Vida, Esperanza y Verdad

No temas: cómo dejar de alimentar el temor y vencerlo

El temor es uno de los motivadores más fuertes que existen. Nos puede llevar a cometer errores o a paralizarnos. ¿Cómo podemos obedecer la instrucción de Dios: “no temas”?

El temor capta nuestra atención. Nos prepara para pelear —o para escapar. Ya sea que ocultemos nuestro temor con una actitud belicosa o nos escabullemos para buscar refugio, el temor puede tener un efecto poderoso en nuestro pensamiento, decisiones y acciones.

Un temor controlado nos puede evitar ser lastimados. Pero con demasiada frecuencia el temor impide que actuemos como quisiéramos —o debiéramos— hacerlo. En ocasiones genera reacciones erradas o peligrosas. En el contexto bíblico, el temor nos puede ayudar a obedecer —o a desobedecer— las leyes de Dios.

¿Por qué el temor está tan arraigado en nuestra sociedad y cómo podemos controlarlo?

El temor en la actualidad

Los crecientes problemas en el mundo y en nuestros vecindarios nos pueden hacer sentir que vivimos en una zona de miedo. Los políticos y charlatanes de cualquier clase se aprovechan de nuestros temores para su beneficio propio, pero eso no significa que los peligros subyacentes no sean reales.

El terrorismo, los tiroteos masivos, la propagación de la guerra, los crímenes violentos, las epidemias de enfermedades, los desastres naturales, los animales peligrosos —todo esto está en las noticias y con demasiada frecuencia en nuestro entretenimiento y nuestras pesadillas.

Algunos peligros son muy populares y tendemos a exagerar (como el miedo a los tiburones, a volar o los tiroteos masivos), mientras que otros que realmente son más letales los tendemos a subestimar (los accidentes automovilísticos y los gérmenes). Muchas de las cosas que tememos nunca nos suceden, e incluso cuando lo hacen, todas nuestras ansiedades y preocupaciones generalmente no han hecho nada para protegernos.

La Biblia no le resta importancia a muchas de las cosas a las cuales tememos. De hecho, muestra que el mundo se va a volver más peligroso y aterrador a medida que se acerquen los tiempos del fin.

Pero también nos muestra cómo podemos manejar nuestros temores —tanto los buenos como los malos.

Temor del Eterno

Primero, el temor correcto.

La Biblia promueve un temor excepcional —un temor razonable que incluso nos permite erradicar los temores engañosos y destructivos. Esta sana admiración y respeto por nuestro Creador nos pone en la senda del conocimiento espiritual y sabiduría (Proverbios 1:7; Salmos 111:10).

Para estudiar más acerca de esta creencia bíblica fundamental, lo invitamos a leer nuestro artículo “El temor del Eterno: ¿qué significa?”.

Pero muchos otros temores no nos conducen a nada bueno.

Sentimientos, fobias y temores reales

Nuestro temperamento y experiencias pueden contribuir al grupo de fobias y sentimientos de temor que tenemos cada uno de nosotros. Los acontecimientos traumáticos a temprana edad pueden dejar marcas de temor en nuestros cerebros. Los sentimientos de inseguridad pueden aumentar las tendencias naturales del hombre, como el temor general de hablar en público.

¿Tenemos que vivir en un estado constante de ansiedad, marcado por destellos de terror puro?Los expertos a menudo sugieren combatir los temores y fobias irracionales con la educación para cambiar nuestra forma de pensar y practicar el manejo de las situaciones que producen ansiedad. Se han escrito muchos libros y material en internet acerca de cómo combatir fobias y ansiedades específicas. (Para más información acerca de este importante tema, lo invitamos a ver “Cómo enfrentarnos con la ansiedad” y “Cómo vencer la ansiedad”.)

Pero, ¿qué pasa con los temores racionales? —los problemas reales que enfrenta nuestro mundo sobre los cuales tenemos tan poco control? ¿Tenemos que vivir en un estado constante de ansiedad, marcado por destellos de terror puro?

El temor contra la fe

La Biblia instruye muchas veces al pueblo de Dios a que: “No temas”. Dios no quiere que nos debilitemos por el temor.

Dios le hace unas promesas maravillosas a las personas que tienen el debido respeto y admiración por Dios y luchan por obedecer sus mandamientos:

  • “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).
  • “Y todos tus hijos serán enseñados por el Eterno; y se multiplicará la paz de tus hijos. Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no temerás, y de temor, porque no se acercará a ti” (Isaías 54:13-14).
  • “He aquí que yo soy el Eterno, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” (Jeremías 32:27).
  • “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aún vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:29-31).
  • “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lucas 12:32).
  • “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).
  • “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5-6).

