A lo largo de la historia, la mayoría de las personas han creído en alguna forma de vida después de la muerte. No obstante, hay mucha confusión acerca de cómo alcanzar la vida eterna y cómo será.
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El concepto de la vida después de la muerte se encuentra en diferentes pasajes del Antiguo Testamento. Isaías escribió: “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán” (Isaías 26:19).
Job meditó acerca de esa misma pregunta: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, Hasta que venga mi liberación” (Job 14:14).
Hacia el final de sus días, a Daniel le fue dicho: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna” (Daniel 12:2). Así mismo, en Salmos 133:3 se nos habla acerca de una “vida eterna” como bendición de Dios.
Una creencia casi universal
La creencia en una vida después de la muerte ha existido en muchas culturas —no sólo entre aquellos que adoran al Dios de la Biblia.
Las civilizaciones antiguas, como la egipcia, desarrollaron ideas detalladas acerca de la vida después de la muerte. Los egipcios creían que la muerte era el comienzo de una transición en la que el alma viajaba a través del inframundo hasta alcanzar el “Campo de los juncos” —una visión perfecta de la vida terrenal.
Los egipcios creían en un juicio moral justo después de la muerte, y los cuerpos eran momificados para darle un hogar al alma. Las tumbas eran provistas con oro, alimentos y herramientas para que el muerto llevara al siguiente mundo.
Ya que la creencia de una vida después de la muerte está tan popularizada, algunas personas concluyen que todas las religiones conducen, en última instancia, al mismo destino.
¿Conducen todos los caminos a la vida eterna?
La inmortalidad no es automática, y no se alcanza recorriendo diferentes caminos. Es un don de Dios que se le dará a quienes le respondan con fe y obediencia.
Si todas las creencias conducen al mismo destino, sería lógico escoger el camino más fácil. Pero, ¿respalda la Biblia esta idea?
No.
Consistentemente la Biblia revela que sólo existe un Dios verdadero. Cómo Dios les dijo a los israelitas: “Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo” (Deuteronomio 32:39; comparar con Isaías 43:10; 44:6; 45:5).
Además, las Escrituras enseñan que sólo existe un camino definido para la vida eterna.
Jesús explicó que sólo hay un camino —un camino difícil que pocos seguirán— que conduce a la vida eterna. “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14).
Lo que enseñó Jesús
Jesús predicó, durante su ministerio terrenal, el “evangelio del reino” (Mateo 4:23). Un aspecto fundamental de este mensaje es la promesa de la vida eterna y las condiciones necesarias para obtenerla.
En una ocasión, un joven rico le preguntó directamente: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” (Mateo 19:16).
La respuesta de Jesús fue: “Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (v. 17).
El propósito de los mandamientos de Dios
Cuando se le preguntó a qué mandamientos se refería, Jesús comenzó a mencionar varios de los Diez Mandamientos para confirmar que eran precisamente a los que se refería. La obediencia a los mandamientos de Dios siempre ha sido lo que Él espera de quienes lo aman y respetan.
Dios reveló los Diez Mandamientos en voz alta ante los antiguos israelitas en el monte Sinaí (Éxodo 20). Y Jesús, los apóstoles y la Iglesia que Él fundó guardaron los Diez Mandamientos.
Hacia finales del primer siglo, después de que la Iglesia hubiera existido durante aproximadamente seis décadas, algunos falsos maestros afirmaban que ya no era necesario seguir estas instrucciones de Dios.
Juan rechazó enérgicamente esta falsa enseñanza, cuando escribió: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Juan 2:4). También escribió: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3; comparar con 2 Juan 1:6).
¿Y qué hay del sábado?
En la actualidad, algunos enseñan ideas erróneas similares. En particular, a menudo se afirma que el mandamiento de guardar el séptimo día sábado ya no es necesario.
Algunos dicen que el sábado era sólo para los judíos. Otros afirman que sólo tenemos que guardar los mandamientos de Jesús, los cuales, según ellos, son diferentes a los Diez Mandamientos. Y hay quienes sostienen que los primeros cristianos cambiaron el sábado por el domingo en conmemoración de la resurrección de Cristo.
Pero un estudio minucioso de las Escrituras revela que todas estas enseñanzas son falsas.
Si usted desea saber lo que realmente dice la Biblia acerca de guardar los Diez Mandamientos, incluido el séptimo día sábado, lo invitamos a consultar el artículo “Los Diez Mandamientos en la actualidad” y el folleto los Diez Mandamientos de Dios.
¿Cambió Pablo los requisitos?
