Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Mayo/Junio 2019 de la revista Discernir

Cómo tener éxito

¿Qué es el éxito y cómo podemos alcanzarlo? Le mostraremos cómo, si aplicamos el propósito, la preparación y la perseverancia, esto puede ayudarnos a alcanzar las cosas más importantes en la vida.

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¿Cómo respondería si en una entrevista de trabajo le preguntaran, cuál es su definición de éxito?

¿Y si fuera un miembro de su familia? ¿O su ministro?

En este sentido, ¿qué lo haría pensar que su vida tiene éxito?

Al analizar las citas famosas acerca del éxito que han dicho personas exitosas, usted puede concluir que hay muchas definiciones de éxito. Es más amplio que el dinero y la fama. De hecho, aquellos con riqueza y celebridad, que con frecuencia las han disipado, mencionan otras cosas en vez de ello:

“El éxito proviene de saber que usted hizo lo mejor para convertirse en lo mejor de lo que usted podía convertirse” —John Wooden, renombrado entrenador de baloncesto de UCLA.

“Si analiza cuidadosamente lo que usted quiere que digan de usted en su servicio funerario, se dará cuenta de cuál es su definición del éxito” —Stephen Covey, autor del best-seller Siete hábitos de las personas altamente efectivas.

“Yo mido el éxito por el número de personas que me ama” —el millonario y filántropo Warren Buffett.

Resumiendo todo esto, el éxito es alcanzar las cosas más importantes de la vida.

Y existen pasos prácticos que nos llevan al éxito.

Estas claves del éxito han sido establecidas de muchas formas. Una ayuda rápida para recordar, son las tres P: propósito, preparación y perseverancia.

Propósito y pasión: fijar las prioridades correctas

“El secreto del éxito es la constancia del propósito” —Benjamín Disraeli.

A comienzos de mi carrera universitaria, me pidieron que leyera un libro llamado If You Don´t Know Where You´re Going, You´ll Probably End Up Somewhere Else [Si usted no sabe para dónde va, probablemente terminará en otro lugar].

Definir sus metas —teniendo el fin en mente— es un punto de partida esencial. Usted puede redefinir las metas a medida que avanza, pero si no tiene metas puede terminar andando en círculos.

Cada libro acerca del éxito tiene una sección de metas, así que, en lugar de hablar de esto, enfoquémonos en identificar qué es lo que Dios quiere que pongamos primero.

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37; vea además Mateo 6:33 y Eclesiastés 12:13).

Al principio, esto no suena como una definición estándar del éxito. Pero en verdad, si primero ponemos esta meta que lo abarca todo, nos ayudará a poner todo lo demás en perspectiva. Ser cada vez más parecidos a Dios: “para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8). Dios quiere que disfrutemos de una vida abundante y que nos alegremos (Eclesiastés 9:7-10; Juan 10:10; Filipenses 4:4). Así que, después de poner a Dios primero, podemos fijar otras prioridades, tales como amar a los demás (Mateo 22:39) y buscar con pasión una carrera o vocación.

Aprenda más al respecto en nuestro artículo en línea: “Prioridades cristianas: cómo lograr que Dios sea lo primero”.

Preparación: crecer en conocimiento, entendimiento, habilidades, recursos y sabiduría

“Antes que nada, la preparación es la clave del éxito” —Alexander Graham Bell.

Toda meta requiere conocimiento. Es necesario desarrollar un plan para obtener los hechos y la información que usted necesita acerca de cómo alcanzar su meta. La educación formal es vital, pero el entrenamiento práctico, autodirigido, también es importante para que usted lleve su conocimiento al siguiente nivel: entendimiento.

Con el entendimiento debemos desarrollar las habilidades necesarias y esto exige práctica. “La idea de que la excelencia al realizar una tarea compleja requiere un mínimo nivel de práctica sale a la superficie una y otra vez en los estudios de los expertos”, escribe Malcolm Gladwell en Outliers: The Story of Success [Valores atípicos: la historia del éxito]. Él cita al neurólogo Daniel Levitin quien dice: “El cuadro que emerge de esos estudios es que se requieren diez mil horas de práctica para alcanzar el nivel de maestría asociado con ser un experto de talla mundial —en cualquier cosa” (pp. 39-40).

Para respaldar la regla de las diez mil horas, Gladwell usa ejemplos tan variados como los Beatles y Bill Gates. Aquellos que se están preparando para el éxito deben dedicar devotamente su tiempo a practicar para alcanzar la excelencia.

A medida que crecemos en maestría, debemos desarrollar la habilidad de encontrar la forma de superar cada reto y obstáculo que llegan. Podemos llamar recursividad a esta clase de resolución de conflictos. La creatividad y tener un pensamiento no encasillado nos ayudan a afrontar nuevas o tenaces dificultades.

La Biblia llama sabiduría al más alto nivel de pensamiento. En el libro de Proverbios, el sabio rey Salomón elogió y personificó la sabiduría: “Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia… sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Engrandécela, y ella te engrandecerá; Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado” (Proverbios 4:7-8).

