Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Julio/Agosto 2020 de la revista Discernir

5 consejos para tratar con personas difíciles

Ya sean familiares o extraños, hay personas que son más difíciles de manejar que otras. Afortunadamente, la Biblia tiene mucho que decir acerca de cómo tratar con gente difícil.

Aunque la Biblia nunca usa la frase gente difícil, es claro que habla mucho acerca de ellos. Los aspectos más complicados de ese tipo de personas están divididos en dos grupos:

Enemigos y necios.

Los enemigos son personas que se oponen y son hostiles hacia nosotros. Los necios incluyen a las personas que se oponen y son hostiles hacia Dios, y que pueden ser inmunes a la razón.

Ahora, para ser claros, no toda persona que no sea de nuestro agrado o que nos plantee dificultades en nuestro trato con ella se convierte automáticamente en un enemigo o un necio, y sería una idea terrible actuar bajo esa suposición. Pero los enemigos y los necios son personas absolutamente difíciles. Al examinar lo que dice la Biblia acerca de estos dos grupos, podemos extraer algunos principios valiosos acerca de cómo tratar con la gente difícil en general.

(Además, nos ayuda a asegurarnos de que nosotros mismos no estemos comportándonos como una persona difícil.)

1. Escuchar más; hablar menos.

Pero primero, analicemos un consejo que el apóstol Santiago nos da: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:19-20).

Aunque es importante tener esto en cuenta durante cualquier interacción social, es especialmente importante cuando nos encontramos con personas difíciles.

Es fácil enojarse cuando estamos interactuando con personas que ven el mundo de manera diferente a como nosotros lo vemos, pero esa ira no logra nada. Desde luego, no cultiva “la justicia de Dios” dentro de nosotros, y por lo general enfadarse sólo empeora las cosas: “La blanda respuesta quita la ira”, dice Salomón, “Mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1).

Sabiendo eso, Santiago nos dijo que hay que ser “pronto para oír”. Es fácil asumir que sabemos cómo es la otra persona, pero las personas somos criaturas complicadas. Cada persona tiene sus motivaciones, y si nos tomamos el tiempo de escuchar y hacer preguntas en lugar de apresurarnos a sacar conclusiones, por lo menos podríamos empezar a entender por qué una persona está siendo difícil.

Este paso requiere que tengamos paciencia y que dejemos de concentrarnos en lo que nos está molestando y pensar en lo que le molesta a la otra persona. Es posible que no estemos de acuerdo con los puntos de vista de la otra persona, pero no es necesario que lo estemos. La comprensión es lo importante de todo esto.

2. Buscar maneras de ayudar.

Una vez que tenemos esa comprensión, Salomón nos muestra qué debemos hacer con ella: “Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua; porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y el Eterno te lo pagará” (Proverbios 25:21-22).

Hay una discusión acerca de lo que significa “ascuas” en este versículo —vergüenza, indignación, juicio, retribución divina— pero el punto principal aquí es que nuestro trabajo es mostrar bondad. No se trata de vengarse o encontrar una oportunidad para arremeter verbalmente contra las personas difíciles, sino de entender cómo podemos ayudar y hacerlo.

Es un principio que Jesús recalcó durante su ministerio terrenal: “Pero a vosotros los que oís, os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian... Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lucas 6:27-28, 31).

Pablo repite ese pensamiento en su carta a los romanos. Después de recordarles que “no paguéis a nadie mal por mal” (Romanos 12:17) y dejar la venganza en manos de Dios (v. 19), citó el proverbio de Salomón acerca de alimentar a nuestros enemigos y concluye: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (v. 21).

No se refiere a cómo creamos que se debe tratar a la gente difícil. Se refiere a tratar a todos como Dios quiere que los tratemos. Incluso si nuestra bondad no convierte a nuestros enemigos en nuestros amigos, nos ayuda a abordar las situaciones difíciles con la actitud y la mentalidad correctas.

3. No trate de ganar.

El error más fácil de cometer cuando tratamos con personas difíciles es abordar cada interacción como si fuera una batalla que tenemos que ganar.

El error más fácil de cometer cuando tratamos con personas difíciles es abordar cada interacción como si fuera una batalla que tenemos que ganar.Es un instinto difícil de alejar. Cuando creemos que tenemos la razón, es fácil querer obligar a la otra persona a reconocerlo, presentar una lógica tan irrefutable, o un comentario tan inteligente y cortante, que nuestro oponente se quede sin palabras, humillado y derrotado.

Pero así no es cómo funciona la vida.

Salomón, el rey más sabio que haya existido, escribió mucho acerca de los necios —gente que siempre está “derecho en su opinión” (Proverbios 12:15), cuya boca “hablará sandeces” (15:2) y que “desprecian la sabiduría y la enseñanza” (1:7).

