Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Julio/Agosto 2021 de la revista Discernir

El conflicto comercial entre Australia y China se convierte en pelea política

Crecientes provocaciones, impuestos y demostraciones de poder económico han enfriado la relación entre Australia y China. ¿Cómo pasó todo esto y cuál será el resultado?

La relación entre Australia y su mayor socio comercial, China, se ha deteriorado rápidamente debido a que Canberra está enfrentando con dureza las políticas exteriores cada vez más asertivas de Beijing.

En el día ANZAC, cuando Australia y Nueva Zelanda honran a sus muertos de guerra, el recién nombrado ministro de defensa australiano, Peter Dutton, comentó al Sydney Morning Herald que su país está “ya bajo ataque” en el ámbito cibernético y advirtió que la intimidación china hacia Taiwán podría conducir a un conflicto regional. El secretario de interior Michael Pezzullo sorprendentemente agregó que los estados libres nuevamente están escuchando “tambores de guerra”.

Por otro lado, el primer ministro australiano Scott Morrison anunció un drástico aumento en gastos militares justo antes de que varios periódicos publicaran un informe confidencial redactado por un exgeneral de la fuerza de defensa australiana. Según este informe, Australia debe prepararse para la “alta probabilidad” de un conflicto, porque China ya entró en una zona gris de guerra, con comportamientos gubernamentales agresivos, a menudo encubiertos y renegados, que no se consideran actos de guerra, pero incluyen interferencia política, intromisiones cibernéticas y coerción económica.

¿Es posible una guerra?

La idea de que Australia se enfrente sola a China en una guerra parece algo descabellados. Australia tiene sólo 25 millones de habitantes, ningún arma nuclear y una fuerza naval reducida. China, mientras tanto, tiene una población de 1,4 miles de millones y un presupuesto militar casi 10 veces mayor que el de Australia. Además, su programa de construcción de buques es más rápido que el de cualquier otro país en la historia y su armada recientemente se convirtió en una de las mejores del mundo.

Pero nada de esto ha evitado que las actitudes de Australia se endurezcan frente a la estrategia hostil de Beijing.

Una guerra de palabras

Mientras China —ahora celebrando cien años del partido comunista chino— se posiciona como una hegemonía regional poderosa y cada vez más coercitiva, las relaciones diplomáticas entre ambos países se han deteriorado como nunca antes y han adquirido un tono más estridente.

El lenguaje provocador inevitablemente resulta en conflictos, y no han faltado palabras incendiarias en los noticieros de ambas naciones. La prensa amarillista portavoz del partido comunista chino, Global Times, ha tomado un tono incluso belicoso al advertir que Australia sufrirá “consecuencias insoportables” cuando se convierta en la “pobre basura blanca asiática” y la “goma de mascar bajo la suela de China”.

¿Diplomáticos o agitadores?

Si bien es de esperarse que la prensa opte por un enfoque sensacionalista, el frente diplomático ha probado ser incluso más problemático. Los representantes políticos chinos se burlan abiertamente de los conflictos raciales, la infraestructura decadente, los tiroteos masivos y el número de muertos que ha dejado el coronavirus en los países occidentales, además de predicar el mensaje de una prosperidad que depende del futuro de China, no de occidente.

“La diplomacia de China”, dijo el senador australiano Rex Patrick, “es ahora poco más que un abuso”; sus funcionarios “no están intentando construir buenas relaciones, sino todo lo contrario”.

Australia ha estado bajo el constante bombardeo de la nueva “diplomacia del lobo guerrero” de China. Como uno de los pilares de la China “alta y firme” que el presidente Xi Jinping desea ver en el mundo, sus representantes “lobos guerreros” (frase proveniente de una película china acerca de un soldado estilo Rambo que lucha contra grupos mercenarios norteamericanos) dificultan la diplomacia con su retórica beligerante diseñada para sembrar el caos y evadir culpas.

Uno de esos lobos guerreros, el portavoz del Ministerio de Exterior y conocido provocador, Zhao Lijian, dice en voz alta lo que muchos oficiales chinos admiten o piensan en privado: que Beijing ha estado subordinado al occidente por demasiado tiempo y ha sido demasiado renuente a reaccionar ante las críticas.

Lijian se ha unido al coro de medios estatales que critican los antecedentes de Australia en cuanto a los derechos humanos de sus refugiados e indígenas australianos. Pero cuando publicó en Twitter una imagen fabricada en la que un soldado australiano tenía una navaja puesta sobre el cuello de un niño, muchos australianos furiosos, incluyendo al columnista más famoso del país, Andrew Bolt, consideraron la fotografía como “otro acto de guerra”.

Poder y actitudes cambiantes

La riqueza de recursos de Australia la convierte en un almacén vital de los productos que han impulsado el espectacular crecimiento de China durante medio siglo. Es el productor de hierro (el componente fundamental para la producción de acero) más grande del mundo, y 80 por ciento de su exportación va hacia el mayor productor y usuario de acero, China.