Nuestra preparación para alcanzar metas físicas puede conducirnos a una sabiduría práctica, de sentido común. Nuestras metas espirituales requieren una sabiduría diferente, más profunda —la sabiduría de lo alto (Santiago 3:17). Dios nos invita a que se la pidamos: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche y le será dada” (Santiago 1:5).

De la misma forma en que la práctica de las habilidades físicas produce maestría, la práctica de la obediencia a Dios nos lleva a un mayor entendimiento y visión espiritual (Salmos 111:10).

Muchas personas no ven la hora de terminar su educación y preparación. ¡Ellos quieren llegar a alcanzar sus metas! Pero en realidad, el aprendizaje nunca termina y la práctica debe continuar toda la vida. La siguiente clave nos ayuda a construir nuestra preparación e ir hacia el éxito.

Perseverancia: esforzarse por avanzar y mantenerse

“Estoy convencido de que casi la mitad de lo que separa a los emprendedores exitosos de los que no lo son, es pura perseverancia” —Steve Jobs.

“El éxito no es un accidente. Es trabajo diligente, perseverancia, estudio, sacrificio y, por encima de todo, amor a lo que está haciendo o aprendiendo a hacer” —Pelé.

Usted no puede ganar la carrera si se retira. No puede cruzar la línea de llegada si se detiene o se regresa.

Toda la planeación y preparación del mundo no servirán de nada si usted renuncia.

Para perseverar, debemos recordarnos nuestro propósito —nuestra pasión— y no dejar que decaiga. Los problemas llegarán, así que es necesario mantenernos aferrados a nuestras metas.

Nuestro nivel de impulso y perseverancia se ve afectado por la salud y la resistencia físicas. El desarrollo de buenos hábitos de ejercicio, dieta y sueño pueden ayudarnos a construir un banco de salud para ayudarnos a enfrentar nuestros desafíos.

Para tener éxito, debemos incrementar también el nivel de diligencia. La Biblia dice: “haber precioso del hombre es la diligencia” (Proverbios 12:27).

Las personas de éxito son conocidas por su impulso —su intensidad o esfuerzo. El músico y actor Will Smith dijo una vez: “Nunca me he visto como alguien talentoso. En donde soy excelente es en mi ética de trabajo” (Citado en Grit: The Power of Passion and Perseverance [Agallas: el poder de la pasión y la perseverancia], p. 46). Al considerar este ejemplo y el de muchos otros, la autora Ángela Duckworth concluye: “cuando se trata de cómo nos ubicamos en la maratón de la vida, el esfuerzo cuenta muchísimo” (p. 47).

La doctora Duckworth, profesora de psicología en la Universidad de Pensilvania y fundadora y gerente principal del laboratorio de carácter, estudia la importancia de las agallas en el éxito. Ella dice: “Las agallas se trata de trabajar en algo que a usted le importa tanto que está dispuesto a permanecer leal a eso… es hacer lo que usted ama, pero no es tan sólo un enamoramiento pasajero —es permanecer en amor” (p. 54). Su obra muestra cómo la pasión es el combustible de la perseverancia.

“Nunca rendirse, nunca rendirse, nunca, nunca, nunca, nunca —en nada, grande o pequeño, enorme o pequeño —nunca rendirse, excepto ante las convicciones del honor y el buen sentido. Nunca ceder ante la fuerza; nunca ceder ante la aparente sobrecogedora fuerza del enemigo”. Un hombre que demostró impulso y perseverancia fue el apóstol Pablo, el autor de por lo menos 13 libros del Nuevo Testamento. En 2 Corintios 11 él hace un listado de los muchos desafíos que enfrentó exitosamente en el cumplimiento de su misión:

“En trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias” (vv. 23, 25-28).

En medio de todo esto, Pablo organizó congregaciones, enseñó a miles de personas y escribió buena parte del libro que ha sido el mayor éxito en ventas que el mundo haya visto.

Como dijera el primer ministro británico Winston Churchill el 29 de octubre de 1941, durante los días más difíciles de la Segunda Guerra Mundial:

“Nunca rendirse, nunca rendirse, nunca, nunca, nunca, nunca —en nada, grande o pequeño, enorme o pequeño —nunca rendirse, excepto ante las convicciones del honor y el buen sentido. Nunca ceder ante la fuerza; nunca ceder ante la aparente sobrecogedora fuerza del enemigo”.

La diligencia y la perseverancia no sólo son las claves del éxito físico, sino también —y aún más en este caso, claves del éxito espiritual eterno. Como Pedro escribió: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:10-11).

Todos los obstáculos y pruebas serán olvidadas. Pablo dijo: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

¿A qué se asemeja el éxito eterno? David nos da un adelanto: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre” (Salmos 16:11). Como lo demuestra nuestro nuevo folleto: El propósito de Dios para usted, la Biblia revela una vida eterna de logros estimulantes a medida que se cumpla en nosotros el propósito por el que Dios nos creó.

Si desea profundizar en la clave de “la perseverancia”, vea nuestros artículos en línea: “Diligencia: ¿por qué la valora tanto Dios?” y “La perseverancia y la ciencia de la resistencia: la aplicación de los principios bíblicos durante las pruebas”.

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