En la Biblia se les exhorta a los cristianos a vencer este mundo cada vez más lleno de maldad y de pecado. ¿Qué se necesita para ser un vencedor?
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“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz”, les dijo Jesús a sus discípulos la noche antes de morir. Ellos estaban confundidos, perplejos por las afirmaciones premonitorias que Él les había compartido. Pero Jesús los estaba animando: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Juan 16:33).
Escasamente unos dos mil años después, las tribulaciones persisten. El mal y el pecado dominan el mundo a nuestro alrededor.
Los cristianos son llamados a seguir las pisadas de Jesús y “vencer el mal con el bien” (Romanos 12:21), pero esto parece prácticamente imposible en un mundo que está totalmente sumergido en el pecado. Nuestras inclinaciones humanas tienden al mal aun cuando tratemos de seguir a Dios.
¿Cómo podemos vencer cuando todo pareciera estar en contra nuestra? Veamos seis características fundamentales que nos pueden ayudar y dar la fortaleza para resistir las tentaciones y las presiones del mundo.
1. Los vencedores son humildes
Para resistir las tentaciones en el mundo a nuestro alrededor debemos reconocer que no podemos lograrlo solos —que necesitamos pedirle a Dios su ayuda.
El profeta Jeremías le imploró a Dios pidiéndole que lo guiara en el camino correcto: “Conozco, oh Eterno, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos. Castígame, oh Eterno, mas con juicio; no con tu furor, para que no me aniquiles” (Jeremías 10:23-24).
La humildad es el primer paso en nuestro camino para vencer el pecado. Como Jeremías lo señala, no es parte de la naturaleza humana resistir el mal. Necesitamos que Dios dirija nuestra vida.
La verdadera humildad empieza cuando Dios nos ayuda a ver nuestras faltas. Entonces, no sólo debemos reconocerlas cuando Él nos ayuda a verlas, sino que debemos estar listos para actuar. Esto exige de nosotros una actitud humilde para arrepentirnos y avanzar.
Alguien que se ponga a sí mismo primero, por encima de todos los demás, no podrá ser capaz de ver claramente los cambios requeridos para aquellos que profesan el cristianismo. Solamente cuando estamos “revestidos de humildad” como 1 de Pedro 5:5 nos exhorta, podemos comenzar el proceso para vencer.
El Salmo 51 es un excelente ejemplo de un corazón humillado delante de Dios. Después de cometer un pecado terrible, el rey David se volvió a Dios con un arrepentimiento sincero, pidiéndole humildemente que lo perdonara y lo ayudara. Este pasaje es un punto perfecto de comienzo, para alguien que quiera tener un cimiento firme en la humildad mientras trabaja para vencer el pecado.
2. Los vencedores se examinan a sí mismos
Una actitud reflexiva va de la mano con un corazón humilde. La humildad nos ayuda hasta cierto punto, pero es necesario que estemos dispuestos a vernos cuidadosamente en el espejo para poder darnos cuenta de cómo estamos según el estándar de Jesucristo.
Dios le ordena a su pueblo que se examine. Esto incluye un examen espiritual anual antes de la Pascua (1 Corintios 11:27-31), pero también debemos auto examinarnos a medida que avanzamos en la vida.
Es sólo cuando reflexionamos en nuestras acciones, palabras y pensamientos, que empezamos a reconocer dónde estamos haciendo bien y dónde estamos haciendo mal. No podemos vencer nuestras debilidades personales si no sabemos cuáles son.
Debemos pedirle a Dios ayuda para identificar nuestras debilidades, tal como David lo hizo en el Salmo 139: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (vv. 23-24).
Esto puede ser un proceso doloroso, pero es una parte esencial del crecimiento cristiano.
3. Los vencedores son diligentes
Cuando hayamos identificado nuestras debilidades, debemos ser diligentes para reorganizar nuestras defensas e incrementar nuestra fortaleza. Un vencedor exitoso, será rápido y metódico en su respuesta para combatir el pecado en su vida.
La diligencia es una de las características que Pablo alabó en 2 de Corintios 7:11. Después de identificar una situación pecaminosa en su congregación, los corintios diligentemente resolvieron el tema.
Pero ser diligente implica algo más que querer salir de un pecado o de una debilidad. Es poner en acción estrategias efectivas para poder lograrlo. Esto puede incluir acciones deliberadas y prohibiciones específicas.
