Ya sea que usted tenga 20 dólares o 20 millones de dólares, la administración de sus finanzas es una habilidad fundamental para la vida. Afortunadamente, existen muchos principios bíblicos que pueden ayudarle.
Mientras tecleaba nerviosamente mi código en el cajero automático, contuve la respiración. ¿Habrá suficiente dinero ahí? ¿Acaso tengo siquiera 20 dólares en la cuenta? La presión financiera era casi agobiante mientras el cajero automático se tomaba su tiempo para decirme si me iría con dinero en efectivo en la mano —o, como temía, con las manos vacías.
Jóvenes y recién casados, mi esposo y yo estábamos aprendiendo a desenvolvernos en la vida, ¡y no nos estaba yendo muy bien!
En lo financiero, éramos un desastre. Estábamos abrumados y nos encaminábamos hacia un desastre financiero si no lo poníamos bajo control.
Las cuentas comienzan a acumularse
¿Alguna vez se ha encontrado mencionando un anuncio de un comercial y se ha dado cuenta de que nadie sabe de qué está hablando? Tengo un anuncio de un comercial favorito de principios de la década de 1990, cuando la sobreactuación era la norma.
El comercial trataba acerca de la consolidación de deudas y mostraba a un actor sentado al lado de una mesa con facturas vencidas esparcidas por todas partes. Levantó las manos (llenas de montones de facturas) y dijo: “¡Facturas! ¡Facturas! ¡Facturas!”.
Dios quiere que tengamos tranquilidad financiera.
Tres décadas después, mi esposo y yo aún nos reímos al recrear esta escena del comercial, cada vez que se necesita una reparación inesperada del auto o llega a nuestro buzón una factura de servicios públicos más alta de lo esperado.
Hay cosas en la vida que nunca cambian, y pagar las cuentas es una de ellas. Ya sea que tenga usted 20 dólares o 20 millones de dólares, administrar sus finanzas y vivir dentro de sus posibilidades, es una habilidad fundamental para la vida. Afortunadamente, existen muchos principios bíblicos que podemos utilizar como guía.
En este artículo nos enfocaremos en cinco principios que pueden ayudarle cuando se enfrente a problemas financieros o se sienta abrumado por cuestiones de dinero.
- Pídale ayuda a Dios.
- Sea honesto respecto a sus ingresos y flujo de efectivo.
- Sea honesto respecto a sus gastos.
- Aborde sus hábitos.
- Tome las decisiones pertinentes.
1. Pídale ayuda a Dios
Si bien este principio tal vez no parezca un plan de acción hacia la libertad financiera, debe ser nuestro primer paso. Humillarnos ante Dios demuestra que nos tomamos en serio el aprender a vivir de acuerdo con sus enseñanzas, incluso cuando se trata de dinero.
Afortunadamente, Dios ha establecido leyes en lo que respecta a las finanzas. Él desea lo mejor para nosotros por la eternidad. Podemos pedirle lo suficiente para vivir (Proverbios 30:8-9), paz mental y satisfacción (Filipenses 4:11-13), y ayuda para aprender las lecciones de esta vida.
Podemos estar seguros de que Él realmente desea que vivamos en abundancia a largo plazo. En Juan 10:10, Jesucristo nos dice: “He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
Desafortunadamente, los problemas financieros añaden un estrés adicional a la vida cotidiana. La escasez es un estrés que carcome nuestro gozo y nuestra paz, y limita nuestra capacidad de ser generosos con los demás.
Dios quiere que tengamos tranquilidad financiera. Podemos pedirle en oración que nos ayude a vivir una vida abundante y que abra nuestros ojos para ver en qué aspectos no estamos siguiendo sus leyes financieras con respecto a los diezmos, las ofrendas, el sustento de las viudas y los huérfanos, las deudas y la codicia.
Si usted está enfrentando problemas financieros, por favor lea ¡Dios, ayúdame!.
2. Sea honesto acerca de sus ingresos y su flujo de efectivo
Una de las cosas más difíciles es ser honesto acerca de nuestros ingresos y nuestro flujo de efectivo.
Por ejemplo, es posible que actuemos como si todo lo que ganamos fuera nuestro. Sin embargo, podemos llevarnos una sorpresa si esperamos hasta deducir nuestros impuestos y diezmos.
