Saúl y la adivina de Endor: ¿qué sucedió realmente?
Saúl buscó la guía de un profeta fallecido mediante la nigromancia. ¿Aceptó Dios este acto de parte del rey? ¿Habló Saúl realmente con el fallecido profeta Samuel?

Crédito de la imagen: Personal de VEV utilizando IA
¿Pueden los adivinos comunicarse con los muertos? Incluso en nuestro mundo moderno, hay personas que afirman tener esta capacidad. A veces, alguien que está de luto por la pérdida de un ser querido decide contratar a un adivino con la esperanza de hablar con el difunto.
Otros deciden acudir a un adivino en busca de tranquilidad que los muertos supuestamente dan, creyendo que estos poseen una visión única del mundo de los vivos y pueden ofrecer orientación o consuelo.
¿Muestra la Biblia que los adivinos pueden hablar con los muertos?
Hay un relato en la historia bíblica que, según algunos, confirma que los adivinos pueden comunicarse con los muertos en nombre de los vivos.
La historia se encuentra en 1 Samuel 28 y tiene como protagonistas al rey Saúl, una adivina y, supuestamente, al profeta Samuel.
Saúl hizo todo lo posible por encontrar y contratar los servicios de una adivina con el propósito específico de invocar al profeta Samuel, quien llevaba muerto aproximadamente cinco años.
Una lectura superficial del relato parece indicar que la adivina logró establecer contacto con el profeta fallecido. Al parecer, Samuel pudo transmitirle al rey una profecía acerca de su destino.
El mensaje principal fue: “Tú, Saúl, morirás mañana en batalla”. ¡Eso fue exactamente lo que sucedió!
Pero, ¿prueba esto que el mensaje provino del profeta Samuel?
¿Es posible comunicarse con los muertos?
¿Realmente pudo la adivina invocar a Samuel de entre los muertos? ¿Podía el profeta fallecido conocer el futuro? ¿Se comunicó realmente el difunto Samuel con el rey Saúl?
El término técnico para referirse al intento de invocar a los muertos con el fin de obtener conocimiento o predecir el futuro es nigromancia. Los pueblos del antiguo Oriente Medio solían creer que esto era posible y desarrollaron diversos métodos para practicarlo.
La nigromancia era tan común en la tierra de Canaán y en las naciones vecinas que Dios le dio a Israel una ley que prohibía explícitamente todas sus formas.
Toda afirmación de comunicación con una persona fallecida es un engaño, independientemente de que el adivino se dé cuenta o no.
Dios dijo: “Cuando entres a la tierra que el eterno tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones [actos detestables] de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos” (Deuteronomio 18:9-11).
Pero, ¿por qué Dios lo prohibió con tanta firmeza? ¿Acaso Él intentaba impedir que su pueblo adquiriera conocimientos secretos que los muertos pudieran supuestamente transmitir?
¡En absoluto! La verdad es que los muertos no tienen conciencia de ninguna manera. Esto es cierto para todas las personas, independientemente de si hayan vivido con rectitud o con maldad.
Eclesiastés 9:5 lo expresa claramente: “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben” (énfasis añadido).
Las Escrituras enseñan de manera consistente que los muertos permanecen inconscientes hasta la resurrección (Daniel 12:2; Juan 11:11-14). Por lo tanto, cualquier espíritu que afirme que es un ser humano fallecido debe ser visto con gran cautela.
Los muertos no pueden ofrecer a los vivos ninguna información acerca de… ¡nada!
Toda afirmación de comunicación con una persona fallecida es un engaño, independientemente de que el adivino se dé cuenta o no.
Para obtener más información acerca del estado de los muertos, lea “Alma inmortal: ¿qué es el alma?”.
La comunicación con los espíritus
Sin embargo, esto no quiere decir que los seres humanos no puedan, en ocasiones, comunicarse con seres espirituales. La Biblia deja en claro que existen ángeles caídos —demonios— deseosos por interactuar con seres humanos crédulos, no para impartir conocimiento secreto, sino para engañar y desviar.
