La perspectiva de Jesús acerca de predicar el evangelio difiere de la de muchas iglesias modernas. ¿Cuál era su perspectiva acerca de la evangelización? ¿Deberíamos aplicarla en la actualidad?
Crédito de la imagen: David Clark Photography a través de Lightstock
Tras alimentar a los 5.000, Jesús despidió a la multitud y les dijo a sus discípulos que cruzaran el mar en una barca. Esa misma noche, durante una tormenta, Cristo caminó sobre el agua hacia ellos y, cuando subió a la barca, “llegó en seguida a la tierra adonde iban” (Juan 6:21).
Jesús reprende a las multitudes que lo buscaban
La mañana siguiente, cuando no encontraron a Jesús del lado del mar en que había alimentado a los 5.000, un grupo de sus seguidores viajó a Capernaúm y se sorprendió de encontrarlo ahí. Ignorantes de los milagros que ocurrieron la noche anterior, le preguntaron “Rabí, ¿cuándo llegaste acá?” (v. 25).
Pero en vez de responder, Jesús se enfocó en la motivación de sus seguidores: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (v. 26).
Con su capacidad para percibir pensamientos y motivaciones, Jesús se dio cuenta que las personas sólo lo buscaban para obtener otra comida gratis, no por un deseo genuino de aprender. Su motivación era física, y Él los reprendió por ello.
Luego, impartió enseñanzas directas y desafiantes que incomodaron a muchos de sus oyentes (vv. 29-66).
- Dijo que sus seguidores debían creer en él sinceramente, no seguirlo para obtener comida gratis o presenciar un espectáculo (v. 27).
- Reveló que no era solamente un humano especial, sino que venía “del cielo” —una declaración de su divinidad (vv. 32-35).
- Explicó que seguirlo de verdad, significaba comer de su carne y beber de su sangre simbólicamente —una referencia a los símbolos de la Pascua que introduciría más tarde (vv. 51-58).
Muchos quienes se consideraban sus discípulos se ofendieron y, como resultado, “volvieron atrás, y ya no andaban con él” (v. 66).
Pero esto no sorprendió a Jesús. Él sabía que algunos de sus seguidores no creían realmente o lo seguían por las razones incorrectas.
Evangelización moderna vs. la perspectiva de Cristo
La perspectiva de Jesús en cuanto a la evangelización puede ser sorprendente para los creyentes modernos. Muchos de quienes dicen representar a Jesús en la actualidad se enfocan en llenar iglesias y “salvar almas” —intentan llevar a la mayor cantidad posible de personas a declarar su fe en Cristo y así evitar el sufrimiento eterno en el fuego del infierno. Esta perspectiva ha llevado a muchas iglesias modernas a cambiar drásticamente para atraer a más creyentes.
Las mega iglesias (e incluso muchas de las denominaciones tradicionales) han relajado sus estándares de vestimenta y adoptado formas de adoración casuales que a menudo se asemejan a conciertos de rock o seminarios motivacionales, todo con el fin de que los asistentes se sientan más cómodos. La idea detrás de esto es que, si la gente se siente bien, volverá. Pero estos métodos contrastan mucho con la perspectiva de Jesús.
Jesucristo no buscaba atraer seguidores a toda costa; no diseñaba sus mensajes cuidadosamente para que fueran agradables y suaves para la mayor audiencia posible. Como dijimos antes, a menudo cuestionaba la motivación de sus discípulos y enseñaba verdades que les planteaban un gran desafío, sabiendo que algunos dejarían de seguirlo.
En otra ocasión, les dijo a sus discípulos que de forma intencional ocultaba el significado de sus enseñanzas a las multitudes al expresarlas en parábolas.
Corregir ideas falsas con dureza y esconder el significado de sus lecciones no parece una buena estrategia para obtener seguidores y ganar almas. Sin duda esto demuestra cómo la perspectiva de Jesús en cuanto a la evangelización difiere de lo que vemos en gran parte del cristianismo moderno.
Analicemos más de cerca cómo Cristo compartió su mensaje y cómo su ejemplo muestra la forma en que el evangelio debería predicarse hoy.
Tres verdades acerca de la perspectiva de Jesús en cuanto a la evangelización
1. A Jesús no le interesaban los números, sino discípulos comprometidos.
En la era de las mega iglesias, esto puede sonar sorprendente, pero Jesús no trataba de atraer a tantos seguidores como fuera posible. Esto se ilustra claramente en Juan 6, cuando despidió a quienes lo seguían por razones meramente físicas. Cristo buscaba discípulos que lo siguieran por las razones espirituales correctas —que creyeran verdaderamente.
A Jesús no le interesaban los números, sino personas dispuestas a comprometerse por completo con Él.
Cuando muchos se apartaron de Él, se quedó con un grupo de discípulos más pequeño, pero más convencido y comprometido (vv. 66-69).
Y más adelante en su ministerio, vemos otro ejemplo de esta verdad.