Algunos creen que el apóstol Pablo enseñó un camino diferente hacia la salvación. Pero él mismo dijo que su mensaje era coherente con el de los demás apóstoles (1 Corintios 15:11).
Jesús lo resumió claramente: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
(Por supuesto, muchos murieron sin conocer a Jesús ni su mensaje. Dios ha preparado un camino para que todos los que han vivido alguna vez tengan la oportunidad de decidir tras una futura resurrección a la vida física. Lo invitamos a leer nuestro artículo “¿Es justo Dios?”.)
Cómo es posible la vida eterna
Pablo defendió la importancia de la ley de Dios (Romanos 7:12; 1 Corintios 7:19). Pero también nos recordó la cruda realidad de que todos hemos pecado, y que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 3:23; 6:23). Ninguno de nosotros podría jamás pagar esa pena y seguir viviendo.
No obstante, Dios ha abierto un camino para que nos arrepintamos y seamos perdonados. ¡Jesucristo pagó la pena por nosotros!
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16; también puede ver 1 Juan 5:11-12; Juan 10:27-28).
Quienes crean seguirán las instrucciones de Pedro: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).
Creer verdaderamente en Jesús no es sólo aceptar que existió. El tipo de fe que conduce a la vida eterna incluye compromiso y obediencia impulsados por el Espíritu Santo. Como dijo Jesús: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).
Por supuesto, los mandamientos de Jesús eran los mandamientos de Dios. Ambos estaban y están en perfecta armonía entre sí (Juan 10:30).
La vida eterna es, en última instancia, un don de Dios el Padre que nos puede ser otorgado por medio de Jesucristo (Romanos 6:23).
¿Qué es la vida eterna?
Muchos imaginan la vida eterna como ir al cielo inmediatamente después de la muerte y retirarse a una existencia nebulosa de alegría y felicidad sin fin.
Si bien la Biblia promete un futuro sin dolor, tristeza ni muerte (Apocalipsis 21:3-4), también revela detalles importantes que a menudo se pasan por alto.
La Palabra de Dios describe la vida eterna como una herencia.
En múltiples pasajes, la Biblia habla de personas que tienen la oportunidad de “heredar la vida eterna” (Mateo 19:29; Marcos 10:17; Lucas 10:25; 18:18). Un gran número de pasajes bíblicos también muestran que Dios considera el don de la vida eterna como una herencia familiar, lo que significa que podemos formar parte de su familia eterna.
Dios es nuestro “Padre” espiritual (Mateo 6:9) y, si respondemos a su llamado, tendremos “potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Del mismo modo, Jesús se refiere a nosotros como sus hermanos y hermanas (Hebreos 2:11; Mateo 12:48-50).
Esto significa que la vida eterna no es sólo una existencia sin fin, sino que también incluye convertirnos en una parte valiosa y productiva de la familia de Dios.
Una de las primeras tareas que tendrán los fieles de Dios cuando reciban la vida eterna al regreso de Cristo es reinar con Él como reyes y sacerdotes en el Reino de Dios (Apocalipsis 5:10; Daniel 7:27).
Si usted desea saber más acerca de Dios y su ofrecimiento para que formemos parte de su familia eterna, lo invitamos a leer nuestro artículo en línea “Hijos de Dios”.
¿Cuándo podemos recibir la vida eterna?
Las Escrituras muestran que las personas no van al cielo ni reciben la vida eterna al morir. Mas bien, enseñan que los muertos están inconscientes (Eclesiastés 9:5, 10; Salmos 146:4).
Jesús dijo: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo” (Juan 3:13).
La Biblia enseña que el pueblo fiel de Dios heredará la vida eterna cuando Cristo regrese. Pablo escribió en 1 Tesalonicenses 4:16: “El Señor mismo descenderá del cielo”, y en ese momento “los muertos en Cristo resucitarán primero”. Dios “vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11).
En resumen
La Biblia da una respuesta clara y coherente a la pregunta: ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
- Arrepentirse y creer en Jesucristo.
- Ser bautizado y recibir el Espíritu de Dios.
- Obedecer los mandamientos de Dios.
- Seguir el camino estrecho que Él definió.
La inmortalidad no es automática, y no se alcanza recorriendo diferentes caminos. Es un don de Dios que se le dará a quienes le respondan con fe y obediencia.
Si quiere heredar la vida eterna —una vida significativa, llena de alegría y sin fin como parte de la familia de Dios— la instrucción de Jesús sigue siendo la misma:
“Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.
Si usted desea profundizar acerca de cómo encontrar y seguir el camino estrecho que conduce a la vida eterna, lo invitamos a descargar nuestro folleto gratuito “¿Qué es un verdadero cristiano?”.