Para muchas personas de todo el mundo es claro que Estados Unidos ha recibido bendiciones especiales de Dios. No obstante, ¿cómo responden los estadounidenses a su generosidad?
Crédito de la imagen: Collage proporcionado por Hailey Brock
Cuando Irving Berlin compuso la canción “God Bless America” (Dios bendiga a los Estados Unidos) en 1918, la nación aún se encontraba inmersa en la Primera Guerra Mundial y la canción terminó abandonada en su baúl durante 20 años. Sin embargo, cuando la revisó para que Kate Smith la estrenara en la radio el Día del Armisticio de 1938, se convirtió en un éxito.
Al presentar la canción, ella dijo: “Es algo más que una canción; siento que es una de las composiciones más hermosas que se han escrito, una canción que nunca morirá”.
El señor Berlin, cuya familia judía fue expulsada de Siberia cuando él tenía cinco años, dijo que: “Dios bendiga a los Estados Unidos” era “una expresión de gratitud por lo que este país ha hecho por sus ciudadanos, de lo que realmente significa el hogar”.
Según la Great American Songbook Foundation (Fundación el gran cancionero estadounidense), “La respuesta a ‘Dios bendiga a los Estados Unidos’ fue inmediata, masiva y muy entusiasta. Los estadounidenses se apresuraron a comprar la partitura; los presentadores de programas la tocaron repetidamente en la radio; las bandas y los cantantes la interpretaron a todo pulmón en actuaciones públicas. Incluso hubo un movimiento para declarar a ‘Dios bendiga a los Estados Unidos’ como el himno nacional”.
Desde entonces, “Dios bendiga a los Estados Unidos” se ha convertido en un clásico, utilizado en todo tipo de eventos, desde reuniones escolares hasta eventos deportivos de las grandes ligas. Generaciones se han inspirado en su mensaje profundamente sencillo.
La canción ha tenido tanta aceptación debido a que los estadounidenses desean recibir las bendiciones de Dios, teniendo en cuenta la clara evidencia de su benevolencia en el pasado.
Bendiciones abundantes
A lo largo de los 250 años de historia de los Estados Unidos, los líderes han expresado su agradecimiento a Dios por todo lo que Él le ha dado a la nación.
En 1863, cuando convirtió el Día de Acción de Gracias en una fiesta nacional, el presidente Abraham Lincoln convocó a “un día de Acción de Gracias y alabanza a nuestro benevolente Padre que mora en los Cielos”.
La proclamación del presidente Lincoln también decía: “El año que se acerca a su fin ha estado lleno de las bendiciones de campos fructíferos y cielos saludables. A estas generosidades, de las que disfrutamos con tanta frecuencia, de las cuales tendemos a olvidar de donde provienen, se han sumado otras... [por] la providencia siempre vigilante de Dios Todopoderoso”.
Lincoln continuó: “Ningún consejo humano ha ideado ni ninguna mano mortal ha logrado estas grandes cosas. Son los dones misericordiosos del Dios Altísimo... Me ha parecido adecuado y apropiado que sean reconocidas de manera solemne, reverente y agradecida, con un solo corazón y una sola voz, por todo el pueblo estadounidense”.
Y en 1981, el presidente Ronald Reagan proclamó: “Estados Unidos tiene mucho que agradecer. La libertad sin igual que experimentan nuestros ciudadanos, ha producido una gran cosecha a esta nación a lo largo de su historia. En consonancia con la herencia de Estados Unidos, se reserva un día al año para dar gracias a Dios por todas sus bendiciones”.
Si bien estas manifestaciones públicas de agradecimiento a Dios han continuado, ¿la mayoría de los estadounidenses realmente han dado gracias a Dios? ¿Y no sólo una vez al año?
El olvido es peligroso
Con mucha frecuencia, las personas bendecidas se vuelven autocomplacientes y pierden de vista la verdadera fuente de sus bendiciones.
A los estadounidenses no les gusta que se les recuerden sus pecados. Tampoco a los ciudadanos de otras naciones. Pero la profecía bíblica es clara: si no los reconocemos y aceptamos la misericordia de Dios, sufriremos graves consecuencias.
Dios advirtió acerca de esta tentación cuando su pueblo elegido se encontraba en el umbral de la Tierra Prometida:
“Y comerás y te saciarás, y bendecirás al Eterno tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. Cuídate de no olvidarte del Eterno tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides del Eterno tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto... y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” (Deuteronomio 8:10-17).
Es natural creer que lo que tenemos es el resultado de nuestro propio esfuerzo. Pero visto a través de los ojos del Dios que bendijo enormemente a Estados Unidos con una herencia que no nos hemos ganado, tal olvido se presenta como ingratitud y orgullo autodestructivo.
Las expectativas de Dios
No es que Dios sea un Dios severo y riguroso que exige gratitud y obediencia sin motivo alguno. De hecho, Él es un Dios amoroso y misericordioso que desea lo mejor para nosotros. Él sabe que lo mejor para nosotros es vivir de acuerdo con el camino del amor.
