La doctrina tradicional protestante y católica incluye la creencia en un infierno de fuego eterno. ¿Cómo podría un Dios amoroso torturar a la gente en el infierno por toda la eternidad?
Crédito de la imagen: ftwitty/E+ a través de Getty Images (editada al español)
Hace años le hice a un amigo una pregunta que me había inquietado durante mucho tiempo: “¿Cómo puede un Dios amoroso y misericordioso condenar a la gente al infierno para siempre?”. Ese pensamiento me había impedido interesarme por cualquier iglesia.
Me sorprendió la respuesta simple y directa de mi amigo: “No lo hace”.
¿Se ha detenido usted alguna vez a pensar qué significaría la idea común del infierno, si fuera cierta? ¿Qué significaría respecto al sentido de justicia de Dios? ¿Qué significaría respecto a su misericordia? ¿Y qué significaría respecto a su poder?
El propósito de este artículo no es debatir si existe un infierno de tortura eterno o no. Las Escrituras enseñan claramente que para los seres humanos “la paga del pecado es la muerte” (Romanos 6:23). Esto se refiere a la segunda muerte: convertirse en cenizas en un lago de fuego (Malaquías 4:3; Apocalipsis 20:14-15). No se trata de una eternidad de agonía en un infierno de fuego.
La enseñanza bíblica se explica detalladamente en nuestros artículos “¿Qué es el infierno?”, “¿Se quemarán para siempre en el infierno las personas malas?” y “¿Tormento eterno?”.
En lugar de debatir si tal infierno existe o no, este artículo aborda por qué la idea de un infierno de fuego eterno, lleno de almas atormentadas, no es incompatible con el carácter de Dios.
Mi preocupación inmediata
En la conversación que tuve con mi amigo hace mucho años, mi principal preocupación era lo injusta que resulta la idea del infierno. Me inquietaba lo que la existencia del infierno significaba en relación con la justicia de Dios.
Una eternidad en el infierno como castigo debido a unos pocos años de hacer lo malo simplemente no es justa. La verdadera justicia consiste en cosechar lo que uno ha sembrado (Gálatas 6:7), pero no en una cosecha infinita de agonía.
Ser atormentado durante miles de millones de años como consecuencia de 70 u 80 años de pecado no es justicia. Es un castigo excesivo.
El Dios de misericordia
Atormentar a los pecadores durante miles de millones de años es incompatible con lo que sabemos acerca de la misericordia de Dios. El Dios de la Biblia no es rencoroso ni vengativo, como a menudo lo somos los humanos.
Por eso Dios inspiró al profeta Isaías a escribir: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Eterno. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9).
El contexto inmediato de estos versículos es una reflexión acerca de la misericordia de Dios. A través de Isaías, Dios exhortó a su pueblo a arrepentirse, asegurándoles que si volvían a Él, tendría misericordia (v. 7).
A diferencia de los seres humanos, que pueden albergar pensamientos de odio y venganza desenfrenados, Dios busca extender su misericordia.
Un infierno de fuego eterno es simplemente incompatible con los pensamientos de misericordia de Dios, que son mucho más elevados que nuestros pensamientos de venganza.
Otro problema con la creencia en el infierno
Estos temas me inquietaban mucho, pero había otro que no consideré hasta mucho después de aquella conversación con mi amigo. ¿Qué implicaría la creencia común acerca del infierno en relación con el poder de Dios?
La idea de que los pecadores van al infierno por toda la eternidad y los santos al cielo establece una dualidad en el mundo espiritual. En última instancia, implica que Satanás está en igualdad de condiciones que Dios.
El poeta inglés John Milton, en su obra épica El paraíso perdido, retrató a Satanás como el gobernante del infierno. Milton, en su obra, puso en boca de Satanás las siguientes palabras: “Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”.
En ninguna parte de la Biblia encontramos indicio alguno de que Satanás sea la contraparte de Dios. Él no puede hacer nada sin el permiso de Dios (Job 1:9-12; 2:4-6).
Sin embargo, en la cultura popular y en algunos círculos religiosos, Satanás es representado compitiendo con Dios por las almas de hombres y mujeres.
