Asistir a los servicios de la Iglesia es algo que va más allá de las palabras. Es clave para promover relaciones que construyen y edifican.
La memoria todavía recuerda. Yo tenía unos cuatro o cinco años de edad. Mi hermano mayor y yo estábamos alistándonos para ir a dormir cuando escuchamos un suave golpe en la puerta principal.
Estaba bastante oscuro en ese momento de la noche. Un llamado a la puerta tan tarde era algo inusual, así que mi hermano y yo corrimos rápidamente hacia la puerta.
Nuestro padre abrió la puerta y se encontró con varias bolsas con víveres. En la oscuridad, pudimos ver varias luces traseras desapareciendo sobre el cerro.
Varias bolsas con alimentos. A mi edad, no me di cuenta de cuánto necesitaba mi familia el contenido de esas bolsas.
¿De dónde salieron? Esto sucedió mucho antes de que existieran los servicios de entrega de alimentos a domicilio.
La persona que de manera anónima dejó esas bolsas de tesoros era alguien de una iglesia que sabía de nuestras dificultades económicas.
Ese acontecimiento se quedó grabado en mi memoria. Fue una conmovedora lección de generosidad, amor, comunidad y la familia de la fe (Gálatas 6:10). Esas palabras tan trascendentales estaban más allá de mi comprensión en ese momento. Pero se plantó una semilla en mi mente.
La iglesia. Esa reunión semanal en un salón caluroso —entre personas de todo tipo de condición social— era mucho más que “sólo” la iglesia. Era más que cantar unos pocos himnos, escuchar un par de mensajes y salir rápidamente por la puerta.
No, era la familia.
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Hace casi 2.000 años, miles de personas se reunieron en Jerusalén para adorar a Dios y celebrar la fiesta anual de Pentecostés. Entre la multitud había un grupo de discípulos —individuos que habían respondido a las buenas noticias que había predicado Jesús de Nazaret.
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (Hechos 2:1). Todos unánimes. Juntos. Una comunidad unida. Si usted desea profundizar más en el significado de esta fiesta, lo invitamos a leer nuestro artículo en línea “El milagro y el significado de Pentecostés”.
Durante ese Pentecostés, esos discípulos recibieron un regalo increíble —el Espíritu Santo. Se integrarían a un cuerpo especial conocido en las Escrituras como la Iglesia de Dios.
Desde sus inicios, nunca se pretendió que la Iglesia fuera un grupo de individuos aislados. En lugar de esto, se esperaba que los miembros fueran unidos, involucrados y conectados. “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados… Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:41-42).
Este compañerismo inicial se convirtió en el modelo de la Iglesia. “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo” (vv. 46-47).
Este ambiente familiar reflejaba las directrices de Jesús: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). La unidad debía ser un sello distintivo de la Iglesia.
Pablo describió a la Iglesia de Dios como “la familia de la fe” (Gálatas 6:10). La Iglesia debe ser más que un grupo de individuos asociados de manera informal. Más bien, debe ser un grupo funcional e integrado, que comparta identidad, propósito y asociación familiar.
La orden es que se congreguen
La Iglesia debe reunirse constantemente en persona para los servicios religiosos. Esto no es nada nuevo para el pueblo de Dios. Al compartir sus fiestas, Dios declaró: “Las fiestas solemnes del Eterno, las cuales proclamaréis como santas convocaciones” (Levítico 23:2, énfasis añadido).
La palabra hebrea traducida como “convocación” se refiere a una reunión pública o una reunión religiosa sagrada.
No basta con creer. La intención de Dios es que su pueblo se reúna en su sábado semanal y en sus fiestas anuales. Jesús dio ejemplo de esta práctica (lo invitamos a leer Marcos 1:21-22; 3:1-6; 6:1-2; Lucas 4:16-21; 6:6-11; 13:10-17), y la Iglesia siguió su ejemplo (Hechos 2:1; 13:13-49; 18:4).
Pablo describió a esta comunidad como un “cuerpo” (1 Corintios 12:12-27). A pesar de los rasgos y las diferencias individuales, la Iglesia está destinada a ser “un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres” (v. 13). En el primer siglo, estas categorías podían ser motivo de división y polarización. Pablo exhortó a los cristianos a ser de una sola mente y un solo corazón.
Las categorías sociales y culturales modernas pueden ser igualmente divisivas. Pablo enfatizó que los cristianos “sois el cuerpo de Cristo” primero y luego “miembros cada uno en particular” (v. 27). Las preferencias individuales, dentro de los límites de la ley de Dios y la autoridad administrativa, no deben separar ni dividir a los cristianos. La eficacia y el poder de este Cuerpo se potencian cuando se reúne, cuando todas las partes están presentes, comprometidas espiritualmente y son fieles.
Diluido o restringido
La Iglesia no existe en un vacío espiritual. Pedro advierte: “porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).
Una amenaza recurrente es la devaluación y degradación de los servicios religiosos presenciales.
En muchas iglesias, los servicios contienen poca instrucción y enseñanza bíblica, sustituidas por una tendencia creciente de eventos de adoración al estilo de conciertos.