Tratar con gente difícil significa no tratar de ganar. Salomón también escribió: “Si el hombre sabio contendiere con el necio, que se enoje o que se ría, no tendrá reposo” (Proverbios 29:9), y “Vete de delante del hombre necio, porque en él no hallarás labios de ciencia” (Proverbios 14:7).

Si bien es injusto (y, honestamente, una necedad) clasificar a todas las personas difíciles como necias, hay un principio importante en las advertencias de Salomón:

En general, no intente ganar. Nuestro objetivo al tratar con personas difíciles no debe ser forzarlas a admitir la derrota, porque la mayoría de las veces, tratar de ganar es más que una mala idea —es imposible. No tiene sentido enfrascarse en conflictos verbales donde ninguna de las partes está dispuesta a ceder. Lo mejor es salir del enfrentamiento tan rápido y silencioso como sea posible —incluso si eso significa quedar como el perdedor.

4. No transija.

Por supuesto, a veces la situación es más compleja que eso. A lo largo de la historia, las personas difíciles han tratado de obligar al pueblo de Dios a transigir o a renunciar a sus creencias. En estas circunstancias, la discusión no tiene un final rápido ni tranquilo.

Cuando Nabucodonosor le ordenó a Sadrac, Mesac y Abed-nego que se inclinaran ante su estatua, ellos le respondieron: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto” (Daniel 3:16). Cuando el concilio les ordenó a los apóstoles que dejaran de predicar acerca de Jesucristo, ellos respondieron: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

Sadrac, Mesac y Abed-nego no estaban tratando de convencer a Nabucodonosor de que hacían lo correcto. Los apóstoles no estaban tratando de discutir con el concilio. Ambos grupos del pueblo de Dios simplemente respondieron: “No voy a hacer eso, y ésta es la razón por la cual no lo hago”, y luego se mantuvieron firmes, sin importar el castigo.

A veces las personas difíciles en posiciones de autoridad también nos van a pedir que transijamos en nuestra relación con Dios. Nos van a pedir que trabajemos el sábado. Nos van a pedir que digamos mentiras o que robemos. Nos van a pedir que hagamos otras cosas que Dios nos ordena no hacer.

Cuando eso suceda, no tiene sentido tratar de ganar un debate —pero estos son los momentos en los que tenemos que explicar respetuosamente nuestra posición y negarnos a ceder, pase lo que pase.

5. Analice su comportamiento.

Cuando hablamos acerca de tratar con personas difíciles, la implicación generalmente es que la persona difícil es —la otra persona.

No nosotros.

Si fuera tan simple. Pero en cualquier situación, es totalmente probable que nosotros seamos la persona difícil. O una de las personas difíciles. La vida es así de complicada —hay grados de dificultad y las situaciones no se limitan a que una persona sea el problema.

Cada vez que tenemos alguna fricción con otra persona, siempre vale la pena preguntar: “¿Seré yo?”

¿Podría hacer las cosas de otra manera? ¿Estoy malinterpretando lo que la otra persona está diciendo o haciendo? ¿Estoy siendo claro en mis motivaciones? ¿Estoy dispuesto a hacer las cosas de una manera diferente? ¿Llegué a esta interacción con alguna idea preconcebida que se está interponiendo en el camino?

El verdadero cristianismo requiere de una continua autoevaluación y corrección del rumbo (Santiago 1:22-25). Nunca es fácil, pero es una parte muy importante en nuestro propósito de seguir los pasos de Cristo. Mientras más comprendemos las formas en que podemos manejar a las personas difíciles, más podemos hacer para que los demás pasen un rato más tranquilo cuando interactúen con nosotros.

Un punto de partida con la gente difícil

No hay una solución universal para tratar con la gente difícil, pero estos principios deberían darnos un punto de partida. Nunca hay un momento para transigir con nuestra fe, pero cuando se trata de discusiones menos importantes, hay mucho que podemos hacer para que la vida de todos sea un poco más fácil. Hay que ser prontos para oír. Atender las necesidades de nuestros enemigos. Que no se trate de ganar. Asegúrese de que usted no está contribuyendo al problema.

Y si nuestra fe está en juego, debemos pararnos firmemente y hacer lo correcto.

Sugerencias son bienvenidas

Si usted desea sugerir algún tema para futuras ediciones de “Cristianismo en progreso”, puede hacerlo anónimamente en vidaesperanzayverdad.org/ideas. ¡Esperamos sus sugerencias!

Nota: ¡Gracias a los muchos ministros con años de experiencia en consejería que me dieron su contribución!

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