¿Está ganando Satanás?
Si uno cree en el concepto tradicional del infierno, un vistazo rápido a la demografía mundial sólo puede llevar a una conclusión: Dios está perdiendo la batalla contra Satanás.
La enseñanza clara de las Escrituras es que Dios es justo y misericordioso, y que su poder es incomparable. No está al mismo nivel que Satanás, ni está perdiendo la batalla contra el Diablo.
Nunca ha habido un momento en que en cristianismo en general haya representado siquiera la mitad de la población mundial y, de hecho, siempre han constituido mucho menos de la mitad.
Una encuesta del 2022 acerca de las religiones en el mundo reveló que el cristianismo representa menos de un tercio (31,6 %) de la población mundial. Otros estudios han demostrado que este porcentaje no ha variado mucho durante el último siglo.
Si nos guiamos únicamente por las cifras, parecería que Satanás está ganando la batalla.
¿Le importan a Dios Asia y África?
Aunque el cristianismo se originó en Galilea y Judea, en el Cercano Oriente, durante gran parte de sus 2.000 años de historia se ha limitado principalmente a Europa. Incluso hoy en día, el cristianismo nominal no está distribuido uniformemente por todo el mundo. En Asia y Oriente Medio, por ejemplo, hay pocos cristianos.
Muchas personas han vivido en lugares donde nunca tuvieron la oportunidad de aprender acerca del Dios de la Biblia. ¿Acaso han sido condenadas a sufrir agonía por toda la eternidad sólo por haber tenido la mala suerte de nacer en Asia o en algún lugar donde el cristianismo no está muy extendido?
¿Acaso generaciones de europeos se dirigen al cielo mientras que los nativos americanos precolombinos se dirigen al infierno? ¿Serán las personas del rico mundo occidental, donde las Biblias son fácilmente accesibles, eternamente más bendecidas por Dios, en contradicción con los pobres campesinos de Bangladesh o Somalia?
Algunos argumentan que tales personas podrían ser juzgadas con un criterio diferente, pero eso no es bíblico. Jesús enseñó claramente que Él es el camino (Juan 14:6), no un camino. Pedro posteriormente reiteró esta enseñanza al declarar que no hay “salvación en ningún otro nombre” (Hechos 4:12).
Algunos cristianos creen que miles de millones de personas se dirigen al infierno. Argumentan que el peligro que acecha a tantos en el mundo “debería ser uno de los motivos que impulsan la evangelización como una tarea urgente para todos los cristianos” (Zondervan, vol. 3, p. 117).
¿Qué revela esta perspectiva acerca del carácter y el poder de Dios?
Ni siquiera un tercio
Aproximadamente un tercio de la población mundial se considera cristiana, pero eso no significa que todos los cristianos lo sean realmente. Muchos se identifican como católicos, bautistas o presbiterianos porque crecieron en familias que pertenecían a esas iglesias, aunque asistan con poca frecuencia.
Crecer en una iglesia o autodenominarse cristiano no lo convierte en uno. Ni siquiera lo hace consciente de lo que implica el cristianismo bíblico.
En su Sermón de la Monte, Jesús habló de personas que creen ser cristianas, pero que no lo son: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos” (Mateo 7:21).
Muchos cristianos profesantes saben muy poco acerca de la Biblia o acerca de lo que significa ser cristiano. El encuestador George Gallup describió a Estados Unidos como la nación más cristiana del mundo, pero al mismo tiempo como “una nación de analfabetos bíblicos”.
Las implicaciones del infierno
¿Qué implica el hecho de que Dios haya llamado a tan pocos —ni siquiera a un tercio de la población mundial en ningún momento de la historia— si usted cree en la doctrina del cielo y del infierno? Si usted cree esto, entonces (lo sepa o no) usted cree que Dios tiene un poder limitado.
El concepto común del infierno tiene un precio. Creer en él implica aceptar limitaciones en el sentido de la justicia de Dios, en su capacidad de misericordia y en el alcance de su poder.
