Cómo afrontar el miedo y el estrés

A veces pareciera que nuestro mundo y nuestra vida están todo el tiempo al borde del desastre. ¿Cómo sobrevivir al constante bombardeo de ansiedad, miedo y estrés?

Si las búsquedas en Google indican algo, la ansiedad en el mundo ha estado aumentando. Sólo en los últimos ocho años, las búsquedas de “ansiedad” se incrementaron a más del doble.

26 por ciento de los estadounidenses dicen haber estado bajo “mucho estrés” durante el mes pasado, y 49 por ciento tuvo al menos un evento estresante importante el año anterior (“The Burden of Stress in America” [“La carga del estrés en Estados Unidos”], NPR/ Fundación Robert Wood Johnson / Escuela de salud pública de Harvard). En el Reino Unido, la última encuesta de población activa además arrojó que “entre 2014 y 2015, el estrés causó 35 por ciento de los casos de mala salud y [9,9 millones de días, lo que equivale a] 43 por ciento de los días laborales no trabajados por enfermedad”.

Nuestro mundo está lleno de cosas por las cuales estresarse, preocuparse e incluso temer. Los noticieros no dejan de informar acerca de ataques terroristas, tensiones raciales, crímenes violentos, guerras entre pandilleros, corrupción en el gobierno y conflictos regionales en aumento que causan la muerte de cientos de miles de personas y expulsan a millones de sus hogares. También está la amenaza real de que alguna zona de conflicto estalle y dé comienzo a una guerra mundial que utilice armas nucleares, químicas y biológicas.

Aun en el plano personal, muchos enfrentan enfermedades crónicas, deudas en aumento, relaciones rotas, frustraciones continuas y la creciente agresividad e inmoralidad que impera en nuestras comunidades y familias.

Como resultado, la mayoría nos encontramos en un estado constante de ansiedad y estrés, acompañado de ocasionales brotes de miedo.

Es cierto que nuestros cuerpos están diseñados para ponerse en modo de crisis cuando enfrentamos situaciones peligrosas. A menudo este estado se conoce como “la respuesta de lucha o huida”. Sin embargo, cuando el miedo se convierte en algo crónico —cuando el estrés y la ansiedad nos agobian constantemente— las incesantes crisis pueden desgastar nuestro cuerpo y mente por completo. Nuestra salud mental, emocional y física puede verse comprometida.

¿Qué podemos hacer para manejar mejor el miedo, la ansiedad y el estrés?

En primer lugar, veamos la historia de dos hombres que adoptaron la respuesta de lucha o huida al encontrarse en una situación de crisis. ¿Qué hizo nuestro Creador para redirigir sus reacciones de forma saludable?

Luego analizaremos otros factores físicos y espirituales que pueden ayudarnos a manejar —e incluso crecer en— las situaciones de estrés.

La huida de Elías

Los profetas de Dios no tenían vidas fáciles. Ellos fueron los primeros enviados a predicar la verdad a los poderosos del mundo, a veces arriesgando sus propias vidas. Por ejemplo, en una ocasión Dios le ordenó a Elías llevar un mensaje al malvado rey Acab y a un pueblo que ya no respetaba al Creador. Pero al mismo tiempo, Dios hizo el gran milagro de enviar fuego del cielo para convencer a todos de que Él era el único Dios verdadero.

Elías tuvo una gran victoria sobre los enemigos de Dios ese día. Pero los enemigos volvieron a atacar casi de inmediato: la malvada reina Jezabel envió un mensajero a decirle a Elías que lo mataría antes del día siguiente.

Conociendo su reputación de ser despiadada, Elías entró en pánico y huyó por su vida tan rápido y lejos como pudo.

“Basta ya, oh Eterno, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (1 Reyes 19:4), oró el profeta desde su escondite. Prefería morir en manos del Dios misericordioso que ser asesinado por la infame Jezabel.

Dios, sin embargo, redirigió el miedo de Elías paciente y tiernamente. “¿Qué haces aquí, Elías?”, le preguntó (v. 9).

“He sentido un vivo celo por el Eterno Dios de los ejércitos; porque los

hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida”, le recordó Elías a Dios (v. 10).

Dios entonces se reveló al profeta con una serie de milagros y le volvió a hacer la misma pregunta. Pero la respuesta también fue la misma. Al ver su reacción, Dios simplemente le dio a Elías nuevas órdenes de batalla, recordándole que en lugar de enfocarse en los peligros debía volver para hacer su voluntad. Además, lo tranquilizó diciéndole que no estaba

solo: “yo haré que queden en Israel siete  mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal” (v. 18).

Cuando nos enfrentamos al miedo y el estrés, Dios espera que nos reenfoquemos en Él y en el trabajo que tiene para nosotros. Ese trabajo lo comparten miles de personas que, como nosotros, se preparan para el regreso de Jesucristo —la única esperanza real que el mundo tiene. Conozca más acerca de esto en nuestros artículos de VidaEsperanzayVerdad.org: “¿Cuál es la misión de la Iglesia?” y “Nuestra esperanza para el futuro”.

La lucha de Pedro

Los discípulos no entendían bien a qué había venido Cristo cuando vino por primera vez. Sabían que se convertiría en Rey, pero no que primero debía morir para pagar por nuestros pecados.

Entonces, cuando el traidor Judas Iscariote se acercó con hombres armados para arrestar a Jesús, Pedro estaba listo para luchar por su Rey. Seguramente tuvo miedo, pero no huyó; lo que hizo fue empezar a lanzar golpes con su espada.