Muchas personas llegan justo antes del “espectáculo” y se van inmediatamente después. Otras, que se enfrentan a agendas agitadas y competitivas de deportes juveniles, compras, ocio y otros eventos, están abandonando por completo la asistencia presencial y recurriendo en su lugar a podcasts, transmisiones en vivo y videos.
La facilidad y el anonimato de un servicio en línea pueden resultar irresistibles. Sin embargo, la Biblia nos advierte que no “dejemos de congregarnos” (Hebreos 10:25).
Beneficios de reunirse
¿Por qué es tan importante congregarse? Los servicios presenciales constantes proporcionan numerosos beneficios a los cristianos, tales como:
1. Escuchar la Palabra de Dios expuesta.
El estudio individual de la Biblia y la oración son importantes. Sin embargo, todos los cristianos necesitan la instrucción de la congregación.
Pablo señaló: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). La fe se siembra a través de la enseñanza activa dentro de la Iglesia (vv. 14-16).
Dios proveyó pastores y maestros “a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12, Nueva Versión Internacional). La instrucción congregacional es un don.
Esta instrucción inspirada por Dios se da con mayor frecuencia cuando “el cuerpo de Cristo” se reúne en un servicio. Rechazar esas oportunidades de forma intencionada o descuidada es imprudente y puede llevar a un alejamiento espiritual (Proverbios 18:1).
2. Construir comunidad.
Es difícil fomentar una comunidad sin estar juntos. La asistencia constante facilita el desarrollo de relaciones. Esto no se puede lograr a través de un servicio digital pasivo, sólo para ver.
El objetivo es conectarse con otros cristianos de una manera profunda y significativa.
Jesús quería que su Cuerpo se conectara y creciera a través de estas relaciones. Tito 2:1-8 describe una congregación vibrante en la que “los ancianos” y “las ancianas” ofrecen ejemplos personales, consejos y perspectivas a las demás generaciones. Esta labor prospera en una congregación muy unida, pero es casi imposible de replicar a distancia.
Los diversos antecedentes, habilidades y experiencias que se encuentran dentro de la Iglesia de Dios pueden ayudar a las personas a evitar cometer los mismos errores que podrían alejarlo a uno de la verdad.
Se exhorta a los cristianos a que nos “Preocupemos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24, Nueva Versión Internacional). ¿Cómo empezamos? “No dejemos de congregarnos” (v. 25).
3. Ayudarnos unos a otros.
Las conexiones y la profundidad de las relaciones que se construyen a través de interacciones constantes pueden afectar muchos aspectos de la vida.
Los cristianos enfrentan pruebas (1 Pedro 4:12).
Afrontar y soportar esas pruebas puede ser más fácil cuando se cuenta con apoyo. Por ejemplo, los cristianos “ayuden a los hermanos necesitados” (Romanos 12:13). Sin lazos de comunidad, ¿cómo se podrían identificar con precisión las necesidades? Incluso de niño, me di cuenta de que las relaciones formadas a través de la asistencia regular a la Iglesia le habían hecho ver a alguien nuestra necesidad y lo habian inspirado a que nos llevara alimentos tarde en la noche.
Los cristianos también siguen fallando y pecando. Los compañeros cristianos pueden ofrecer una ayuda y un aliento significativos. “Hermanos míos, si alguno de ustedes se extravía de la verdad y otro lo hace volver a ella, recuerden que quien hace volver a un pecador de su extravío lo salvará de la muerte y cubrirá muchísimos pecados” (Santiago 5:19-20, Nueva Versión Internacional). Este tipo de intervención es eficaz en un entorno de confianza y conexión.
Cuando no es posible estar juntos
Reunirse con otros cristianos ofrece enormes beneficios. Sin embargo, hay situaciones en las que esto simplemente no es posible.
Algunos cristianos se enfrentan a problemas de salud que les impiden asistir en persona. Otros viven en zonas donde no hay otros creyentes cerca.
Si se encuentra en esta situación, ¿qué puede hacer? Aquí tiene algunas sugerencias prácticas:
- Siga a una congregación en línea. Contáctese con el pastor y con tantos miembros como sea posible.
- Esfuércese por tener tanta comunión y conexión como pueda. En algunos casos, es posible que otras personas puedan visitarlo.
- Manténgase conectado a través de llamadas, mensajes de texto y correos electrónicos. Siempre que sea posible, utilice tecnologías como Zoom, Teams, Telegram, WhatsApp o FaceTime para establecer conexiones de video y facilitar la comunión regular.
- Ore por los demás miembros de la congregación a medida que se vaya enterando de sus necesidades.
- Pídale a Dios que mantenga su fe y llame a otros para que respondan al evangelio (Juan 6:44; Mateo 9:38).
El objetivo es conectarse con otros cristianos de una manera profunda y significativa.
Únase a la familia
Los cristianos se fortalecen mediante la instrucción formal y las relaciones más profundas con otros creyentes.
¿Y usted? Si le interesa reunirse con otros cristianos que se esfuerzan por practicar el verdadero cristianismo, visite el sitio web de la Iglesia de Dios, una Asociación Mundial, para conocer las congregaciones en su país.
Descubrirá que la Iglesia es mucho más que palabras. Es una familia.