Algunas traducciones de la Biblia utilizan la expresión espíritus de muertos para referirse ya sea a los espíritus demoníacos asociados con los adivinos o a los propios adivinos. El término sugiere una asociación continua entre la persona y el espíritu (demonio), que se implica una alianza impía.
En esta relación, cada uno busca beneficiarse del otro.
El intermediario humano puede obtener fama, notoriedad o una recompensa económica a través de una supuesta capacidad para “hablar con los muertos”. El demonio, a su vez, obtiene una vía para engañar e influir a quienes buscan los servicios del adivino.
El contacto con los demonios es peligroso
Los demonios no tienen ningún interés en ayudar a la humanidad. Por el contrario, el objetivo final de Satanás y sus demonios es la destrucción de ésta. Para lograr ese objetivo, no dudan en engañar, ya sea diciendo mentiras descaradas o mezclando verdades a medias con falsedades.
Dios advirtió que recurrir a los adivinos corrompería espiritualmente a la nación de Israel (Levítico 19:31). Él agregó que consideraba tal acto tan infiel, que expulsaría al infractor de la nación y lo condenaría a muerte (Levítico 20:6, 27).
La prohibición de Dios contra todas las formas de “nigromancia” tenía como fin proteger a su pueblo de estos peligros.
Para comprender mejor los problemas relacionados que platean estas actividades, lea nuestros artículos “La canalización: ¿qué dice la Biblia acerca de contactar a los muertos?” y “La astrología y la Wicca: ¿cuál es el peligro?”.
El temor de Saúl
Los acontecimientos de 1 Samuel 28 tienen lugar mientras el rey Saúl dirigía al ejército de Israel contra su enemigo de siempre, los filisteos. El versículo 4 nos indica dónde tenían sus campamentos los dos ejércitos: los filisteos en Sunem, cerca del cerro de Moreh, y los israelitas a unos 16 kilómetros al sur, en el monte Gilboa. Desde sus posiciones, parece que los dos ejércitos podían verse mutuamente a través del valle.
Saúl y los israelitas se encontraban en clara desventaja numérica. Estaba aterrorizado. La Biblia dice que: “se turbó su corazón en gran manera” (v. 5). Sin embargo, Saúl tenía motivos para temer algo más que al ejército filisteo que tenía frente a él. Dios se había apartado de Saúl, negándose a responder a sus súplicas de ayuda, ya fuera directamente o por medio de los sacerdotes o los profetas (v. 6).
Imagínese estar completamente aislado de Dios: ¡sin duda sería aterrador! Pero, ¿por qué adoptaría Dios una postura tan extrema? Después de todo, Dios había elegido a Saúl para ser el primer rey de Israel. ¿Qué había provocado un cambio tan drástico en su relación?
Dios había rechazado a Saúl mucho antes
Para encontrar la respuesta, debemos retomar la historia en 1 Samuel 15, donde nos damos cuenta de que Saúl había desobedecido abiertamente las instrucciones que Dios le había dado por medio del profeta Samuel. Saúl ya lo había hecho antes, pero esta fue la gota que rebalsó el vaso.
No fue Dios quien le dio la espalda a Saúl, sino que fue Saúl quien le dio la espalda a Dios.
El capítulo concluye con Dios ordenándole a Samuel que le dijera en pocas palabras a Saúl: “He terminado contigo. Serás destituido del trono y sustituido por alguien más calificado para gobernar a Israel”.
A partir de ese momento, Dios le ordenó a Samuel que no tuviera nada más que ver con Saúl.
El carácter del rey Saúl
Dios no destituyó a Saúl inmediatamente. De hecho, el rey tuvo tiempo para arrepentirse, para apartarse del mal camino que había elegido. Pero no lo hizo. Saúl siguió trazando un rumbo de conducta deplorable.
A continuación hacemos un breve resumen de las acciones del rey, que condujeron a su encuentro con la adivina:
- Saúl estaba dispuesto a quitarle la vida a cualquiera que considerara una amenaza. Samuel temía por su vida (1 Samuel 16:2).
- Saúl se volvió tan inestable que quedó expuesto a un espíritu demoníaco (v. 14).
