La Declaración de Independencia dio lugar a una república que se ha denominado "el último gran experimento" en materia de gobierno humano. ¿Cuáles han sido los resultados de todos los experimentos del hombre?
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En julio del 2026 se conmemorarán 250 años de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Aunque se refiere específicamente a la fundación de la República de los Estados Unidos, la Declaración también influyó y marcó otros movimientos independentistas de los siglos XIX y XX.
La firma de la Declaración marcó el inicio oficial de una revolución que condujo a la formación de los Estados Unidos de América.
Un rayo de esperanza
Tras ocho largos años de guerra, las colonias norteamericanas salieron victoriosas. Los británicos firmaron el Tratado de París el 3 de septiembre de 1783, pero no fue hasta el 21 de junio de 1788 cuando se ratificó la Constitución de los Estados Unidos. Esto estableció un nuevo sistema de gobierno que fue aclamado como un rayo de esperanza y de posibilidades. (Esto ocurrió después de que los Artículos de la Confederación demostraran ser inviables.)
George Washington, comandante de las fuerzas estadounidenses y primer presidente de la nación, describió más tarde al nuevo gobierno como “el último gran experimento” en materia de gobierno humano (carta a Catharine Sawbridge Macaulay Graham, 9 de enero de 1790).
Abraham Lincoln, en un discurso ante el Congreso el 1 de diciembre de 1862, describió de manera célebre a la nación como “la última y mejor esperanza de la tierra”.
Lista de agravios
En esencia, la Declaración de Independencia era una lista de agravios. Los firmantes identificaron 27 puntos de discordia —una lista de razones por las que los colonos debían liberarse del dominio británico.
Estos iban desde que el rey británico enviara “enjambres de oficiales para acosar a nuestro pueblo y devorar sus bienes” hasta “imponernos impuestos sin nuestro consentimiento”.
La Declaración sigue celebrándose, pero la idea de una revolución basada en agravios no era nueva. Aunque algunos puedan ver la Declaración como una expresión novedosa o única de los ciudadanos contra un gobierno central, las Escrituras nos recuerdan que “no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9).
La historia de la humanidad está plagada de una larga lista de movimientos separatistas y de resistencia. Numerosos grupos, unidos por la etnia, la religión, las creencias políticas, el comercio, la familia o la ira, han rechazado una forma de gobierno para adoptar otra.
La Biblia cuenta que la nación elegida por Dios también buscó un tipo diferente de gobierno. “Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel” —el último de los jueces designados por Dios para guiar a su pueblo— “y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones” (1 Samuel 8:4-5).
Los líderes de Israel tenían su propia lista de razones por las que querían que hubiera un cambio de gobierno. Samuel, desanimado, llevó el asunto ante Dios en oración.
La respuesta de Dios es reveladora. “Y dijo el Eterno a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo” (1 Samuel 8:7-8).
Dios vio más allá de su lista de quejas e identificó el meollo del asunto.
El verdadero problema: “a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos”.
Este comportamiento se remonta al Jardín del Edén, cuando nuestros primeros padres rechazaron a Dios como gobernante y autoridad. Adán y Eva declararon su independencia de Dios, y la familia humana ha luchado con la independencia desde entonces.
Intentos fallidos de gobernarnos a nosotros mismos
Desde el Jardín de Edén, los humanos han intentado una cantidad increíble de sistemas políticos: monarquía, dictadura, oligarquía, teocracia, democracia, república, comunismo, anarquía, etcétera. Todos han sido probados, y todos han sido descartados, derrocados y rechazados a su vez.
Las ideologías políticas, incluyendo el socialismo, el capitalismo, el marxismo, el despotismo y el anarquismo, han sido defendidas como los medios más nuevos, mejores y más innovadores para ofrecer un gobierno duradero y pacífico. Sin embargo, ninguna ha demostrado ser duradera.
Algunos intentos han resultado ser mucho peores para millones de personas. Otros han traído beneficios tangibles —para algunos.