Según el ex primer ministro australiano Tony Abbott, las actitudes de Australia hacia China siempre se han resumido en “miedo y avaricia”. Australia ha cosechado beneficios increíbles de venderle a China de todo, desde hierro y carbón, hasta gas natural licuado y carne.

Hasta la llegada del COVID-19, Australia había impresionado al mundo entero por sobrevivir a la crisis financiera del 2008 mejor que prácticamente cualquier otro país, y gozaba de una racha de 29 años sin una sola recesión debido a sus negocios con la voraz segunda economía más grande del mundo.

La relación se deteriora

Recientemente, Australia se ha posicionado a la cabeza de un esfuerzo global por hacerle frente a China. En agosto del 2018, puso a prueba la paciencia de la potencia cuando se convirtió en el primer país en vetar la red de telecomunicaciones de última generación del gigante tecnológico chino Huawei por temas de seguridad nacional. Y luego persuadió a otros países a unírsele.

Australia también dio a conocer al público una serie de abusos de los derechos humanos ocurridos en Hong Kong y expuso escalofriantes detalles acerca de trabajos forzados en Xinjiang, donde un millón de uigures han sido internados. Canberra además fue la primera en pedir una investigación internacional acerca de los orígenes del COVID-19 —un punto de inflexión en el que China decidió que era hora de actuar.

Pocos países se han beneficiado del crecimiento de China tanto como Australia. Así que, a los ojos del gobierno chino, Australia está violando la regla más básica del éxito de China: si te enriqueces gracias a nuestro apoyo, guarda silencio y sé agradecido.

Diplomacia por otros medios

Beijing reaccionó con ira; batió su poder económico como un arma política y le impuso sanciones económicas significativas a Australia.Beijing reaccionó con ira; batió su poder económico como un arma política y le impuso sanciones económicas significativas a Australia. Su estrategia fue golpear a Australia donde más le duele: sus lucrativas exportaciones.

Beijing limitó las importaciones y estableció impuestos punitivos a las exportaciones australianas más importantes, como el hierro, el carbón, la cebada, el trigo, el vino y las ovejas. El castigo está empezando a sentirse, ya que las inversiones chinas en Australia se desplomaron 61 por ciento en el 2020, además de un 47 por ciento en el 2019. Existe la preocupación de que la economía australiana no vuelva a su tendencia prepandemia.

Un ejemplo y una advertencia

El ataque económico de China contra Australia en parte está diseñado para advertir a otros países acerca del peligro de oponerse abiertamente a los intereses de Beijing. el cual espera que sus represalias contra Australia disuadan a otros, como Canadá, la Unión europea y Japón, de unirse a la campaña contra el ascenso de China liderada por Estados Unidos.

“Es como el canario en la mina”, dijo Heino Klinck, subsecretario interino de defensa para Asia Oriental hasta el pasado enero. “Los chinos han demostrado que van a usar todos los obstáculos posibles para encerrar a Australia. Y no sólo se trata de Australia; China ha decidido que, si puede poner a Australia de vuelta en su caja, estará enviándoles un mensaje a los demás” (citado en Foreign Policy, 4 de mayo de 2021).

Australia se afirma

Australia no ha dado paso atrás ante la ira de Beijing. De hecho, las tácticas agresivas de China han reafirmado la dureza de sus actitudes. Según la última encuesta anual realizada por Lowy Institute, la confianza de los australianos en China se ha reducido a la mitad en los pasados dos años, y un abrumador 94 por ciento de los australianos dice que el gobierno debería buscar otros mercados para reducir su dependencia económica en China.

Algunos proyectos de inversión chinos han sido cancelados y más de 1.000 propuestas de comercio se han puesto bajo revisión de seguridad gubernamental. Entre ellos se encuentran los acuerdos de la Iniciativa China de la Franja y la Ruta con el estado de Victoria, así como un potencial acuerdo por el puerto de Darwin.

¿Riqueza o seguridad?

Durante el siglo pasado, Australia estuvo involucrado en todos los conflictos de Estados Unidos, pero en décadas recientes, Canberra ha intentado mantener el equilibrio entre su protección bajo el paraguas americano y su riqueza derivada de China. Como Japón, Australia ahora quiere aumentar sus gastos en defensa, pero irónicamente depende de una relación económica exitosa con China para obtener los recursos necesarios.

Desde hace tiempo, China ha intentado intimidar y alejar a Australia de la influencia de los Estados Unidos, y Australia ha tenido cuidado de no provocar a su mayor socio comercial. Según Global Times, China ve a Australia como “un colaborador cercano de Estados Unidos en su estrategia anti-China, a expensas de las relaciones China-Australia” y un multiplicador de la fuerza norteamericana en el Pacífico Occidental y el Mar de China Meridional.