- Saúl se volvió increíblemente celoso del éxito de David, quien en ese entonces era un oficial leal en el ejército del rey, e intentó asesinarlo en dos ocasiones (1 Samuel 18:8, 11; 19:10).
- En su paranoia, Saúl acusó injustamente a su hija de traición (1 Samuel 19:17).
- Saúl maldijo públicamente a su hijo Jonatán, acusándolo de traición, e intentó asesinarlo (1 Samuel 20:30-33).
- Saúl acusó falsamente al sacerdote Ahimelec de traición y lo ejecutó junto con 84 compañeros sacerdotes. Incluso ordenó la matanza de todas las mujeres y niños que vivían en la ciudad de los sacerdotes (1 Samuel 22:16-19).
Saúl nunca se arrepintió
Estos acontecimientos se prolongaron durante varios años, y en ningún momento Saúl volvió a Dios ni buscó el arrepentimiento y el perdón.
Todo esto explica por qué Dios ya no respondía a las oraciones de Saúl. Para cuando el rey consultó a la adivina, se encontraba solo, sin el consejo ni la bendición de Dios.
No es de extrañar que Saúl estuviera aterrorizado al enfrentarse al poderoso ejército filisteo. Desesperado por escapar de su apuro, buscó la ayuda de Dios de todas las formas que se le ocurrieron, excepto a través de un arrepentimiento genuino.
Su último acto desesperado fue intentar contactar al profeta Samuel, quien ya había fallecido.
¡Dios no suspendió la realidad!
Algunos comentarios sugieren que Dios se compadeció de Saúl e hizo que Samuel resucitara de entre los muertos para comunicarse con él.
La Biblia muestra que la comunicación con los muertos es imposible.
Sin embargo, esa idea es absurda. Saúl se había separado por completo de Dios mediante una serie de acciones pecaminosas.
Además, como se explicó anteriormente, la Biblia muestra que la comunicación con los muertos es imposible. Samuel estaba muerto y, por lo tanto, una adivina no podía despertarlo temporalmente.
Entonces, ¿qué sucedió cuando Saúl se reunió con la adivina en Endor? En primer lugar, considere este breve comentario al final de 1 Samuel 28:3: “Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos (médiums)”.
La Biblia no explica ni cuándo ni por qué lo había hecho. Simplemente nos brinda esta información de contexto para que sepamos cuán inusual fue la historia que sigue.
El punto es que, en el momento de la batalla contra los filisteos, supuestamente no quedaban adivinos en Israel. ¡Pero tan pronto como Saúl preguntó dónde podría encontrar uno, su séquito sabía de uno y se lo indicó (v. 7)!
El gran esfuerzo de Saúl por reunirse con la adivina
Sabemos que a Saúl le costó un esfuerzo considerable llegar hasta la adivina. Ella vivía en Endor, al norte del valle de Jezreel y al noreste de Sunem, donde los filisteos tenían su campamento. Para evitar al ejército filisteo, Saúl y sus siervos tuvieron que emprender un peligroso viaje al amparo de la oscuridad, rodeando las líneas filisteas y regresando luego por el mismo camino al campamento israelita.
Más adelante nos enteramos de que Saúl no había comido en todo ese día ni durante la noche de su viaje (v. 20).
Buscar a la adivina no fue una búsqueda reflexiva de consejo por parte de un hombre maduro y piadoso. Fue el acto desesperado de un rey espiritualmente inestable y emocionalmente agotado que había llegado al límite de su resistencia: un hombre que había desafiado a Dios y de quien el Eterno se había apartado.
Una vez más, la idea de que Dios bendijera de alguna manera este acto, y que realmente resucitara a Samuel, es absurda.
Saúl pecó por consultar a la adivina. Además, le estaba pidiendo que realizara un acto prohibido por la ley de Dios e ilegal, según su propio decreto.
El falso contacto con Samuel
Examinemos ahora el diálogo entre Saúl, la adivina y el espíritu que ella invocó.
Saúl le pidió que “[Hiciera] venir a Samuel” (1 Samuel 28:11).
Ella siguió con su ritual, pero quedó conmocionada por lo que sucedió. El versículo 12 dice: “Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz”.