Por ejemplo, la Pax Romana (la paz romana) fue un “estado de relativa tranquilidad a lo largo de la Antigüedad clásica y en el mundo mediterráneo desde el reinado de Augusto (27 a. C.-14 d. C.) hasta el reinado de Marco Aurelio (161-180 d. C.)” (Britannica). Sin embargo, fue sólo una paz limitada y moderada, reservada para aquellos que se sometían al dominio y al gobierno de Roma. Aquellos que no se sometían a la voluntad romana a menudo eran brutalizados, esclavizados o masacrados.
La república estadounidense ciertamente ha permitido la libertad personal a una escala en gran parte desconocida. No sólo ha permitido a los verdaderos cristianos vivir sus creencias libremente, sino que también ha hecho posible la libertad de predicar el mensaje del evangelio.
No obstante, ningún sistema de gobierno ha logrado establecer una paz real, una unidad perdurable, y que la comunidad experimente una gran satisfacción. Y, quizás lo más importante, ningún sistema de gobierno ha producido una moralidad genuina en su pueblo. El sistema estadounidense de libertad, si bien permite la libertad de religión, también ha facilitado las condiciones para una inmoralidad que va en aumento.
La independencia de Dios
Todas las formas de gobierno ideadas por el hombre comparten un defecto fatal. La búsqueda de la independencia por parte del hombre, como respuesta a agravios reales o percibidos, ha significado, en esencia, el rechazo de la autoridad y el poder de Dios.
Es cierto que algunos gobiernos han hablado de Dios de manera superficial. Muchos de los fundadores de la república estadounidense manifestaron que comprendían que era necesario confiar en la providencia de Dios. Sin embargo, aunque muchos de ellos mencionaron un poder superior en sus escritos, eso no ha hecho que la nación defienda y practique de manera consistente los valores divinos.
La evaluación de Dios —“a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos”— describe acertadamente todos los intentos del hombre por gobernar.
La profecía afirma que esto empeoraría hacia el final de los tiempos. “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita” (2 Timoteo 3:1-5).
Los trágicos resultados de rechazar el gobierno de Dios incluyen la violencia, la guerra, el abuso, la corrupción y las plagas sociales del racismo, la injusticia y la pobreza. Éstas han azotado, en mayor o menor medida, todos los sistemas de gobierno que el hombre ha ideado.
Se acerca el día de la dependencia
¿Cuál es la solución? ¿Están los seres humanos condenados a un ciclo de revolución, resistencia y derrocamiento de gobiernos? ¿Seguirán los gobiernos siendo incapaces de promover el surgimiento de un pueblo que siga la moral?
La única solución real para la familia humana es el gobierno justo de Dios.
Jesucristo vendrá a establecer un Reino duradero (Apocalipsis 19:11-16). Él traerá cambios dramáticos que afectarán todo el sistema. Gobernará con justicia y equidad. Restaurará la paz que existía en el Edén antes de que Adán y Eva decidieran declararse independientes de Dios.
La Biblia describe cambios increíbles que se producirán bajo el gobierno de Jesucristo:
- El orden internacional se transformará a medida que antiguos enemigos aprendan a vivir en armonía (Isaías 19:18-25).
- La guerra ya no formará parte de la experiencia humana (Isaías 2:2-4).
- El medio ambiente será restaurado y las personas serán sanadas de sus enfermedades (Isaías 35:1-10).
- ¡Y mucho más!
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Declaración de Independencia
Al conmemorar los 250 años de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, analice el tema más amplio de la independencia que ha caracterizado a la historia humana. Durante miles de años, los seres humanos han vivido independientes de Dios.
La independencia de Dios es la causa de muchos de los problemas que nuestro mundo ha experimentado a lo largo de la historia. A pesar de lo atractivo que pueda ser confiar en nosotros mismos, o en nuestros sistemas de gobierno, la historia de la humanidad demuestra la verdad de Proverbios 14:12: “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte”.
Pero no tiene que seguir siendo independiente de Dios y sufrir esas consecuencias. En cambio, puede declarar personalmente su dependencia de nuestro Padre amoroso y cosechar las bendiciones. Elija la obediencia. Elija la fe. Elija rendirse a Él.
El apóstol Juan resumió el camino del amor de Dios: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3).
¿Quiere experimentar un gobierno positivo y justo en su vida? Si es así, haga hoy una declaración de dependencia. Decida que obedecerá las instrucciones de Dios y permita que Él gobierne su vida ahora.