Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Mayo/Junio 2021 de la revista Discernir

La historia de Caín y Abel: ¿por qué es relevante en la actualidad?

¿Por qué es importante estudiar el primer homicidio? La historia de Caín y Abel ilustra nuestra dificultad para llevarnos bien. Pero Dios siempre tiene unos pocos elegidos que rechazan el camino de Caín.

El relato bíblico de los primeros seres humanos se encuentra en los capítulos iniciales de Génesis. Lo que leemos ahí es una reseña muy general de la historia humana. De hecho, los capítulos del 1 al 7 abarcan más de 1.650 años de historia, así que no hay mucho espacio para detalles.

Pero lo que la Biblia relata acerca de este período es de extrema importancia.

El contexto de Caín y Abel

Antes de analizar la relevancia de la historia de Caín y Abel, veamos su contexto. En Génesis 1-2 leemos cómo Dios acondicionó la Tierra para que albergara vida y después creó las plantas, las criaturas marinas, las aves, los mamíferos y a los seres humanos.

Luego, Génesis 3 relata que Satanás, en forma de serpiente, engañó a la primera mujer, Eva (vea también Apocalipsis 12:9). Le dijo que no necesitaba obedecer a Dios y que si comía del árbol prohibido, no moriría como Dios le había dicho. En cambio, le aseguró la serpiente, que llegaría a ser como Dios y podría decidir por sí misma cómo vivir.

El árbol del conocimiento del bien y el mal

El argumento de Satanás fue atractivo. Tanto que Eva y su esposo Adán (el primer hombre) desobedecieron a Dios y comieron del árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis 2:16-17; 3:1-6). Comer del árbol prohibido representaba su decisión de determinar por ellos mismos lo que es correcto e incorrecto, bueno y malo, apropiado e inapropiado, en lugar de buscar la guía y la autoridad de Dios. Esta trágica decisión ha sido imitada por toda la humanidad desde entonces y ha producido graves consecuencias.

Además de recibir la pena de muerte por su pecado de desobediencia directa al mandamiento de Dios (Romanos 6:23), Eva experimentaría dolor y tristeza en su maternidad y Adán tendría que trabajar muy duro para que la tierra le diera su alimento (Génesis 3:16-19). Y lo más importante, ambos fueron expulsados del jardín de Edén y perdieron el acceso al árbol de vida, que representaba la decisión de obedecer a Dios y seguir su camino hacia la inmortalidad (vv. 22-24).

Génesis 4 es un recuento del desarrollo de la civilización humana luego de que Adán y Eva eligieron decidir por sí mismos lo que era correcto y lo que no.Para una descripción más detallada de los dos árboles, lea “El árbol de la vida” y las entradas acerca de Génesis 2:9 y Génesis 3:22-23 en Versículos para meditar.

La historia de Caín y Abel se encuentra en el capítulo siguiente. Génesis 4 es un recuento del desarrollo de la civilización humana luego de que Adán y Eva eligieron decidir por sí mismos lo que era correcto y lo que no.

Los nacimientos de Caín y Abel

Caín fue el primer humano que nació de una mujer. Fue un momento alegre y lleno de esperanza. Luego de dar a luz, Eva exclamó: “Por la voluntad del Señor he adquirido un varón” (Génesis 4:1).

Después Eva tuvo otro hijo llamado Abel (v. 2). Algunos estudiosos dicen que el texto hebreo indica que los bebés eran gemelos.

Cuando los hijos de Adán y Eva crecieron, Caín se convirtió en un agricultor y Abel en un pastor. En cierta ocasión ambos le llevaron una ofrenda a Dios, cada uno del producto de su trabajo. Caín le llevó cosechas de la tierra y Abel un primogénito de sus ovejas (Génesis 4:2-4).

Luego leemos que a Dios le agradó la ofrenda de Abel, pero no la de Caín (v. 5). La Biblia no dice exactamente por qué, pero cualquiera que haya sido la razón, Caín la consideró injusta. Caín se sintió víctima en lugar de reconocer que era una respuesta de Dios a sus acciones. En lugar de humillarse y decidirse a cambiar, se enojó.

Dios le dijo que debía controlar sus emociones (vv. 5-6), pero Caín dejó que su ira y sus celos lo dominaran y sacaran lo peor de él.

Irónicamente, la libertad que Caín creyó obtener al rechazar la guía de Dios lo llevó a dejarse dominar por emociones equivocadas que lo condujeron a matar a su hermano. Los escritores del Nuevo Testamento describen esta situación como la “esclavitud” del pecado (Romanos 8:15; Gálatas 4:3; 2 Pedro 2:19).

El primer homicidio

¿Por qué Caín llegó a cometer un acto tan terrible y malvado —el malintencionado homicidio de su propio hermano? Juan explica que fue “Porque sus obras [las de Caín] eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3:12; compare con Hebreos 11:4).

Dios estaba inconforme con Caín debido a su manera de vivir. Judas se refiere a la forma de pensar y actuar de Caín simplemente como “el camino de Caín” (Judas 1:11).

Este camino, con sus patrones y acciones errados, es el que muchos siguen en la actualidad y el que causa los conflictos entre personas y países. Cuando las personas se sienten agraviadas y ofendidas, reaccionan con ira (lamentablemente, en muchos casos los agravios son reales).