Como explicamos, en realidad no pudo haber sido Samuel. El profeta llevaba varios años muerto, inconsciente, completamente separado de la tierra de los vivos (Eclesiastés 9:5).
En esa situación de extrema tensión, la adivina supuso que el espíritu que vio era Samuel.
Cuando Saúl le preguntó qué había visto, ella no dijo que fuera Samuel, sino sólo que había “visto dioses que suben de la tierra” (v. 13).
Cuando se le preguntó cómo se veía el espíritu, ella dio una descripción vaga de un anciano que vestía un manto. La Biblia no dice que fuera Samuel, sino que Saúl entonces entendió (percibió) que era Samuel (v. 14).
En su estado agitado e inestable, Saúl quería creer que realmente había eludido la censura de Dios y que la adivina había podido invocar al profeta fallecido.
Un engaño absurdo
Analicemos lo que el supuesto Samuel le dijo a Saúl.
Comenzó preguntando: “¿Por qué me has inquietado haciéndome venir?” (v. 15). Esa afirmación encaja con la ilusión de que la adivina realmente había invocado a Samuel de entre los muertos.
A continuación, el espíritu inmundo le dijo a Saúl que Dios se había apartado de él, se había convertido en su enemigo y le había quitado el reino para dárselo a David (vv. 16-17). Al decir esto, el espíritu repitió con precisión el juicio que Dios había pronunciado acerca de Saúl por medio de Samuel, años antes, en 1 Samuel 15. El espíritu inmundo también predijo correctamente que Saúl moriría en batalla al día siguiente (v. 19).
¿Acaso estas afirmaciones veraces y la predicción precisa demuestran que el espíritu era realmente Samuel? La respuesta en un no absoluto. Como se señaló anteriormente, los demonios son capaces de decir verdades parciales cuando ello les permite alcanzar sus propósitos o sirve para confundir a los seres humanos.
Debemos señalar que el mensaje del espíritu inmundo contiene una contradicción llamativa. Reconoció que Dios se había apartado de Saúl y ya no se comunicaba con él. Sin embargo, al mismo tiempo afirmó estar transmitiendo un mensaje de Samuel en nombre de Dios. Si Dios hubiera decidido dejar de hablarle a Saúl a través de su profeta, ¿por qué habría cambiado de rumbo al permitir que Samuel regresara de entre los muertos para entregar un mensaje a Saúl?
Si Dios hubiera resucitado a Samuel en respuesta al acto pecaminoso de nigromancia de Saúl, el Eterno habría estado validando una práctica que Él mismo condenó en su ley, al tiempo que revocaba su propia decisión de no responder a Saúl. Hacerlo habría puesto a Dios en contradicción consigo mismo.
Los demonios pueden ser convincentes
Los espíritus demoníacos no sólo salpican a veces sus mentiras con algo de verdad, sino que también tienen poder, aunque limitado, que puede llevar a las personas a suponer que son mensajeros de Dios.
En los primeros tiempos de la historia de Israel, Dios reveló que habría impostores que se harían pasar por sus mensajeros y que, en ocasiones, incluso podrían predecir el futuro con precisión. Pero Dios dijo que no debemos dar por sentado que todos los que afirman hablar en su nombre realmente lo hacen, aun cuando sus profecías se cumplan (Deuteronomio 13:1-4).
Lo que realmente ocurrió en Endor
¿Qué sucedió realmente en la visita de Saúl a la adivina en Endor? Este hecho marcó el acto final de rebelión del rey, en una vida trágicamente pecaminosa. Aunque pudiera parecer que Saúl estaba buscando a Dios, en realidad continuaba con su patrón de larga data de rechazar a Dios.
Trágicamente, este acto de infidelidad fue una de las razones por las que Dios permitió que Saúl muriera (1 Crónicas 10:13-14).
Entonces, el rey no se comunicó con el espíritu del profeta Samuel, ya fallecido.
Sin lugar a dudas, la adivina se encontró con un espíritu, pero no era Samuel ni el espíritu de ningún ser humano fallecido. Era un espíritu engañoso, un demonio, que se hacía pasar por Samuel.
Fecha de publicación: Agosto 20, 2026