Sin embargo, las Escrituras presentan una imagen completamente diferente de Dios. El Dios que vemos en las páginas de la Biblia suele definirse como un Dios de justicia y misericordia, y se le describe como poseedor de un poder incomparable. De hecho, ésta fue la razón por la cual Él se identificó ante Abram como el Dios Todopoderoso (Génesis 17:1).
Dios de justicia y misericordia
Numerosos pasajes resaltan el amor de Dios por la justicia. Se nos dice que “todos sus caminos son rectitud; Es recto y Justo” (Deuteronomio 32:4) y que “ha dispuesto su trono para juicio” (Salmos 9:7). Él es un Dios justo, y así nos lo dice: “Porque yo, el Eterno, amo la justicia” (Isaías 61:8).
La Biblia también enfatiza el deseo y la capacidad de misericordia de Dios. De hecho, Él pospone el juicio para dar tiempo al arrepentimiento.
Pablo explicó esto a la Iglesia de Roma. Utilizando los términos paciencia y longanimidad para expresar la idea de misericordia, escribió que “Su benignidad nos guía al arrepentimiento” (Romanos 2:4).
Juan unió a la justicia con la misericordia, mostrando su interconexión. En su primera epístola, escribió que Dios “es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9). Nótese que el perdón, asociado a la misericordia, es resultado del sentido de justicia de Dios.
Pedro también escribió que “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Para comprender mejor cómo Dios planea extender su misericordia a todas las personas, consulte nuestro artículo “¿Es Dios justo?”.
Dios de poder
A lo largo de la Biblia, vemos a Dios como un Ser con un poder ilimitado.
Ante los ejércitos invasores de Moab y Amón, Josafat, rey de Judá, oró públicamente pidiendo la ayuda de Dios. En esa oración, reconoció el poder de Dios:
“Y dijo: Eterno Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista?” (2 Crónicas 20:6).
Josafat señaló específicamente que “nadie puede resistir” a Dios. No fue el único rey antiguo en reconocer esta verdad. David escribió que “de Dios es el poder” (Salmos 62:11).
Incluso en tiempos difíciles, el pueblo de Dios ha encontrado consuelo en el poder absoluto de Dios. Dios ofreció ese consuelo a Judá cuando la nación se enfrentó a la destrucción y al exilio en Babilonia.
Durante ese tiempo oscuro, Jeremías registró la promesa aparentemente imposible de Dios de que haría regresar a los exiliados a su tierra natal: “He aquí que yo soy el Eterno, Dios de toda carne. ¿Habrá algo que sea difícil para mí?” (Jeremías 32:27).
¿Qué significa esto para nosotros?
La enseñanza clara de las Escrituras es que Dios es justo y misericordioso, y que su poder es incomparable. No está al mismo nivel que Satanás, ni está perdiendo la batalla contra el Diablo.
Todo esto pone de manifiesto la inconsistencia del concepto tradicional de un infierno eterno donde los humanos son castigados para siempre. Sencillamente esto no es cierto. Lo que Dios sí tiene reservado para quienes se arrepienten y para quienes no, es algo justo y misericordioso. Él es todopoderoso y no está limitado por nada, ni siquiera por la muerte.
¿Qué significa esto para los seres humanos?
En primer lugar, podemos encontrar consuelo en la justicia, la misericordia y el poder de Dios. Comprender el carácter de Dios es fundamental para nuestra fe.
Como el apóstol Pablo explicó a la Iglesia en Roma: “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38-39).
En segundo lugar, dado que la justicia y la misericordia son características esenciales de Dios, debemos esforzarnos al máximo por imitar estas características en nuestras vidas, reconociendo humildemente el poder divino. Éste es un objetivo que el profeta Miqueas exhortó al pueblo de Dios a perseguir:
“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide el Eterno de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8).
Le invitamos a estudiar más acerca del poder y el carácter de Dios en nuestro folleto “Conociendo al Dios de la Biblia”. También usted puede leer más de lo que la Biblia revela acerca del plan de Dios con relación a lo que sucede después de la muerte, en nuestro folleto “El último enemigo: ¿Qué sucede realmente después de la muerte?”.