La voluntad de Dios y usted

¿No sería grandioso saber siempre lo que Dios quiere que hagamos y cómo quiere que le sirvamos? Pues la voluntad de Dios no tiene que ser un misterio —veamos algunos consejos prácticos para descubrirla.

[De nuestra edición Enero/Febrero 2015 de Discernir.]

Tal como le sucedió a Pablo de camino a Damasco, todos hemos enfrentado encrucijadas en las que nos preguntamos cuál será la voluntad de Dios.

Sin duda, en esos momentos desearíamos que Dios nos respondiera en persona como lo hizo con el apóstol, pero la Biblia demuestra que Dios no hace esto muy a menudo —¡tampoco acostumbra dejar a la gente ciega para llamar su atención! Sin embargo, Dios sí quiere que conozcamos su voluntad, su plan para la humanidad y las cosas específicas que desea que hagamos.

A continuación daremos algunos consejos que le ayudarán a descubrir cuál es la voluntad de Dios para su vida y cómo quiere que use los dones que le ha dado.

Pero antes, echemos un vistazo a la voluntad de Dios desde una perspectiva más amplia. ¿Cuál es el propósito de Dios para la humanidad? ¿Qué es lo que quiere para nosotros y el resto de los seres humanos en esta vida y por la eternidad?

La voluntad de Dios revelada en la Biblia

En realidad, Dios revela su voluntad a lo largo de toda la Biblia. Pero por ahora nos enfocaremos sólo en unas cuantas escrituras fundamentales para comprender su plan maravilloso:

·      En Mateo 12:50, Cristo dijo: “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre”.

·      “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).

·      “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios... sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:1-3).

Sí, por increíble que parezca, la voluntad de Dios es que lleguemos a ser como Él es y nos convirtamos en sus hijos. Le animamos a leer estos pasajes, su contexto y muchas otras escrituras similares en su propia Biblia. (El artículo “El propósito de la vida” en nuestra página web VidaEsperanzayVerdad.org también puede ayudarle a comprender este asombroso aspecto del plan de Dios.)

Pero, ¿cuál es nuestro papel en todo esto? ¿Qué debemos hacer para que Dios cumpla su maravilloso propósito en nosotros? Veamos algunas de las escrituras que hablan sobre esto y sobre cómo Dios nos ayuda a pensar y actuar como Él:

·      “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide el Eterno tu Dios de ti, sino que temas al Eterno tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas al Eterno tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos del Eterno y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?” (Deuteronomio 10:12-13; vea también Miqueas 6:8).

·      “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

La Biblia y el Espíritu Santo son regalos que Dios nos ha dado para revelarnos su voluntad —su maravilloso plan de transformarnos hasta llegar a ser como Él es.

La voluntad de Dios para la humanidad es un tema de mucha importancia. Le invitamos a estudiarlo más profundamente con la ayuda de nuestros artículos “Siete formas de agradar a Dios” y “El temor del Eterno: ¿qué significa?”, y los folletos: Los Diez Mandamientos: todavía importan y ¡Cambie su vida!

La voluntad de Dios vs. nuestra voluntad

Jesucristo es el ejemplo perfecto de sumisión a la voluntad de Dios. Poco antes de su inminente castigo y crucifixión —cosas que ningún ser humano querría sufrir— Cristo “oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22: 41-42).

Pero, ¿qué hay de nosotros? ¿Somos capaces de poner la voluntad de Dios por encima de la nuestra cuando sus planes se contraponen a nuestros deseos? ¿Nos sometemos a Él cuando descubrimos que nuestra voluntad es incorrecta? Esto sí que es tener la mente de Cristo.

Por otro lado, obviamente no todo en la vida tiene una sola respuesta correcta; muchas de nuestras decisiones tienen que ver con escoger la mejor opción entre varias que bien podrían ser voluntad de Dios.

¿Qué carrera escogeremos? ¿Con cuál empleo nos quedaremos? ¿Con quién nos casaremos? ¿Dónde viviremos? Afortunadamente, Dios también nos da principios útiles para tomar este tipo de decisiones y otras similares. En nuestro artículo “Decisiones”, encontrará algunos consejos al respecto.

Descubra la voluntad de Dios para usted

Ahora que sabemos cuál es la voluntad de Dios para la humanidad —el maravilloso propósito final de nuestras vidas— podemos pasar a la siguiente pregunta: ¿cuál es la voluntad de Dios para cada uno de nosotros a nivel individual? ¿Qué quiere que hagamos con nuestros roles, talentos, intereses y experiencias únicos?

La Biblia revela que Dios nos ha dado dones para la edificación de su Iglesia y el provecho de los demás (Efesios 4:12, 16; 1 Corintios 12:7). En otras palabras, nos ha dado talentos para servir a otros.

¿Cómo saber de qué manera quiere que los usemos?

1. Pida la guía de Dios.

En primer lugar, Dios quiere que oremos para pedir su ayuda. ¿Quién podría mostrarnos su voluntad mejor que Él? Si se agradó cuando Salomón le pidió un “corazón entendido”, también se agradará cuando confiemos en Él y le pidamos dirección (1 Reyes 3:9; Proverbios 3:5-6).

2. Haga una lista de sus roles y estudie lo que Dios dice acerca de ellos.

Todos tenemos roles y responsabilidades en esta vida. Yo, por ejemplo, soy hijo, esposo, padre, empleado, ciudadano, miembro de la Iglesia de Dios y ministro —y la Biblia tiene mucho que decir sobre todos estos roles. Estudiar lo que Dios dice acerca de nuestras responsabilidades nos ayudará a ordenar nuestras prioridades y descubrir su voluntad para cada área.