Si usted trabaja para alguien, es probable que su empleador ya haya hecho parte de este trabajo por usted, al retener los impuestos de su sueldo. Sin embargo, si trabaja por cuenta propia, ojalá haya aprendido la importancia de apartar los impuestos estimados desde ya, para no tener que apurarse cuando se acerque la fecha límite de presentación de impuestos trimestrales.
Si apartar los impuestos le ha resultado difícil y ha contribuido a sus problemas financieros, hay una solución. Al pagarse a sí mismo o a sus empleados, adquiera el hábito de apartar de inmediato los impuestos estimados en relación con la nómina. De lo contrario, podría pensar erróneamente que cuenta con más efectivo del que realmente tiene.
En algunos casos, puede ser aconsejable consultar a un profesional de impuestos.
En Mateo 22:21, Jesucristo respondió a una pregunta capciosa de los fariseos mostrándoles que debían pagar impuestos al gobierno civil, así como el diezmo a Dios. Y eso también aplica para nosotros hoy en día. Descuidar cualquiera de las dos cosas contribuirá a dificultades financieras en el futuro.
He escuchado muchas historias de amigos que tuvieron que aprender una dura lección con respecto al pago de los diezmos. Finalmente, después de mucho sufrimiento financiero, aprendieron a confiar en Dios al pagar los diezmos inmediatamente después de recibir su sueldo.
Dios dice que paguemos primero nuestros diezmos… lo que es de Él. (Éste es el principio por el que debemos regirnos, incluso en los casos en que el gobierno pueda retener una parte de su sueldo antes de que usted lo reciba.)
Usted debe “[Honrar] al Eterno con sus bienes, y con las primicias de todos sus frutos” (Proverbios 3:9). El diezmo no es un “gasto” que se pueda posponer; es la forma en que honramos a Dios por las bendiciones económicas que Él nos concede.
Malaquías 3:8 afirma con bastante claridad que no pagar el diezmo a Dios equivale a robarle. Pero luego, en el mismo capítulo, Dios también muestra las bendiciones con las que colmará a quien sea fiel en el pago de los diezmos.
“Probadme ahora en esto, dice el Eterno de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (v. 10).
Dios bendice a quienes son fieles al dar el diezmo y las ofrendas a Él.
Para obtener más información acerca de estos dos temas fundamentales, lea “3 razones por las que usted debería diezmar” y “Dad al César lo que es del César: ¿qué dice Dios acerca de los impuestos?”.
Cuando nos enfrentamos a dificultades financieras o nos encontramos en una situación apremiante, tal vez debamos considerar fuentes alternativas de ingresos más allá de nuestros trabajos habituales. Esto puede incluir organizar una venta de garaje o usar tiendas de consignación para vender artículos que ya no usamos, o que ya no deseamos.
Muchas personas han trabajado horas extras o han conseguido un empleo adicional para poder hacer frente a sus problemas de finanzas.
La diligencia es elogiada en las Escrituras. Por ejemplo, se sabía que la mujer de Proverbios 31 trabajaba de buena gana con sus manos, compraba campos para sembrar y confeccionaba con lino fino, ropa para vender a los comerciantes. Ella experimentaba satisfacción al saber que su mercancía era de buena calidad y que tanto ella como su familia estaban preparados para lo que se avecinaba.
En otras palabras, ella sabía lo que necesitaba su familia y se las arreglaba para satisfacer esas necesidades, utilizando sus talentos y habilidades.
Ser honesto respecto a los ingresos y el flujo de efectivo significa analizar con cuidado y de manera realista cuánto dinero tenemos disponible después de los diezmos y los impuestos. Es necesario comprender qué ingresa y en qué se gasta, para poder elaborar un presupuesto viable.
Si su flujo de efectivo está desequilibrado, es hora de tomar medidas.
3. Sea honesto con respecto a los gastos
Los problemas financieros surgen cuando los gastos superan sus ingresos, después de los diezmos y los impuestos. Es una cuestión de matemática simple. Lo simple no siempre es el camino más obvio, pero a menudo es el camino más directo hacia el éxito.
