

El rey David (que sabía bastantes cosas acerca del estrés y los cambios de la vida) escribió: “Tu justicia es como los montes de Dios, tus juicios, abismo grande. Oh Eterno, al hombre y al animal conservas. ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas” (Salmos 36:6-7).

En tiempos intensos de cambio, podemos confiar en el amor y la protección de un Dios que es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).Con frecuencia es más fácil decir concedido que decir hecho. Pero en tiempos intensos de cambio, podemos confiar en el amor y la protección de un Dios que es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

Por supuesto que todavía podemos sentir miedo o frustración ante los cambios difíciles, pero sobrellevar el cambio se hace más fácil cuando enfocamos nuestra atención en el Dios todopoderoso que no cambia.

Nunca.

2. ¿Qué tan importantes son mis hermanos en la fe?

Antes de la cuarentena, los cierres y el distanciamiento social, las personas interactuaban entre sí con mayor frecuencia. Veíamos a otras personas en las tiendas, en los parques, en eventos, en restaurantes, en reuniones, y luego el coronavirus redujo nuestra vida social a prácticamente nada.

Eso afectó a algunas personas más que a otras —pero incluso los introvertidos como yo nos empezamos a dar cuenta de que estar alejados de las interacciones humanas básicas durante largos períodos de tiempo puede ser difícil.

En otras palabras, aprendimos que las personas son importantes. Que es fácil darlas por sentado. Que nuestras vidas son diferentes sin ellas —y eso es aún más cierto cuando se trata de nuestra familia de la Iglesia.

David también fue el que escribió, “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmos 133:1). El coronavirus nos ha privado de semanas y semanas de interacción con nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y eso es difícil. La Biblia advierte que no es bueno dejar de congregarnos (Hebreos 10:25), y el coronavirus nos ha ayudado a darnos cuenta por qué.

Nos necesitamos los unos a los otros. Pasar tiempo con nuestros hermanos en la fe es una parte integral de nuestro cristianismo.

Cuando ya no sea tan complicado reunirse con ellos, ¿lo va a seguir valorando igual?

¿Por cuánto tiempo?

3. ¿Tengo una actitud de servicio?

Cuando empezó la cuarentena y los cierres, ocurrió algo fascinante: la gente tuvo que cambiar. “La forma como siempre hemos hecho las cosas” dejó de ser una opción para prácticamente todo el mundo, de una sola vez, y mientras todos se esforzaban por adaptarse a una nueva normalidad, algunas consecuencias interesantes empezaron a surgir. Cosas como la generosidad. Y la amabilidad.

Los músicos empezaron a dar conciertos virtuales —gratuitos. Algunos propietarios empezaron a poner peluches en sus ventanas para que los niños del vecindario pudieran hacer safaris desde los carros. Las empresas comenzaron a ofrecer algunos de sus productos virtuales de forma gratuita.

YouTubers y streamers de la plataforma Twitch comenzaron a organizar noches de juegos de mesa para que su público pudiera jugar. La gente empezó a usar Zoom para conectarse y comunicarse de nuevas y creativas maneras. Las tiendas reservan horarios para que sus clientes ancianos y de riesgo puedan comprar lo que necesiten de manera segura.

En otras palabras, mucha gente (y negocios) comenzaron a prestar un servicio de una forma que ni lo habían pensado antes de que todo esto sucediera.

¿Y usted? ¿Encontró alguna nueva forma de servir a los demás? ¿Algo que nunca hubiera hecho antes? ¿Encontró algo en lo que es bueno —algo que disfruta hacer?

Y si no lo ha hecho, ¿puede encontrar algo ahora?

El coronavirus nos obligó a cambiar a todos, a reevaluar lo que estamos haciendo y por qué lo hacemos. Como cristianos, este tipo de auto evaluación no debería limitarse a las pandemias globales —pero es una oportunidad perfecta para que todos podamos descubrir nuevas formas de cumplir con: “hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).

4. ¿Qué tan resistente es mi paciencia?

Por supuesto, no todo lo que surgió de la cuarentena fue positivo. Con esta nueva normalidad (y menos oportunidades de salir de casa), la mayoría de nosotros estábamos un poco más tensos de lo normal y descubrimos que teníamos menos paciencia de la que pensábamos.

¿En qué situaciones se puso a prueba su paciencia durante la cuarentena —y qué revelaron esas situaciones acerca de usted?

Santiago escribió: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4).

Probablemente estos últimos meses le han dado una percepción bastante clara de los límites de su paciencia. Santiago dice que estas pruebas nos ayudan a generar paciencia —si las manejamos correctamente. Nos dan la oportunidad de concentrarnos, de no reaccionar con ira o frustración y de tomar mejores decisiones en el calor del momento.

Con la paciencia —como con la mayoría de los objetivos en el cristianismo— se trata más de mejorar que de la perfección. Si usted puede tomar sus experiencias de la cuarentena y usarlas para reforzar su paciencia un poco más, entonces usted estará avanzando.

5. ¿Qué tan consciente es usted de la profecía?

A medida que la cobertura de las noticias del coronavirus iba aumentando, muchas personas se empezaron a preguntar si esto tenía algo que ver con la profecía de la Biblia. ¿Era una de las últimas siete plagas? ¿Fue el principio del fin?

Para la mayoría de nosotros, la profecía es interesante pero un poco complicada. Las líneas de tiempo, los símbolos, los cumplimientos duales —todo puede ser un poco confuso. Pero la profecía es importante. Una gran parte de la Biblia contiene profecías acerca del pasado, el presente y el futuro —e ignorar esas profecías significa ignorar información valiosa acerca del plan de Dios.

Algunas de esas profecías nos dicen que las cosas se van a poner mucho, mucho más graves que la pandemia del coronavirus antes de que Jesucristo regrese para establecer el Reino de Dios en la Tierra —momento en el que las cosas se van a poner mucho, mucho mejor. Una parte importante de la profecía es saber lo que tenemos que hacer y, por lo tanto, éste es el momento de familiarizarse con lo que la Biblia dice que va a acontecer.

Un día, será demasiado tarde para leer las profecías de la Biblia —porque van a estar sucediendo a nuestro alrededor.

Como Jesús dijo: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:34-36; vea nuestro artículo “Velad y orad”).

¿En qué se va a convertir usted?

Si en el momento en el que usted esté leyendo estas palabras, lo peor de la crisis del coronavirus parece haber quedado atrás, puede que sienta que perdió algunas oportunidades para crecer —pero eso no es del todo cierto. Incluso ahora, hay tiempo para mirar atrás y crecer. Piense en sus experiencias durante la cuarentena y hágase esas mismas cinco preguntas.

Pero incluso si los cierres y la cuarentena siguen vigentes, el paso más importante es preguntarse a sí mismo cuales quisiera que fueran sus respuestas. El coronavirus nos permitió darnos un vistazo en el espejo, y ahora depende de cada uno de nosotros hacer algo al respecto.

Ya hemos visto quiénes somos, el tiempo que tenemos por delante es una oportunidad para convertirnos en lo que deberíamos ser.

De eso se trata Vida, Esperanza y Verdad. Nuestro Centro de Aprendizaje está lleno de material diseñado para ayudarlo a cambiar y crecer en el conocimiento de Dios.

El momento de empezar es ahora.

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