Jesús sanó a dos hombres que tenían graves discapacidades sensoriales. ¿Qué nos enseñan estos milagros de sanidad acerca del poder de Dios para sanar hoy en día y en el futuro?
Después de partir de la región de Tiro y Sidón, Jesús se dirigió hacia el sureste con destino a Decápolis y el mar de Galilea. Este viaje pudo haberle tomado una o dos semanas. Este tiempo alejado de las multitudes permitió que Jesús tuviera un momento muy valioso de enseñanza privada con “los doce”.
Debido a los milagros que realizó en Decápolis, una gran multitud se reunió para encontrarse con Él.
Esa multitud incluía muchas personas con diferentes discapacidades —“cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos”— que fueron presentados ante Jesús y los sanó (Mateo 15:30).
El sordo y el mudo son sanados
En este relato, Marcos decide enfocarse en sólo dos de esas sanidades.
Marcos nos relata acerca de un hombre sordo que tenía dificultades para hablar y fue llevado delante de Jesús para que lo sanara (Marcos 7:32). Las personas que tienen dificultades auditivas con frecuencia tienen problemas con el habla porque no pueden escuchar bien la pronunciación o el sonido de su propia voz.
En lugar de sanarlo en ese lugar, Jesús lo llevó a un lugar privado. Marcos describe lo que Jesús hizo a continuación: “metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua”.
En pleno siglo XXI, esto puede sonar un poco extraño. Pero el propósito de Jesús no era mostrar que su saliva tenía propiedades medicinales. Quizás sus gestos fueran más bien una especie de lenguaje de señas con el que le indicaba al hombre la curación que estaba a punto de realizar. A continuación, Jesús alzó los ojos al cielo —para dejar claro que le estaba pidiendo al Padre que lo sanara— y pronunció la palabra aramea “Ephphatha”, que significa “Ábrete” (v. 34).
Es posible que Jesús haya utilizado esta palabra de tres sílabas para que el hombre pudiera leer sus labios y entendiera la orden justo antes de que su capacidad auditiva fuera restaurada.
En ese mismo instante “fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien” (v. 35). Incluso en la actualidad, cuando se recupera o mejora la audición de una persona mediante un implante coclear o una cirugía, se necesitan meses e incluso años de terapia del habla y práctica para que la persona aprenda a pronunciar correctamente.
Pero en esa ocasión, Jesús llevó a cabo un milagro doble: restauró por completo la audición y el habla normal al mismo tiempo.
Las noticias de este milagro se propagaron rápidamente e intensificaron el debate acerca de su identidad como el Mesías (v. 37).
Un hombre ciego es sanado
Más adelante, Jesús regresó hacia el norte, a Betsaida, que es la parte norte de la costa del mar de Galilea. Allí, un hombre que estaba completamente ciego le fue presentado.
Jesús obró de manera muy similar a como lo había hecho previamente con el hombre sordo.
Para muchos judíos, estas dos sanidades les trajeron inmediatamente a la memoria una profecía familiar: “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo” (Isaías 35:5-6).
Después de llevar al hombre a un lugar alejado de las multitudes, Jesús “escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima” (Marcos 8:23). De nuevo, las obras de Jesús no dependían de su saliva, así que no podemos tener certeza de por qué lo hizo de esta manera.
Lo particular de esta sanidad es que no fue algo instantáneo. Por el contrario, después de que Jesús le pusiera las manos encima, la visión del hombre fue parcialmente restaurada.
El hombre exclamó: “veo los hombres como árboles, pero los veo que andan” (v. 24).
Podía percibir la luz y los colores, pero no con la suficiente claridad para distinguir los detalles y la forma. (Las personas que tienen problemas de visión pueden sentirse identificadas con su descripción.)
Jesús entonces tocó sus ojos por segunda vez. En esta ocasión, cuando el hombre miró hacia arriba, “fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos” (v. 25).
¿Por qué Jesús le restauró la visión a este hombre en dos fases, cuando normalmente todos los milagros de sanidad eran instantáneos y completos?
Si este hombre hubiera sido ciego de nacimiento, probablemente Dios habría hecho esto por misericordia. Restaurarle la visión gradualmente pudo haber evitado que se sintiera abrumado por los colores, la perspectiva y los detalles al mismo tiempo, dándole oportunidad a su cerebro de acostumbrarse a esos nuevos estímulos sensoriales.
Pero, lo más probable es que esto fuera una lección espiritual para los discípulos.
Jesús sabía que después de su partida, los discípulos ungirían e impondrían sus manos sobre muchas personas. No obstante, ese acto de fe no sería una garantía de que Dios sanaría por completo e instantáneamente cada vez.
Algunas personas experimentarían una sanidad inmediata; otros, de manera gradual y parcial; e incluso algunos no serían sanados por completo en esta vida.
