Viaje La armadura de Dios

Las sandalias del apresto

Cuando Pablo escribió acerca de la armadura de Dios, puso mucho énfasis en la firmeza. La armadura nos permite “estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11). Nos da la capacidad de “resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (v. 13). Y justo antes de describir las piezas individuales de la armadura, Pablo nos recuerda una vez más: “Estad, pues, firmes” (v. 14).

Cuando nos ponemos la armadura de Dios, nos equipamos con las herramientas necesarias para resistir al temible enemigo, pero ninguna pieza de la armadura está tan relacionada con la capacidad de permanecer firmes como el calzado de un soldado.

Al fin de cuentas, gran parte de nuestra habilidad para no perder la postura depende de lo que usamos en nuestros pies.

La armadura romana tiene muchos elementos visualmente atractivos. Pero las cáligas no son uno de ellos.

Son unas sandalias sencillas, modestas. Al lado de las relucientes espadas, los imponentes escudos, los resonantes cinturones, los brillantes cascos y las corazas, sería muy lógico pasar por alto el humilde calzado de cuero amarrado a los pies de los soldados.

Sin embargo, aunque no eran llamativas, las cáligas romanas estaban diseñadas para cumplir varias funciones importantes en el campo de batalla. Si alguna vez ha caminado descalzo en la naturaleza, sabrá que está llena de objetos que pueden lastimar un par de pies distraídos. El suelo tiene muchos peligros que podrían hacer que un explorador descalzo cojeara y aullara de dolor.

Las sandalias, por supuesto, nos ayudan con su capa de protección entre los pies y el suelo, que minimizan los peligros de los posibles obstáculos. Pero las cáligas tienen dos funciones más. Primero, su diseño calado le permite al pie tener la temperatura adecuada, por lo que un soldado romano con estas sandalias no tenía que preocuparse de ampollas en sus pies en una marcha de 40 km. En segundo lugar, las suelas de las cáligas estaban unidas con clavos, lo que las convertía en una especie de botines antiguos. Los clavos aseguraban una mejor tracción en terreno difícil, extendían la vida de la suela y hacían que fuera más fácil mantener la posición durante un ataque enemigo.

Pablo dice que debemos calzar nuestros “pies con el apresto del evangelio de la paz” (Efesios 6:15)

—lo que requiere una explicación. Comencemos en la última parte de esta descripción y avancemos hacia el principio.

En primer lugar, estamos hablando del “evangelio de la paz”. Pablo se refiere al evangelio (que literalmente significa “buenas noticias”) como un mensaje enfocado en la paz.

Ése es un detalle importante —doblemente importante cuando estamos hablando de una herramienta diseñada para la guerra.

Repasemos la forma en que Jesucristo inició su ministerio en la Tierra: “Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15, énfasis añadido).

No estamos hablando de dos evangelios diferentes: las buenas noticias de la paz también son las buenas noticias del Reino de Dios, porque el Reino de Dios traerá la paz…

Eventualmente.

Pero hasta que el Reino de Dios sea establecido en la Tierra —hasta que Satanás y sus demonios sean quitados de en medio— debemos ser soldados. Y las buenas noticias que nos prometen paz cuando el Reino de Dios llegue —el “evangelio de la paz”— nos proveen de lo que Pablo llama “apresto”.

La palabra griega que el apóstol usa aquí implica estar preparados para actuar —estar firmes para hacer lo necesario cuando sea necesario. Nuestra convicción en el evangelio de la paz nos permite enfrentar las fuerzas del enemigo, listos para atacar o defender según lo requiera la situación. El Expositor’s Greek Testament [Testamento griego del expositor] describe este concepto como “la preparación que viene del evangelio cuyo mensaje es la paz”.

Eso es lo que usamos como calzado, nuestras cáligas, durante la batalla: el apresto que nos da el evangelio cuyo mensaje es la paz. Eso es lo que nos protege de los peligros que puede haber en el suelo; lo que nos permite pelear batallas toda la vida sin ampollarnos los pies o quedar inmovilizados. Es lo que nos ayuda a permanecer firmes sin importar cuán difícil sea el terreno en que el enemigo elija atacar.

Pablo también dice que debemos resistir al enemigo “en el día malo” (Efesios 6:13), pero esta expresión no se refiere a un único momento en la vida. El Expositor’s Greek Testament [Testamento griego del expositor] explica que es “un día de tentación y ataque violentos, que puede llegar en cualquier momento de nuestra vida”.

En su camino como soldado, no se encontrará con un solo día malo, sino con muchos. El enemigo lo atacará una y otra vez, y usted deberá defenderse de sus violentas tentaciones y ataques tantas veces como Dios lo permita.

En esas ocasiones, en los días malos, su calzado será invaluable. Encontrará paz en el mensaje del evangelio; y en esa paz encontrará estabilidad. Disposición. Apresto.

Satanás está ansioso por hacerle perder el equilibrio, que se quede temblando e inestable. Pero conocer el final de la historia es saber que un día en el futuro: “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9). Un día “los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo” (Isaías 35:5-6). Un día, “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).

Saber estas cosas nos permite poner nuestra fe en la promesa que Dios nos hace: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado... porque en el Eterno el Señor está la fortaleza de los siglos” (Isaías 26:3-4). Podemos confiar en que “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará [nuestros] corazones y [nuestros] pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).

No importa lo que Satanás haga, el mensaje del evangelio del Reino de Dios siempre será el punto de apoyo que necesitamos para permanecer firmes.

Tal vez parezca extraño utilizar un implemento relacionado con la paz en el campo de batalla, pero no hay una contradicción aquí. Satanás el diablo es un enemigo acérrimo de Dios y, por lo tanto, enemigo acérrimo de la paz. Mientras él esté en escena —mientras permanezca en el campo de batalla— la paz verdadera y duradera será imposible de alcanzar. Satanás es “el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (Apocalipsis 12:10). Él ha sido “homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44).

Las cáligas tienen una función más, una de la que es menos agradable hablar, pero es una función de todas maneras. Cualquier enemigo que se tropiece frente a un ejército marchando con sandalias con clavos, seguramente morirá aplastado —un destino desafortunado, pero parte inevitable de la guerra.

Pablo les prometió a los cristianos fieles de Roma que “el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies” (Romanos 16:20). Hay una justicia poética en esta promesa: el Dios de paz aplastará al enemigo de la paz bajo los pies de quienes usen el apresto del evangelio de la paz.

“La paz os dejo”, les dijo Cristo a sus discípulos. “Mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo... No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí” (Juan 14:27-28, 30; énfasis añadido).

Nada. Satanás, el príncipe de este mundo, no tiene nada en Cristo, ni poder sobre Él. Jesús está con el Padre ahora y cuando regrese será para establecer el Reino que nos ha prometido.

En el campo de batalla, nuestra confianza en ese futuro Reino nos dará paz en medio del conflicto, y esa paz nos dará el apresto necesario para permanecer firmes en los días malos.

Permanezca firme; pronto vendrán mejores días.

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