A medida que crecemos en la fe para creer en estas promesas, podemos mejorar nuestra capacidad de dejarle nuestras preocupaciones a Dios.

Tenga en cuenta los siguientes principios y ejemplos bíblicos en su batalla contra el temor:

Preséntese ante Dios con sus temores

Nosotros le podemos pedir a Dios su fuerza y su paz. David, un hombre según el corazón de Dios, enfrentó bastantes situaciones aterradoras. Después de haber escapado de un incidente espantoso en medio de territorio filisteo, escribió: “Busqué al Eterno, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores” (Salmos 34:4).

El apóstol Pablo, que también tuvo que enfrentar sus temores (2 Corintios 7:5), nos da este consejo y consuelo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Busque el espíritu de Dios

Dios le da su espíritu a las personas que se arrepienten y se bautizan (Hechos 2:38), y un fruto de su espíritu es la paz (Gálatas 5:22). Pablo también dijo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). El espíritu de Dios nos fortalece para poder controlar nuestros pensamientos y hacer las cosas correctas con la motivación correcta.

Para más información acerca de cómo aplicar el poder del Espíritu Santo en nuestra vida, lo invitamos a leer “¿Cómo saber si usted tiene el Espíritu Santo?” y “El fruto del Espíritu: la paz”.

Crecer en fe

Nuestra confianza en Dios está basada en sus promesas y su fidelidad. Hebreos 11, el capítulo de la fe, está lleno de historias de hombres y mujeres que creyeron que Dios iba a hacer exactamente lo que prometió. Su confianza en Dios los ayudó a enfrentar sus temores y a actuar con fe. Los ayudó a esperar pacientemente y a sobrellevar con valentía pruebas terribles.

El mayor ejemplo de todos es el de Jesucristo mismo. “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).

Como la gente fiel de antaño, debemos enfocarnos más allá de este mundo temeroso en el futuro positivo que Dios tiene reservado. También podemos meditar y apreciar el consuelo y la paz que Dios nos da ahora.Le podemos pedir a Dios que nos dé más fe (Lucas 17:5; Marcos 9:24). Entonces debemos actuar con esa fe en obediencia a Dios, ya que “la fe sin obras es muerta” (Santiago 2:20). Si nos concentramos en la palabra de Dios y en sus promesas eternas más que en las circunstancias físicas temporales, vamos a aumentar nuestra fe y a disminuir nuestros temores.

Para más información acerca de este tema, lo invitamos a leer nuestro artículo “Cómo crecer en fe”.

Concéntrese en lo positivo

Como la gente fiel de antaño, debemos enfocarnos más allá de este mundo temeroso en el futuro positivo que Dios tiene reservado. También podemos meditar y apreciar el consuelo y la paz que Dios nos da ahora.

Pablo dirigió nuestro pensamiento hacia lo positivo: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

Con frecuencia, también exaltaba la importancia de la gratitud: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:16-18).

Lo invitamos a leer “Meditación cristiana”.

El perfecto amor echa fuera el temor

No podemos olvidar durante nuestro viaje espiritual nuestro temor hacia el Eterno —nuestra reverencia hacia Él; el reconocimiento de nuestra dependencia de Él. Esta perspectiva correcta debe guiarnos a la gratitud y a la alabanza —y a un amor más profundo por nuestro Dios que nos ha dado todo lo que tenemos y habremos de recibir. ¡Él nos ama tanto que sacrificó a su propio hijo!

Así que nuestra relación con Dios crece sobre esa premisa: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

¿Qué hace ese amor? Si seguimos sus pasos y le permitimos vivir en nosotros, no tendremos que temer lo único que de verdad vale la pena temer: el día del juicio de Dios (v. 17; Mateo 10:28; lo invitamos a leer nuestro artículo “¿Qué es lo que el cristianismo tiene errado acerca del infierno?”).

Como resultado, el temor es conquistado. Juan resume el objetivo principal de esta manera: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18).

Podemos ir ante Dios con nuestros temores. Podemos buscar más de su espíritu. Podemos crecer en la fe de su habilidad para derrotar cualquier cosa que nos amenace. Podemos hallar consuelo y seguridad en su cuidado.

¡El miedo y el odio de esta época serán reemplazados por el amor y el regocijo para siempre!

Para más información de lo que enseña la Biblia acerca de este tema, lo invitamos a leer nuestros artículos:

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