Cosechamos los beneficios cuando amamos a Dios y amamos a nuestro prójimo. Estos dos grandes mandamientos resumen todas las leyes y expectativas que Dios tiene para nosotros (Marcos 12:28-31; lo invitamos a leer nuestro artículo en línea “El gran mandamiento”).
Bendiciones y maldiciones
Las leyes de Dios son como barreras de seguridad. Su función es protegernos de acciones que nos dañarán a nosotros y a los demás. Nos guían hacia pensamientos y acciones nocivas para nosotros y para los demás.
La Biblia muestra que, en última instancia, es una cuestión de causa y efecto. Dios enumera esas causas y efectos en capítulos como Levítico 26 y Deuteronomio 28.
Por ejemplo, Moisés describió las bendiciones de la obediencia en Deuteronomio 28:1-14. A continuación, explicó la pérdida de las bendiciones si un pueblo no daba gracias ni obedecía a Aquel que las concede.
“Pero acontecerá, si no oyeres la voz del Eterno tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán y serán en ti por señal y por maravilla, y en tu descendencia para siempre. Por cuanto no serviste al Eterno tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas, servirás, por tanto, a tus enemigos que enviare el Eterno contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte” (Deuteronomio 28:45-48).
Lo invitamos a profundizar más acerca de este tema en nuestros artículos en línea “¿Por qué nuestro mundo actual está bajo maldiciones antiguas?” y “¿Por qué está Dios enojado con Estados Unidos?”.
Pecadores en las manos de un Dios misericordioso
Dios define el quebrantamiento de su ley como pecado (1 Juan 3:4). Y ya sea por ignorancia, negligencia, tentación o intención, todos nos hemos convertido en pecadores (Romanos 3:23).
¿Qué les sucede a los pecadores?
Uno de los sermones más famosos de la historia de Estados Unidos se tituló “Pecadores en manos de un Dios airado”, de Jonathan Edwards (1741). Él dijo:
“Entonces es así que el hombre natural sostenido en la mano de Dios extendida sobre el abismo del infierno, merece ese fuego del abismo, ya está sentenciado a él, y Dios está muy encolerizado: su ira es tan grande hacia él como la que siente por los que de hecho están sufriendo en el infierno la intensidad de su ira y nada han podido hacer para apaciguarla. Ni está Dios comprometido por ninguna promesa de seguir sosteniéndolo ni siquiera un momento. El diablo lo espera, el infierno lo ansía, las llamas se reúnen y centellean a su alrededor y lo atraparán y devorarán. El fuego reprimido en su corazón lucha por escapar y no tiene interés en ningún Mediador. No hay ningún medio a su alcance que le dé seguridad”.
Estas vívidas visiones pueden infundir temor, pero ¿retratan con precisión al Dios misericordioso de la Biblia o lo que realmente sucede después de la muerte? (Lo invitamos a leer nuestro artículo en línea “¿Cómo puede un Dios amoroso enviar a alguien al infierno?”.)
El pecado y sus efectos sí enfurecen a Dios, pero en su amor y misericordia Él proporcionó una salida. Dios nos amó tanto que —a un gran costo— hizo posible que nos arrepintiéramos, fuéramos perdonados y recibiéramos la vida eterna (Juan 3:16; Hechos 2:38).
Los pecadores arrepentidos pueden “[Acercarse], pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).
A los estadounidenses no les gusta que se les recuerden sus pecados. Tampoco a los ciudadanos de otras naciones. Pero la profecía bíblica es clara: si no los reconocemos y aceptamos la misericordia de Dios, sufriremos graves consecuencias. Advierte de una Gran Tribulación provocada por el pecado, antes del regreso de Cristo para salvarnos de nosotros mismos.
¿Se arrepentirá Estados Unidos? ¿Se arrepentirán otras naciones?
Aun si no lo hacen, usted puede recurrir a nuestro Dios misericordioso. Puede estudiar más acerca de lo que Él quiere de usted y para usted en nuestro folleto gratuito ¡Cambie su vida!
El futuro de Estados Unidos, escrito de antemano
La profecía bíblica predice el futuro de muchas naciones, incluidas naciones más pequeñas como Egipto, Jordania, Siria, Irán e Israel. ¿Dejaría Dios de lado a una potencia de los tiempos del fin como Estados Unidos? No lo creemos. A través de un estudio profundo de la profecía y la historia, rastreamos los orígenes de Estados Unidos y sus bendiciones dadas por Dios hasta las promesas hechas a Abraham.
Para entender lo que ha sucedido y lo que sucederá en Estados Unidos, lo invitamos leer nuestro folleto gratuito Estados Unidos, Gran Bretaña y la Mancomunidad en la profecía.
¡Esta historia real es fascinante y aleccionadora, pero llena de esperanza para un futuro mucho más brillante que se extenderá a todas las naciones!