¿Qué quiso decir Cristo cuando dijo: “el Reino de Dios está entre vosotros? ¿Significa esto que el Reino sólo existe en nuestros corazones y mentes?
¿Está el Reino de Dios solo dentro de nuestros corazones?
No. La afirmación de Cristo de que “el reino de Dios está entre vosotros” (o “dentro de vosotros”) es una mala traducción del griego original y puede traducirse como “el reino de Dios está en medio de vosotros”. Un análisis más detallado revela que en realidad se estaba refiriendo a sí mismo como un representante de ese Reino.
¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo: “El reino de Dios está entre de vosotros”?
La respuesta sencilla es que Jesús estaba diciendo que Él, el Rey del venidero Reino de Dios, estaba de pie en medio de sus detractores.
El versículo bíblico: “El reino de Dios está entre vosotros”.
En respuesta a una pregunta de los fariseos sobre cuándo vendría el Reino de Dios, Jesús dijo: “El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17:20-21).
“El reino de Dios está entre vosotros” significa
La primera frase de la respuesta de Jesús ha sido bastante fácil de entender. Sin embargo, la mala interpretación de la segunda frase ha dado a muchos una visión incompleta del Reino.
Cuando Jesús vino a la tierra, los judíos estaban esperando que el Mesías regresara para elevar a la nación judía a un lugar prominente. En vez de escuchar el mensaje de arrepentimiento, ellos esperaban a alguien que los liberara y los dirigiera en una liberación exitosa de su nación. Y algunas de las autoridades religiosas aparentemente creían que ellos—debido a una cuidadosa investigación—serían los primeros en descubrir el retorno del Salvador prometido.
En el pasaje anotado anteriormente, Jesús les dijo a los fariseos que su pensamiento estaba errado. Su primera venida fue para predicar el evangelio del reino de Dios (Marcos 1:14-15) y pagar el precio por los pecados de la humanidad. Posteriormente, aparecería por segunda vez para salvación (Hebreos 9:28) y para establecer el Reino de Dios en la tierra.
Jesús hizo esta misma observación cuando fue juzgado ante Pilato. Cuando le preguntaron si era el Rey de los judíos, Jesús respondió: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36).
¿Cómo dijo Jesús que vendría el Reino?
Cuando Jesús regrese, habrá señales aterradoras que todos podrán observar (Mateo 24:5-14, 21-27; Apocalipsis 1:7). Pero al decir: “El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí” (Lucas 17:20-21), lo que Jesús les estaba explicando a los fariseos era que esa generación, a pesar de todos sus meticulosos esfuerzos, por su erróneo entendimiento no podría identificar al Mesías en su primera venida.
Más aún, ellos no verían las increíbles señales de su segunda venida—las señales que ellos estaban buscando. Como Jesús lo anotara, ese relámpago cuyo resplandor se vería por todo el cielo, que acompañaría su segunda venida, ocurriría en otro “día” (v. 24), bastante tiempo después de que los fariseos a los cuales les estaba hablando hubieran vivido y muerto.
Después de decirles a los fariseos que ellos no podrían ver la venida del Reino de Dios en el momento en que ellos esperaban, Él dijo: “porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros” (v. 21). En este sentido, Jesús, el Rey del venidero Reino de Dios, estaba entre los fariseos. ¡El Reino de Dios no estaba en los corazones de aquellos fariseos!
En este sentido, Jesús, el Rey del Reino de Dios venidero, estaba en medio de los fariseos.
En este pasaje, entos (la palabra griega que se traduce como “dentro”) también puede traducirse como “en medio de” (Diccionario Expositivo Completo de Palabras del Antiguo y Nuevo Testamento de Vine).
En este sentido, Jesús, el Rey del Reino de Dios venidero, estaba en medio de los fariseos. Esta traducción es claramente mejor, pues el Reino de Dios no estaba en el corazón de estos fariseos.