China ha acumulado un enorme arsenal de misiles balísticos y está construyendo portaaviones a un ritmo acelerado. Además, su ambiciosa Iniciativa de la Franja y la Ruta está aumentando el poder económico de Beijing (y sus potenciales bases militares) en el Pacífico Sudoccidental, u Océano Índico, lo cual podría fácilmente amenazar las rutas marítimas australianas.

Las acciones de China motivaron al primer ministro Morrison a hacer un llamado manifiesto a quienes él considera “países con el mismo pensamiento” para formar un frente unido contra lo que su gobierno ve como la agresión china. Esto ha significado un nuevo enfoque en “Los cinco ojos”, la red de inteligencia compartida que incluye a Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Nueva Zelanda. Y también se ha enfocado en el moribundo “Quad”, o Diálogo de Seguridad Cuadrilateral —una alianza superficial de seguridad con Estados Unidos, Japón e India— el cual se está reviviendo para formar lo que algunos llaman la “OTAN asiática”.

Taiwán en la mira

Si bien el actual conflicto de ojo por ojo podría calmarse, China está decidida a desplazar a Estados Unidos como el poder dominante en Asia.Si bien el actual conflicto de ojo por ojo podría calmarse, China está decidida a desplazar a Estados Unidos como el poder dominante en Asia. Y los aliados de Washington, como Australia, inevitablemente tomarán posiciones que Beijing rechazará.

El foco de tensión más peligroso de la región es la posibilidad de una invasión china en Taiwán —un conflicto que podría involucrar a toda la región asiática e incluso a los Estados Unidos.

China considera a Taiwán como parte de su territorio soberano y ha jurado “reunificarse”, por la fuerza si es necesario. Está aumentando la presión militar en Taiwán con ejercicios de desembarco anfibio regulares y sobrevuelos militares amenazadores en el espacio aéreo taiwanés.

Beijing codicia las numerosas compañías de alta tecnología basadas en Taiwán. Especialmente TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company), probablemente la empresa más importante del mundo, debido a que diseña y fabrica chips semiconductores de última generación mucho más avanzados que los norteamericanos.

Beijing (y el resto del mundo) está interesado en estos chips que son el cerebro no sólo de computadores, sino también de misiles, inteligencias artificiales, telecomunicaciones avanzadas y robots.

Bendiciones increíbles

Desde que Australia se fundó a fines del siglo XVIII, su historia ha sido moldeada por su dependencia de alianzas con potencias distantes y dominantes. Gran Bretaña cumplió ese papel hasta 1942, con una poderosa flota que poseía los puertos estratégicos de Singapur y Hong Kong.

Desde entonces, la potencia ha sido Estados Unidos, con su poderosa armada que protege las concurridas rutas marítimas del sudeste de Asia, incluyendo el Estrecho de Malaca, del cual Australia depende.

El control de estas rutas marítimas vitales, así como la riqueza mineral prácticamente ilimitada de Australia, no son casualidad. Son bendiciones que le fueron prometidas miles de años atrás, no por grandeza física, poder militar o superioridad racial, sino por la obediencia de uno de sus antepasados.

Historia profetizada

En el libro de Génesis leemos acerca de dos pueblos que se convertirían en potencias mundiales al acercarse la segunda venida de Cristo. Se trata de los descendientes modernos de Efraín y Manasés (Génesis 48:19-22; 49:22-26). Los descendientes de Efraín llegarían a ser una “multitud de naciones” (Gran Bretaña, Canadá, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda), y los de Manasés un país “engrandecido” (Estados Unidos).

Las Escrituras dicen que las bendiciones físicas para los descendientes de Abraham incluyen una población numerosa, abundantes recursos naturales, poder militar e incluso el control de puntos de comercio estratégicos (Génesis 12:2-3; 22:17; 49:24-26).

Las profecías bíblicas no sólo revelan la razón por la que estos pueblos (incluyendo Australia) históricamente han surgido juntos, sino también el hecho de que caerán juntos al acercarse el fin de esta era. Esto será la consecuencia de su continuo alejamiento del Dios que los bendijo (Ezequiel 5:1-7).

Las naciones que conforman el Israel moderno enfrentarán los mismos castigos y la misma caída repentina (Deuteronomio 28:20; Isaías 9:13-14; 30:10-13) que el antiguo Israel si no reconocen y se arrepienten de sus pecados, en lo individual y como naciones.

Los israelitas actuales han sido muy bendecidos gracias a la obediencia de Abraham. Y eventualmente el mundo entenderá que obedecer a Dios produce esas bendiciones, mientras que alejarse de Él acarrea castigos.

La palabra certera de la profecía muestra que quebrantar las leyes bíblicas tiene consecuencias (Ezequiel 6:7-10). Es por eso que Dios les aconsejó a los israelitas, y nos aconseja en la actualidad, que escojamos la vida para que Él siga compartiendo sus bendiciones con nosotros.

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