Es aquí donde debemos analizar con honestidad los hábitos de gasto de todos los miembros de su hogar. Tome una hoja de papel (o diseñe una hoja de cálculo) y anote los diezmos, los gastos de vivienda, los servicios públicos, los gastos de transporte, los gastos de alimentación, los gastos de salud y bienestar, los préstamos, las tarjetas de crédito, los gastos de mascotas, los gastos de entretenimiento y cualquier otra obligación, como seguros o impuestos.
Sume todo esto y compárelo con sus ingresos. ¿Se ven bien las cosas? ¿Y qué hay de los ahorros? ¿Y las ofrendas? Es posible que se sorprenda de la cantidad que gasta en áreas discrecionales, como el entretenimiento y las comidas fuera de casa.
El deseo de Jesucristo de que vivamos en abundancia no significa que debamos vivir de manera extravagante. Por el contrario, Él quiere que vivamos dentro de nuestras posibilidades. Proverbios 21:20 es un principio que dice que no podemos acumular provisiones si continuamente gastamos más de lo que ganamos. Es ahí cuando surgen la escasez y el estrés.
Si le cuesta vivir dentro de sus posibilidades o no cuenta con un presupuesto, por favor lea “Viviendo de acuerdo a nuestros medios”, “El presupuesto cristiano” y “Como enfrentar las deudas”.
4. Analice sus hábitos
Para poder controlar los gastos, a menudo debemos examinar nuestros hábitos de gasto. Los hábitos son nuestra forma habitual de comportarnos y las tendencias en las que nos hemos acomodado.
Lo más probable es que ya sepamos cuáles son algunos de nuestros malos hábitos de gasto. ¡Eso puede ser un excelente punto de partida! Anote esos hábitos en su hoja de ingresos frente a gastos.
Puede ser útil reflexionar a fondo acerca de nuestros comportamientos de gasto y determinar qué es lo que nos impulsa. ¿Recurrimos a la “terapia de compras” (ir de compras) para sentirnos mejor? ¿Es el ajetreo de la vida lo que nos lleva a comprar comida para llevar? ¿Existe la presión de “lucir bien” ante nuestros compañeros de trabajo? ¿Nos gusta colmar de regalos a nuestros seres queridos?
Anote cualquier otra cosa que pueda estar influyendo en sus hábitos de gasto.
El hecho de anotarlo puede ayudarnos a analizar el “por qué detrás de la compra”. Podemos pedirle a Dios ayuda y guía para lidiar con nuestras deficiencias —y luego realizar los cambios necesarios y desarrollar hábitos nuevos y mejores.
Una vez más, podemos y debemos pedirle a Dios ayuda y guía para lidiar con las ansiedades y el estrés causados por los problemas financieros.
Si le cuesta cambiar hábitos o lidiar con la ansiedad, por favor lea “6 pasos para vencer los malos hábitos”, “Cómo superar los cambios y las transiciones de la vida” y “3 principios de planificación financiera en tiempos inciertos”.
5. Tome las decisiones pertinentes
¡Excelente trabajo! Ha llegado hasta aquí en su búsqueda de la paz financiera.
¿Qué sigue?
Para lidiar con los problemas financieros, ahora es el momento de comenzar a dar estos pasos:
- Pídale a Dios lo suficiente para vivir y que le ayude a sentirse satisfecho.
- Pídale a Dios que le ayude a seguir sus principios y leyes financieras descritas en la Biblia.
- Honre a Dios con todas las primicias de sus ganancias.
- Si trabaja por cuenta propia, reserve el dinero para sus impuestos trimestrales.
- Considere fuentes alternativas de ingresos.
- Eche una mirada honesta a sus hábitos de gasto.
- Anote todos los gastos y compárelos con sus ingresos y su flujo de efectivo.
- Establezca un presupuesto viable.
- Viva dentro de sus posibilidades.
- Anote sus hábitos de gasto y analice el “por qué detrás de la compra”.
- Desarrolle mejores hábitos.
- Pídale a Dios ayuda y guía para lidiar con las ansiedades y el estrés relacionados con sus finanzas.
- En la medida de lo posible, busque formas de ayudar a las viudas, a los huérfanos y a otras personas necesitadas.
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