(Para obtener más ayuda para comprender el Reino de Dios, consulte nuestro artículo “¿Qué es el Reino de Dios?”)
¿Está el Reino de Dios en nuestros corazones?
¿Qué hay entonces acerca del concepto del Reino de Dios en nuestros corazones? Las Escrituras muestran que este tema debe estar en nuestra mente. Al fin y al cabo, supuestamente debemos orar para que el Reino venga (Mateo 6:10), y Jesús nos dijo “buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia” (v. 33).
Al reflexionar sobre cómo podemos tener el Reino de Dios como nuestro objetivo principal y mantenerlo presente, debemos comprender que el conocimiento de este reino no está programado automáticamente en nosotros. La idea popular de que todo el conocimiento y la sabiduría que necesitamos ya están dentro de nosotros y que basta con mirar en nuestro interior para encontrarlos no está respaldada por la Biblia.
Nuestras mentes humanas y carnales no están automáticamente en sintonía con Dios. Como nuestro Creador, Dios sabe cómo fuimos hechos. Él declara: “Engañoso es el corazón [humano] más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9).
El profeta a través del cual Dios habló estas palabras comprendió lo que Dios decía. Respondiendo a Dios, Jeremías dijo: “Oh Eterno, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23).
La manera en que podemos pasar de nuestra forma natural de pensar y actuar como seres humanos a la forma en que Dios quiere que seamos comienza con el reconocimiento y el arrepentimiento de nuestros pecados.
Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, somos bautizados y después seguimos la guía del Espíritu Santo, voluntariamente nos sometemos a las leyes y autoridad del Reino de Dios que vendrá.
Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, somos bautizados y después seguimos la guía del Espíritu Santo, voluntariamente nos sometemos a las leyes y autoridad del Reino de Dios que vendrá. Al describir este proceso, Pablo, que en aquella época estaba prisionero en Roma, explicó: “El cual [Dios el Padre], nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Así que existe un sentido simbólico de ser “trasladados” al Reino, cuando sometemos nuestra vida a Dios y comenzamos a vivir según sus instrucciones.
Nuestra lealtad primaria es trasferida de todos los reinos de este mundo al Reino de Dios. Ahora estamos sujetos a unas leyes diferentes (las de Dios) y pertenecemos a una comunidad distinta (la Iglesia de Dios).
El Espíritu Santo nos ayuda a obedecer las leyes de Dios. Este espíritu de “poder, amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7), nos da la capacidad de vivir por las leyes de Dios aunque todavía seguimos siendo humanos y débiles. Aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios son llamados “hijos de Dios” (Romanos 8:14). Este mismo espíritu le da poder a la Iglesia para poder cumplir con su comisión. En este sentido, tenemos la oportunidad de gustar o experimentar “los poderes del siglo venidero” (Hebreos 6:4-5).
¿Dónde está el Reino de Dios y cómo podemos entrar en él?
Aunque la Biblia menciona que después de ser bautizados nuestra “ciudadanía” está en los cielos (Filipenses 3:20), para entrar al Reino los seres humanos tienen que ser cambiados de carne y sangre en espíritu, de mortales a inmortales, a la segunda venida de Jesús (1 Corintios 15:50-53; Hebreos 9:28). Cuando el Reino de Dios venga a la tierra, regirá sobre todos “los reinos de este mundo” (Apocalipsis 11:15).
Desafortunadamente, al leer la frase de Jesús “el reino de Dios está entre vosotros”, muchos han limitado erróneamente el Reino de Dios a una perspectiva filosófica o una forma de pensar. En realidad, el venidero Reino de Dios es mucho más de lo que implica estar en los corazones y mentes de los seguidores de Cristo. De hecho, en el Reino van a entrar los fieles elegidos de Dios cuando Cristo regrese y ese Reino sea establecido aquí en la tierra.
Para saber más sobre el Reino de Dios, asegúrese de leer los demás artículos de esta sección sobre el “Reino de Dios”.