Una lección vigente de esta historia es que desconfiar de Dios y desobedecerle como nos aconseja Satanás, a menudo nos lleva a desconfiar y lastimar a otras personas.

Guarda de mi hermano

Luego de que Caín matara a su hermano, Dios le preguntó dónde estaba Abel. Su famosa respuesta fue: “No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9).

Obviamente, Caín mintió; él sabía exactamente dónde se encontraba su hermano muerto.

La Biblia dice muy claramente que debemos amar y respetar a todos los seres humanos. Cristo resumió los Diez Mandamientos en dos grandes mandamientos: amar a Dios y amar al prójimo (Marcos 12:29-31). Y, a partir de esta instrucción, podemos concluir que ciertamente todos debemos ser guardas de nuestro hermano.

¿Cómo debería reaccionar un cristiano cuando es agraviado o maltratado? Recordemos que Dios le dijo a Caín que él era responsable de sus acciones; y le dijo que debía gobernar —resistir— las emociones negativas que podían llevarlo a pecar (Génesis 4:6-7).

Las personas y las naciones actuales necesitan seguir este consejo. Necesitamos examinarnos a nosotros mismos para determinar si nuestra vida es agradable a Dios. Si hemos pecado, debemos arrepentirnos. Y si no hemos pecado, de todas formas debemos respetar a los demás. Cuando amamos a Dios y obedecemos sus leyes buenas y beneficiosas, encontramos la paz y somos más capaces de amar a nuestro prójimo.

Lamentablemente, muy pocos reaccionan como Dios aconseja y el resultado es el que vemos en nuestro mundo, que se encuentra lleno de ira, divisiones, celos, homicidios y guerras. La ira polarizada que se refleja en la política, los grupos extremistas y los conflictos entre países existe porque la humanidad ha seguido el camino de Caín.

El fruto del árbol prohibido

Tras ignorar las instrucciones de Dios y matar a su hermano, Caín sufrió las consecuencias. La tierra fue maldita por su causa y su trabajo como agricultor se volvió mucho más difícil. Además, pasaría el resto de su vida como un fugitivo y vagabundo (vv.11-12).

Caín se quejó con Dios porque su castigo le parecía injusto y temía que lo mataran. Entonces, Dios le puso una marca para que nadie atentara contra su vida (v. 15). Pero todo parece indicar que Caín de todas formas pasó el resto de su vida temiendo que alguien lo asesinara.

El bien y el mal

Cuando los seres humanos rechazan la instrucción de Dios, simbólicamente deciden comer “del árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:17). Aunque ésta es una elección que conduce a la muerte (Proverbios 14:12), también puede producir algunas cosas buenas, porque el árbol representa tanto el bien como el mal.

El legado de los descendientes de Caín incluyó el desarrollo de la música y la habilidad de fundir y forjar el bronce y el hierro —cosas que pueden usarse para bien o para mal (Génesis 4:21-22). Pero su familia también practicó la poligamia y su estilo de vida condujo a la inseguridad de vivir en un mundo lleno de violencia, crueldad y maldad (vv. 19, 23-24; Génesis 6:5).

La vida lejos de Dios y en oposición a sus instrucciones produce consecuencias lamentables.

El camino de Caín vs. el camino de la justicia

Otro punto que muchos pasan por alto en los primeros capítulos de Génesis es que desde entonces la humanidad se dividió en dos caminos de vida. Así como muchos eligieron el camino de Caín, hubo algunos pocos que siguieron el camino de Dios.

Abel tuvo una vida justa (1 Juan 3:12). Después de su muerte, Eva tuvo otro hijo llamado Set. “Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín” (Génesis 4:25). Y las Escrituras indican que al menos una parte de los descendientes de Set se esforzaron por seguir el ejemplo de Abel y vivir justamente. Entre ellos, la Biblia dice que Enoc y Noé caminaron con Dios (Génesis 5:24; 6:9).

Pero la mayoría siguió el ejemplo de Caín y en cierto punto Dios decidió que la decadencia debía detenerse. Sólo salvó a una minoría (Noé y su familia) para preservar a la raza humana tras el diluvio. Eligió a los pocos que se estaban esforzando por vivir justamente.

De la misma manera, Cristo dijo que unos pocos escogidos serán fundamentales para salvar a la última generación de la destrucción total (Mateo 24:22, 37).

La historia de Caín y Abel sigue siendo relevante en la actualidad. Dios aún está atento a la minoría que se esfuerza por vivir el camino de la justicia.

La fiesta anual de Pentecostés (este año es el 16 de mayo) conmemora el inicio de la Iglesia de Dios, a quienes Jesús describe como los elegidos y una pequeña manada (Hechos 2:37-47; Lucas 12:32). Estos términos nos recuerdan el principio de que Dios honra a los pocos que se esfuerzan por vivir como lo hicieron Abel, Enoc y Noé.

Los dos caminos que Caín y Abel eligieron aún existen: el camino de Caín y el camino de la justicia. ¿Cuál seguirá usted?

Continuar leyendo

×

Suscríbase a Discernir