Cuando grandes multitudes comenzaron a seguirlo en Perea, Él no intentó mantenerlos cerca a toda costa. En cambio, una vez más, expresó verdades incómodas que alejaron a muchos. Cristo subrayó que ser su discípulo requería mucho más que escucharlo; implicaba un compromiso de por vida, sin importar el costo (Lucas 14:26-33).
A Jesús no le interesaban los números, sino personas dispuestas a comprometerse por completo con Él. En otras palabras, buscaba calidad, no cantidad.
2. Cristo no intentaba salvarlos a todos en aquel momento.
La motivación detrás de los esfuerzos de evangelización modernos es tratar de convertir a tantas personas como sea posible para salvarlas del infierno. Las iglesias a menudo describen esta misión como “ganar almas para Jesús”.
Pero Cristo no pensaba de esta forma. Si su enfoque hubiera sido salvar a tantos como fuera posible, hubiera hecho hasta lo imposible por mantener a las grandes multitudes que lo seguían, no las habría alejado.
La razón por la que no tenía esta perspectiva la vemos expresada en sus palabras para quienes lo seguían por la comida gratis: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). Mas tarde, dijo que la única manera de ser su verdadero discípulo era si “le fuere dado del Padre” (v. 65).
Cristo explicó que el Padre le da entendimiento espiritual a un número relativamente pequeño de personas. Si eso es verdad (y lo es), entonces la idea de que Dios condenará a todos los que no ha llamado, implicaría que es un Dios cruel e injusto. Sin embargo, la Biblia revela que Dios es amoroso y misericordioso, y “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).
Aunque no es el tema de este artículo, las Escrituras muestran que Dios tiene un plan sistemático para llamar a toda la humanidad —un plan que no deja a nadie por fuera ni transige con sus estándares eternos.
Puede aprender más sobre ese plan en los siguientes artículos: “¿Qué pasa con aquellos que murieron sin esperanza?” y “¿Qué es el juicio del Gran Trono Blanco?”.
La perspectiva de Jesús sólo puede entenderse en el contexto de ese plan.
Él no estaba tratando de convertir a todos en su tiempo; su enfoque era encontrar y desarrollar al pequeño grupo de creyentes que el Padre estaba llamando entonces. Por lo tanto, dedicó la mayoría de sus enseñanzas y su tiempo personal a ese pequeño grupo de discípulos.
3. El mensaje de Jesús fue consistente e íntegro.
Probablemente el aspecto más impresionante de la perspectiva de Cristo sobre la evangelización era su estilo de oratoria. Él hablaba “como quien tiene autoridad” (Mateo 7:29). Su mensaje no estaba cuidadosamente diseñado para hacer sentir bien a nadie, ni era un mensaje de “fuego y ceniza” para asustar a su audiencia.
El mensaje de Cristo era consistente y se centraba en las buenas noticias del Reino de Dios. Además, requería que hubiera una respuesta de fe, arrepentimiento y cambio genuinos (Marcos 1:14-15).
Era un mensaje positivo —proclamaba que vendría un mundo mejor—, pero también incluía una advertencia: sus seguidores necesitaban cambiar y hacer que su vida estuviera de acuerdo con el camino de Dios. Era un mensaje que inspiraba una visión trascendente y motivaba a las personas a la acción.
Si bien su propósito no era asustar ni ofender, Cristo no dudaba en “[Clamar] a voz en cuello, no [detenerse]” (Isaías 58:1) —predicaba verdades incómodas con franqueza y desafiaba ideas preconcebidas.
Sólo unas pocas personas mostraron evidencia de que Dios las estaba llamando —aquellos que creyeron, se arrepintieron y comprometieron sus vidas a Dios. A este grupo, Jesús le dio enseñanzas y guía más profundas, además de un cuidado especial.
Debemos encontrar el mensaje hoy
Vivimos en un mundo lleno de ruido y confusión religiosa. Las iglesias y los predicadores más exitosos son aquellos que diseñan sus mensajes con cuidado para llenar asientos, enfocándose en la comodidad y las emociones de las personas, así como en su deseo de entretenerse y formar una comunidad.
Pero estas ideas modernas contrastan profundamente con la perspectiva de Jesús. Él no estaba preocupado por llenar asientos, entretener o hacer sentir bien a la gente; su deseo era dirigir a las personas a una visión del futuro que requería sacrificio y cambio en el presente.
No les prometía comodidad, bendiciones sin límites ni riquezas a quienes respondían al llamado, sino una vida espiritual abundante que también incluiría pruebas, dificultades y sacrificio.
En la actualidad, el mensaje de Cristo está siendo proclamado por su Iglesia, que sigue los principios establecidos por Él y utiliza los medios modernos para alcanzar a una audiencia más amplia. A través de esta revista, y muchos otros esfuerzos, la Iglesia de Dios busca ayudar a las personas a entender las palabras de Jesús y a . . .
Andar como él anduvo.