Reconocer que Dios no siempre sana de la misma manera les ayudaría a no desanimarse cuando la sanidad no fuera instantánea. También les daría un ejemplo que ellos podrían usar para animar a otros:
Si Dios no lo sana inmediatamente, eso no quiere decir que Él lo haya abandonado —simplemente puede ser que su respuesta sea: “No todavía”.
Si usted está pasando por un quebranto de salud crónico, este relato le puede servir de estímulo en la actualidad.
Otra lección que podemos aprender de esto es cómo Dios concede la visión espiritual.
La comprensión espiritual suele llegar de forma gradual, poco a poco. Al igual que este hombre, al principio “vemos” la verdad de Dios de manera borrosa, pero con el tiempo, la experiencia, la guía y el estudio, hacen que nuestra comprensión crezca y se vuelva más clara.
Los discípulos estaban experimentando esto ellos mismos, ya que por aquella época estaban empezando por fin a “ver” quién era Jesús realmente (Marcos 8:27-30).
Confusión acerca de la primera venida de Jesús
Para muchos judíos, estas dos sanidades les trajeron inmediatamente a la memoria una profecía familiar: “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo” (Isaías 35:5-6).
Relacionar sus milagros de sanidad con este versículo probablemente hizo que algunos aceptaran su identidad mesiánica. Pero es posible que, al mismo tiempo, haya causado confusión en algunos con respecto al propósito y el momento de su venida.
Como se ha señalado en artículos anteriores, muchos judíos, incluidos sus propios discípulos, esperaban que Jesús estableciera el Reino mesiánico en ese momento, derrocando a Roma y restaurando el reino de Israel.
En cierto sentido, esta expectativa es comprensible, ya que Isaías 35 describe claramente los acontecimientos asociados con el Reino milenial, incluyendo la restauración de los desiertos (vv.1, 6-7), el regreso de Dios con venganza (v. 4) y el establecimiento de un “Camino de Santidad” (v. 8).
Entonces, ¿cómo debemos entender esto? ¿Cumplió Jesús la profecía de Isaías 35:5-6 cuando devolvió la vista a los ciegos y el oído a los sordos?
La respuesta es... sí y no.
La dualidad y la primera venida de Jesús
Para entender esto correctamente, debemos comprender la dualidad en la profecía bíblica.
La dualidad nos enseña cómo a menudo Dios cumple la profecía en dos fases: primero a través de un cumplimiento inicial y parcial, y más tarde a través de uno final y completo.
Las dos actividades principales de su primera venida —enseñar y sanar (Mateo 4:23)— fueron anticipos a pequeña escala de la obra mucho más grande que llevará a cabo durante su segunda venida.
Su ministerio de enseñanza fue un cumplimiento parcial de la profecía de Isaías: “y todos tus hijos serán enseñados por el Eterno” (Isaías 54:13; lo invitamos a leer también Juan 6:45). Durante su primera venida, Jesús enseñó principalmente en Galilea y Judea; en su segunda venida, liderará un programa para educar al mundo entero acerca del camino de Dios (Isaías 2:3; 11:9).
Su ministerio de sanidad fue un cumplimiento limitado de la profecía de Malaquías: “nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación” (Malaquías 4:2). Durante su primera venida, Jesús sanó a muchas personas, pero sólo en una región relativamente pequeña. La mayoría de los enfermos y discapacitados del mundo nunca estuvieron cerca de Él.
Además, su autoridad sobre el reino demoníaco durante su primera venida presagiaba que Satanás y los demonios serían completamente derrotados por Él en su segunda venida (Génesis 3:15; Mateo 12:28; Apocalipsis 20:1-3).
En cierto sentido, podríamos pensar en su primera venida como un tráiler —un avance limitado de las actividades que Él llevará a cabo a escala global después de establecer el Reino de Dios en la Tierra.
Esto ayuda a explicar por qué Jesús dijo: “El reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lucas 11:20) y “el reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17:21). Su ministerio terrenal proporcionó un anticipo de lo que su Reino logrará para el mundo entero a su regreso.
Él no estableció el Reino en la Tierra durante su ministerio, pero como su Rey, proporcionó un pequeño y limitado adelanto de cómo será.
Usted también puede ser un reflejo del Reino de Dios hoy
Ninguno de nosotros tiene el poder de devolver la vista a los ciegos o el oído a los sordos. Dependemos de Dios para la sanidad y oramos fervientemente para que Cristo regrese y traiga la sanidad que sólo Él puede proporcionar.
Aunque no podemos representar el Reino venidero exactamente de la misma manera que lo hizo Jesús, los cristianos aún podemos mostrar una pequeña muestra de lo que es Él, al vivir hoy de acuerdo con sus normas.
Así como el Reino de Dios se caracterizará por la justicia, la paz y el gozo en toda la Tierra (Isaías 9:6; 32:17; 35:10; Romanos 14:17), los cristianos hoy pueden vivir vidas caracterizadas por la justicia, la paz y el gozo.
La mejor manera de darle a este mundo lleno de oscuridad, una muestra de cómo será el Reino de Dios es simplemente . . .
Andar como Él anduvo.