Por ejemplo, un vencedor que sea diligente podrá decir algo más que: “Quisiera dejar de utilizar un lenguaje soez”. En vez de eso va a decir: “Para evitar usar un lenguaje soez, voy a poner un dólar en un recipiente cada vez que se me olvide”. Un vencedor podrá incluso pedirle a un amigo cercano que le ayude en su labor y le pida cuentas de lo que haga. Cualquiera que sea el pecado o nuestra debilidad, la diligencia es una clave fundamental para poder sacarlo de nuestra vida.
Un vencedor reconoce el pecado y hace todo lo necesario para removerlo. Tendremos altibajos, pero la diligencia es una característica que nos permite perseverar en los tiempos fáciles y en los difíciles.
4. Los vencedores practican el autocontrol
Una vez hayamos identificado ciertos puntos en los cuales debemos crecer y progresar, necesitamos ejercer autocontrol para poder mantener nuestra conducta correcta.
Algunas veces las personas se refieren al auto control como algo que se tiene o no se tiene. Ésta es una perspectiva negativa que oscurece una característica fundamental que todos necesitamos.
El autocontrol es una habilidad que se desarrolla con el tiempo. De la misma forma en que un músculo se fortalece más si lo ejercitamos y se debilita cuando no lo hacemos, si diariamente practicamos y perfeccionamos consistentemente el autocontrol, nos daremos cuenta de que será más fácil sobreponernos a las tentaciones, aun aquellas que nos han atormentado en el pasado.
Una perspectiva diligente del autocontrol reconoce que esto se aplica a algo más que sólo a nuestras acciones. A un seguidor de Cristo se le pide: “llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5). Los pensamientos llevan a las acciones y por lo tanto deben ser controlados de la misma forma. Aun más allá, nuestros pensamientos reflejan nuestro verdadero carácter y los pecados en nuestra mente son tan letales como otros pecados que podemos ver.
Proverbios 25:28 nos advierte acerca de lo que pasa si no somos capaces de controlarnos a nosotros mismos: “Como ciudad derribada y sin muro, es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda”.
El auto control es nuestra primera línea de defensa contra el pecado. Si no ejercitamos regularmente ese músculo espiritual, entonces probablemente seremos derrotados cuando surja la tentación.
5. los vencedores perseveran
Vencer no es algo que ocurra de la noche a la mañana. Es un proceso que dura toda la vida y tiene altibajos. Un vencedor exitoso ejercita la perseverancia, no pierde el ánimo, aunque las metas parezcan estar muy lejos.
El desánimo nos acomete cuando no estamos superando el pecado al ritmo que debiéramos hacerlo. Los retrocesos hacen difícil que mantengamos una perspectiva positiva, lo cual nos lleva a un ciclo de desánimo y depresión.
La perseverancia involucra una actitud paciente para soportar, que reconoce que el sufrimiento a largo plazo no es nada en comparación con la meta gloriosa que nos espera (Romanos 8:18). Una persona con perseverancia, puede atenuar cualquier dificultad que se le presente en su viaje, porque sabe que todo es parte de un proceso que dura toda la vida.
Los vencedores se enfocan en la meta final, no en el arduo viaje. Apocalipsis 2 y 3 incluyen varios versículos animadores acerca de las muchas bendiciones que Dios promete a aquellos que venzan.
En Apocalipsis 3:21 Jesús promete: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.
En Apocalipsis 21:7 Dios nos dice: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”.
En momentos difíciles y de desánimo, medite en estas promesas que Dios tiene reservadas para aquellos que peleen la dura batalla y perseveren hasta el fin (Santiago 1:12).
6. Los vencedores tienen fe
Tal vez la característica más importante que necesita un vencedor es fe. Trabajar para superar el mal es difícil. Pero si ponemos nuestra fe en la promesa que Dios nos ha hecho de ayudarnos, esto hará nuestra labor más sencilla.
Dios conoce nuestras debilidades y debemos pedirle a Él la fuerza para poder vencerlas. En 1 Corintios 10:13 leemos: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.
Sin importar las tentaciones o pruebas que enfrentamos, hay un camino a la victoria.
Ninguno de nosotros tiene el poder para vencer el pecado por sí mismo. Pero no estamos solos. En Dios encontraremos la fuerza para prevalecer: “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Juan 5:4-5).
La comisión cristiana de sobreponernos al mundo es una orden tajante, pero nos han dado herramientas para que podamos tener éxito. Si Jesucristo está luchando a favor nuestro, tenemos el poder para sobreponernos al mundo y sus deseos tal como Él lo hizo. Como Él obtendremos la victoria.
Lo invitamos a estudiar más acerca de las herramientas espirituales que necesitamos para vencer, en nuestro viaje bíblico: “La armadura de Dios”.