Vida, Esperanza y Verdad

Caín y Abel

Los primeros hermanos no se la llevaban bien. Caín sintió celos de su hermano Abel. ¡Permitió que la ira lo dominara e hizo algo terrible y trato de ocultárselo a Dios!

Después de que Adán y Eva comieron del fruto que Dios les dijo que no comieran, les tocó salir del hermoso Jardín del Edén. Su vida se volvió difícil debido a que escogieron desobedecerle a Dios.

Adán y Eva tuvieron un hijo, lo llamaron Caín. Su madre dijo: “Por voluntad del Eterno he adquirido un varón”. De pronto ella pensó que él sería la persona que Dios prometió que iba a vencer a Satanás. Incluso si no pensara eso, ella tenía muchas esperanzas en su primogénito.

Después Adán y Eva tuvieron otro hijo y lo llamaron Abel.

Los hermanos crecieron

Caín y Abel eran diferentes en varios aspectos. Caín creció para ser un granjero. Abel era pastor.

Más importante aún, su actitud hacia Dios era muy diferente. Abel le ofreció una ofrenda a Dios con lo mejor que tenía. Abel creía y confiaba en Dios (Hebreos 11:4).

Caín también le llevo una ofrenda a Dios, pero la Biblia dice que a Dios no le agradó.

Caín se puso furioso. De pronto pensó que era injusto. Es posible que estuviera celoso de que Dios estuviera feliz con Abel.

Pero a Dios le importaba Caín también. Él le pregunto a Caín: “¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?”. Dios le dijo a Caín que si hacia las cosas bien, Él estaría feliz con él también. Pero si no hacía lo correcto, estaba en peligro de cometer un pecado. De la misma forma en que Satanás indujo a sus padres para que pecaran, el pecado estaba esperando para atrapar a Caín. Dios le dijo a Caín que controlara esas actitudes.

Pero Caín no lo escuchó. Se puso más airado y se convenció a si mismo de que tenía la razón.

Asesinato y mentira

El pecado nos puede llevar a hacer cosas que no teníamos planeado hacer. Los resultados de pensar y de actuar de manera pecaminosa pueden ser mucho peor de lo que pretendíamos.

¡Caín estaba tan bravo que asesinó a su hermano! Caín mató a Abel “Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3:12). No le gustó que su hermano sobresaliera por encima de él. Satanás odia por naturaleza, y Caín escogió odiar también. Entonces cuando estuvieron solos en el campo, Caín mató a Abel.

Caín pensó que nadie vio lo que hizo. Pero Caín debió saber que él no se podía esconder de Dios. Dios sabía lo que había pasado, pero le dio a Caín la oportunidad de admitirlo. Dios le preguntó a Caín, “¿Dónde está tu hermano Abel?”

Caín respondió, “No lo sé, ¿acaso soy yo guarda de mi hermano?”.

Pero Caín mintió. Él sabía exactamente donde estaba el cuerpo de Abel.

Y él sabía que todos debemos hacer todo lo posible para cuidar de nuestros hermanos. No podemos controlar a nuestros hermanos y hermanas, pero no debemos hacerles nada malo. Debemos ayudarlos y preocuparnos por ellos. De esa manera somos guardas de nuestros hermanos.

El castigo de Caín

Dios sabía exactamente qué era lo que Caín había hecho. Él sabía que Caín estaba mintiendo. Era como si la sangre de Abel estuviera clamando a Dios para que supiera que un terrible asesinato se había cometido.

El castigo de Caín era la muerte. Pero antes de eso, Dios le dijo a Caín las maldiciones que iba a enfrentar. La tierra no iba a dar el fruto necesario para que él pudiera comer, y él tendría que trabajar arduamente. Él tendría que estar moviéndose constantemente y estaría preocupado de que los demás trataran de matarlo.

Caín se quejó porque el castigo era demasiado duro. Él nunca dijo que estaba arrepentido. Él no reconoció que había hecho algo terrible.

Pero Dios no quería que los demás se vengaran de Caín. Dios puso una marca sobre Caín para que los demás supieran que no debían matarlo.

El camino de Caín

Caín escogió el camino que conduce a la muerte. Él escogió ser egoísta. Él prefirió confiar en él en vez de confiar en Dios. Él escogió pensar en su orgullo herido. La Biblia llama a esto, el camino de Caín (Judas 1:11).

Nosotros tenemos que recordar que cuando nos enojamos, el pecado está esperando para atraparnos. Tenemos que recordar que cuando odiamos a los demás es como si cometiéramos un homicidio (1 Juan 3:15). Tenemos que pedirle a Dios que nos ayude a gobernarnos a nosotros mismos y a dominar el pecado. Debemos preocuparnos por nuestros hermanos y hermanas.

No debemos seguir el camino de Caín.

Preguntas

A continuación hay unas preguntas para pensar o hablarlas como familia:

  1. ¿Por qué Dios estaba feliz con la ofrenda de Abel?
  2. ¿Por qué se molestó Caín?
  3. ¿Qué debió haber hecho Caín?
  4. ¿Cómo podemos estar seguros de no seguir el camino de Caín?

Lecturas relacionadas

Para mayor información de fondo acerca de Caín y Abel, vea las siguientes publicaciones de los versículos para meditar de la Biblia:

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