3. Haga una lista de sus dones y estudie lo que Dios dice acerca de ellos.

La Biblia también revela que Dios nos ha dado talentos y dones espirituales únicos para servir a otros y edificar su Iglesia (1 Corintios 12:4-8).

¿Cómo saber cuáles son nuestros dones? Luego de pedir a Dios que nos los muestre, podemos preguntarnos cosas como: ¿qué cosas hago bien y disfruto? ¿qué necesidades he cubierto? ¿qué necesidades tengo la capacidad de cubrir? y ¿cómo me describen los demás? (A veces resulta útil preguntar a familiares o amigos en qué creen que podríamos servir o qué nos recomendarían intentar.)

Si tiene habilidades artísticas, podría hacer tarjetas para los enfermos u ocasiones especiales. Si le gusta la música, podría unirse al coro. Si le gusta el campo de lo audiovisual, podría ayudar a los encargados de audio en la Iglesia. Si es amigable, podría ofrecerse para recibir a las personas a la entrada del salón de reunión. Si le gusta ser anfitrión, puede invitar personas a su casa.

Cuando haya terminado su listado, dese el tiempo necesario para estudiar lo que la Biblia dice sobre sus talentos, habilidades e intereses. ¿Cómo quiere Dios que los use? ¿Cómo no quiere que los use? ¿Cuál es la manera más efectiva de usarlos? ¿Y cómo puede permanecer humilde y rechazar el orgullo y la vanidad que Satanás intentará poner en su corazón?

4. Busque oportunidades.

En primer lugar, Dios quiere que oremos para pedir su ayuda. ¿Quién podría mostrarnos su voluntad mejor que Él? Si se agradó cuando Salomón le pidió un “corazón entendido”, también se agradará cuando confiemos en Él y le pidamos dirección (1 Reyes 3:9; Proverbios 3:5-6).

Todos tenemos roles y responsabilidades en esta vida. Yo, por ejemplo, soy hijo, esposo, padre, empleado, ciudadano, miembro de la Iglesia de Dios y ministro —y la Biblia tiene mucho que decir sobre todos estos roles. Estudiar lo que Dios dice acerca de nuestras responsabilidades nos ayudará a ordenar nuestras prioridades y descubrir su voluntad para cada área.

Siempre habrá necesidades a nuestro alrededor —muchas más de las que cualquiera pudiera cubrir. Pero si las analizamos con cuidado, probablemente descubriremos alguna que justamente requiera de uno de nuestros dones, intereses o recursos.

Cuando estudiemos nuestros roles y dones, esto nos ayudará a poner estas oportunidades de servicio en orden de prioridad. Como regla general, Dios espera que le sirvamos a Él primero, luego a nuestra familia, luego a la Iglesia, y luego al resto del mundo (Mateo 6:33; 1 Timoteo 5:8; Gálatas 6:10). Aun así, establecer las prioridades puede ser algo muy complejo, y será necesario buscar la guía de Dios y tal vez un buen consejo; lo que nos lleva al siguiente paso.

5. Busque consejos sabios.

  Si nuestro estudio personal y búsqueda de oportunidades no nos han aclarado lo que debemos hacer, podemos pedir consejo a nuestros padres, abuelos, ministros u otros conocidos. Tal vez ellos puedan ayudarnos a descubrir dones y necesidades que no hayamos visto o puedan presentarnos a nuevas personas e incluso abrirnos puertas hacia nuevas oportunidades.

6. Sirva.

Si nos quedamos sentados esperando el momento perfecto para servir, puede que ese momento nunca llegue. Servir a menudo implica dejar a un lado nuestra comodidad y desarrollar nuevas competencias o virtudes, como la humildad y la paciencia.

Sea cual sea nuestro talento, la voluntad de Dios es que pongamos manos a la obra y lo utilicemos para servir a otros con amor y diligencia (1 Corintios 12:10-13).

7. Ayude a otros a servir.

Cuando finalmente haya encontrado su lugar, obviamente estará feliz de poder servir en esa área y se tomará la responsabilidad muy en serio —la hará suya. Y no hay nada de malo en eso.

El peligro está cuando nos enfocamos tanto en nuestra tarea que perdemos la perspectiva. Siempre debemos recordar que en algún momento Dios podría querer que entrenemos a otros con dones similares a los nuestros o que tomemos otras oportunidades de servicio donde haya necesidad y podamos seguir creciendo. Creer que el trabajo que hacemos es “nuestro trabajo” no es pensar como Dios; no se nos puede olvidar que Dios nos está entrenando constantemente para que algún día lleguemos a ser como Él es.

Servir también se trata de ayudar al desarrollo de los demás. A veces Dios revela su voluntad a través de las circunstancias y posibilidades, por lo que debemos ser flexibles, permitir que otros tengan las oportunidades que nosotros hemos tenido y estar dispuestos aprender cosas nuevas (1 Corintios 16:7; Santiago 4:15).

Por otro lado, también habrá situaciones en las que Dios no nos mostrará su voluntad de inmediato. Pero aun esos serán tiempos de crecimiento en los que aprenderemos a confiar en Él y en su poder para sacarnos de las pruebas. Es entonces cuando debemos recordar que nuestro Padre siempre está pensando en nuestro bien (Romanos 8:28). Y, si se trata de una prueba espiritual, debemos seguir el consejo del apóstol Pedro: “los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 Pedro 4:19).

Crecer en el camino y semejanza de nuestro Creador es un proceso de toda la vida. Pero la recompensa es maravillosa y eterna.

Ésa es la voluntad de Dios.