¿Es posible ser demasiado amable? ¿Estaba mostrando misericordia tal como Dios la muestra, o estaba obstaculizando el proceso de aprendizaje? ¿Cómo deben los padres aplicar la misericordia?
Era una etapa difícil en la crianza de mi hijo. El niño en cuestión no estaba haciendo los cambios necesarios. Se le quitaron privilegios. Se le impusieron castigos. Se le dieron amonestaciones. Ambos derramamos lágrimas. Pero nada cambió.
Busqué consejo en muchas fuentes, pero quien realmente marcó la diferencia fue la persona que me dijo: “Simplemente estás siendo demasiado amable”.
¿Demasiado amable?
Esto me tomó por sorpresa. ¿Cómo podía ser “demasiado amable” con un niño?
La persona señaló que, cuando imponía las sanciones y le quitaba los privilegios, casi siempre le ofrecía la oportunidad de “recuperar los privilegios” como recompensa por su buen comportamiento.
Ésta no era mi primera experiencia en la crianza de los hijos y esta “técnica” motivacional había funcionado muchas veces antes.
Pero éste era un niño diferente, con una mentalidad diferente. Con este niño, siempre se traspasaban los límites, y cuando le ofrecía la oportunidad de recuperar los privilegios, la misericordia se convertía en algo que él daba por sentado. Y cuando eso sucedía, el castigo quedaba anulado y la lección se perdía. Nada cambiaba porque él sabía que podía seguir haciendo lo incorrecto, y que yo siempre le daría un respiro.
Pero la misericordia es buena, ¿correcto? Vemos una y otra vez a lo largo de las Escrituras que Dios ama la misericordia.
Entonces, ¿por qué la misericordia no funcionaba con este niño? ¿La estaba usando de manera incorrecta o en el momento equivocado?
¿Cómo puede una persona mostrar demasiada misericordia o mostrarla en el momento equivocado? ¿Es eso siquiera posible?
Bueno, en realidad, sí.
La relación entre la ley, la justicia, el juicio y la misericordia
Podría ser útil analizar otros conceptos importantes —la ley, la justicia y el juicio. La ley define lo que está bien y lo que está mal; establece los límites. (Como ejemplo, piense en conducir un automóvil. Un límite podría ser una velocidad máxima de 50 kilómetros por hora).
Ser justo es obedecer la ley. Uno es justo porque obedece la ley, y es culpable (injusto) porque no lo hizo. (Iba a 75: es culpable).
El juicio pone en marcha una acción o una sanción. (Ahora debe una multa de 200 pesos por ir a 75 en una zona de 50 kilómetros por hora.)
En este escenario, la misericordia dice: “Aunque deba esta multa, voy a dejarlo libre de culpa”.
La misericordia, en general, es una exención o bondad mostrada por compasión hacia una persona a la que se tiene la capacidad de sancionar o perjudicar.
Pero, si la misericordia se concede automáticamente cada vez que se incurre en una sanción, la ley pierde su sentido. La gente haría lo que quisiera cuando quisiera porque estaría segura de que la sanción siempre se eliminaría. Piense honestamente en qué tan rápido conduciría si supiera que nunca se le impondría una sanción.
¿Cómo aplica Dios la misericordia?
¿Es así como Dios aplica la misericordia? ¿Acaso Él, en efecto, ve que pecamos, nos dice que la pena es la muerte y luego, automáticamente, simplemente borra esa pena cada vez? Si ese fuera el caso, ¿por qué habría una ley en primer lugar?
Dios sí quiere ser misericordioso con nosotros, pero ¿hay algo más de por medio?
Dios expone su ley en las páginas de la Biblia. Ésta nos marca los límites entre lo correcto y lo incorrecto. Cuando traspasamos esos límites, somos culpables de pecado. El juicio establece que, debido a que somos culpables, la pena es la muerte. Dios, en su misericordia, nos dice que nos arrepintamos y cambiemos (Hechos 3:19). Hay un llamado a la acción.
Lo que nuestro Padre quiere
Nuestro Padre espiritual quiere mostrarnos misericordia, pero también quiere que cambiemos. Quiere vernos esforzarnos por ser obedientes. Quiere que aprendamos la lección para que no sigamos repitiendo el error. El arrepentimiento y la conversión significan que escuchamos a Jesucristo y decidimos vivir una vida diferente —tomar decisiones diferentes. El arrepentimiento implica un cambio de acción y de corazón.
No estaba permitiendo que el proceso de enseñanza se completara. Tenía que esperar a ver un cambio de actitud antes de eliminar la sanción.
Dios nos da su ley para mostrar nuestro camino; Él espera que estudiemos y aprendamos de esa guía maravillosa que nos ha dado. Quiere que reconozcamos nuestros pecados, cambiemos nuestra conducta y nuestro corazón, y pidamos perdón. Y quiere concedernos misericordia. Desea con toda su alma concedernos misericordia. Pero sabe exactamente cuándo concedérnosla —y cuánto tiempo debe esperar a que aprendamos primero lo que necesitamos.
Cómo aprender a aplicar la misericordia
También quiere que aprendamos a aplicar la misericordia.
Jesús relató la parábola de los dos deudores en Mateo 18:22-35. Un hombre tenía una deuda y se acercó a la persona a quien se la debía con una actitud aparentemente arrepentida, pidiéndole tiempo para saldar la deuda. La persona a quien le debía tuvo misericordia de él y no sólo le dio tiempo, sino que, de hecho, le perdonó toda la deuda.
Sin embargo, el hombre que había recibido misericordia no mostró la misma compasión hacia otra persona que tenía una deuda con él. La historia no terminó muy bien para el hombre despiadado.
Un punto importante de esa historia es que Dios es muy misericordioso con nosotros. Incluso facilitó esa misericordia al permitir que su Hijo fuera brutalmente asesinado para pagar por nuestros pecados. Por lo tanto, tenemos la responsabilidad de reflejar la misericordia que Él nos muestra hacia nuestros semejantes. Pero debemos considerar cómo aplicarla de manera correcta.
Cómo aplicar la misericordia en la crianza de los hijos
A nosotros, como cristianos, se nos ha concedido mucha misericordia en nuestras vidas. Cuando pensamos en estos principios para aplicar la misericordia, es interesante recordar cómo Dios ha usado la misericordia con nosotros con gran sabiduría. Y descubrimos que hay muchas formas en las que nosotros también podemos ofrecer misericordia a los demás.
Para mí, la crianza de los hijos ha sido una clase intensiva acerca de la justicia, el juicio y, específicamente, la misericordia. Cada niño tiene necesidades diferentes, al igual que cada cristiano. Estudiar cómo Dios aplica estos principios nos ayuda a cada uno de nosotros a aplicarlos en diversas situaciones de nuestra vida: la crianza de los hijos, el trabajo, etcétera. Con amor, debemos establecer las reglas, explicar las consecuencias, hacer cumplir esas consecuencias y luego esperar para ser misericordiosos.
En este caso, con este niño, me di cuenta de que estaba usando la misericordia como un soborno. El proceso de aprendizaje se estaba viendo anulado porque no estaba dejando que la “ley” y las sanciones le enseñaran una lección. No estaba permitiendo que el proceso de enseñanza se completara. Tenía que esperar a ver un cambio de actitud antes de eliminar la sanción.
No me resultó fácil hacer este ajuste, pero cuando lo hice, el niño dejó de insistir tanto y, de hecho, se produjo un cambio. ¡Fue increíble ver cómo el camino de Dios funcionaba una vez más!