“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha” (Juan 18:10). ¿Habrá sido la oreja realmente su objetivo, o más bien el siervo tuvo la suerte de agacharse?

Pero definitivamente lo que pasó después  dejó a Pedro sin ganas de luchar. “Mete tu espada en la vaina”, porque es la voluntad de Dios, le dijo Jesús (v. 11); “Basta ya; dejad. Y tocando su oreja”, Cristo sanó al siervo (Lucas 22:51).

Aún así, Pedro no huyó y siguió a Jesús al lugar en que sería juzgado. El apóstol sabía que su vida corría peligro porque había atacado al siervo del sumo sacerdote. Pero ahora también sabía que Cristo no lo quería ver luchando, y probablemente se preguntaba si Dios haría algo para protegerlo.

Más tarde, un grupo de espectadores le preguntó a Pedro si era seguidor de Cristo, ¡pero el apóstol negó a su Salvador tres veces! Y cuando se dio cuenta de que era justo lo que Jesús había predicho, “saliendo fuera, lloró amargamente” (Mateo 26:75).

Pedro aprendió que no podía confiar en su propia valentía y voluntad para luchar contra los peligros que lo rodeaban. Es por eso que Cristo lo redirigió hacia la necesidad de hacer su voluntad. Cuando hacemos la voluntad de Dios, podemos confiar en que Él nos dará la protección y valentía que necesitamos.

Luego de ser resucitado, Cristo le dio a Pedro una nueva instrucción. Haciendo un paralelo con sus pasadas tres negaciones, Jesús le preguntó tres veces si realmente lo amaba; y tres veces lo dirigió hacia el trabajo que tenía por hacer: “Apacienta mis ovejas” (Juan 21:17).

Factores físicos

El miedo y el estrés obviamente tienen componentes físicos, que van desde el peligro en sí hasta la reacción del cuerpo. Y hay cosas que pueden influir en la forma en que reaccionamos, como por ejemplo, el descanso y el ejercicio.

Como dice el viejo refrán (comúnmente atribuido a la leyenda del fútbol americano Vince Lombardi): “la fatiga nos hace a todos cobardes”. El descanso es tan importante que Dios mismo lo incluyó en sus mandamientos para nuestro beneficio. (Aprenda más acerca del día de reposo semanal en nuestro folleto gratuito El sábado: un regalo de Dios que hemos descuidado.)

Por otro lado, hacer ejercicio regularmente puede aumentar nuestra resistencia física y ayudarnos a manejar el estrés.

Según la Anxiety and Depression Association of America [Asociación de Ansiedad y Depresión en Estados Unidos], “Los científicos han comprobado que hacer ejercicio aeróbico regularmente disminuye los niveles generales de tensión, eleva y estabiliza el ánimo, mejora el sueño, y mejora la autoestima. Incluso cinco minutos de ejercicio aeróbico pueden estimular los efectos anti estrés”.

Sin embargo, llega un punto en que los esfuerzos físicos no son suficientes para evitar o controlar el estrés. Los peligros de este mundo a veces están fuera de nuestro control e incluso de nuestro entendimiento.

Afortunadamente, la Biblia nos muestra una fuente de ayuda que trasciende el plano físico.

Paz mental espiritual

Dios no sólo nos ofrece ayuda práctica; también nos da el conocimiento espiritual de su perspectiva. Viéndolo desde la posición privilegiada de Dios, todo lo que enfrentamos —todo lo que el mundo enfrenta— no está fuera de control, sino totalmente bajo el control del Creador. Dios tiene un plan para muy pronto solucionar aun los problemas más insolubles de la humanidad. Ninguna fuerza abrumadora o crisis inexorable es rival para el Creador todopoderoso.

Veamos algunas promesas de Dios para quienes se comprometen a seguirlo y obedecerle.

Cuando estamos preocupados y ansiosos:

“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?... vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:31-33).

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:6-7).

Cuando tenemos miedo de estar a la deriva y de que las cosas estén fuera de nuestro control:

“Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya” (Salmos 91:4-6).

“…estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

“…la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma” (Hebreos 6:18-19). Hebreos 11:35-39 además habla de muchas personas fieles a Dios que vencieron situaciones desesperantes enfocándose en la esperanza de ser resucitados al regreso de Cristo.

Cuando nos sentimos afligidos y estresados:

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7). El versículo 8 también nos aconseja meditar en cosas verdaderas, puras y virtuosas —otra clave para tener paz mental.

“Estas cosas os [Jesús] he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3). 

Consejos para reducir el estrés

¿Qué podemos aprender entonces de estas historias bíblicas e inspiradores versículos?

Pídale a Dios paz mental y protección.

Eche sus preocupaciones sobre Él -y no las vuelva a tomar.

Trate de descansar y ejercitarse lo suficiente, respetando especialmente el día de reposo ordenado por Dios.

Medite en cosas verdaderas, puras y virtuosas.

Busque hacer la voluntad de Dios, sabiendo que Él tiene un plan para resolver todos los problemas y acabar con todos los males.

Enfóquese en hacer su parte en la obra de Dios y en prepararse para el regreso de Cristo.

Estudie las promesas de Dios y recuerde lo que Él ha hecho para fortalecer su fe.

Aprenda más acerca de cómo reclamar las promesas de Dios en los artículos de la sección “¿Qué es la fe?” de VidaEsperanzayVerdad.org.