Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Noviembre/Diciembre 2020 de la revista Discernir

Siete claves para superar las pruebas de la vida

¡La vida puede ser dura! En los momentos difíciles, a menudo nos acercamos a Dios. Pero ¿le pedimos lo que realmente necesitamos para salir adelante? Estos son siete elementos vitales que podemos pedirle a Dios en oración.

Si usted nunca ha experimentado dificultades en su vida y no espera experimentarlas en el futuro, puede saltarse este artículo.

¡Ah! Sigue leyendo, como sospeché. Porque si una cosa es segura, es que las pruebas y los problemas nos llegan a todos. Varían en origen, clase, intensidad y duración, pero llegan de todas maneras.

Cuando leemos en 1 Corintios 10:13 que “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana”, podemos fácilmente hacer una lista mental de las pruebas más comunes: problemas de salud, la muerte de un ser querido, problemas financieros, problemas laborales, soledad, maltrato, problemas en las relaciones, circunstancias peligrosas, etcétera. Incluso algunas bendiciones, si las usamos mal, pueden llegar a convertirse en pruebas. Y aun si pensamos en dificultades que no son tan comunes, ninguna es tan extraña como para que nadie más la haya experimentado.

Sin importar qué tan grande o pequeña sea la prueba, cuánto dure, o qué tan temporales o permanentes sean sus consecuencias, tenemos que sobrellevarla. A veces lo hacemos bien, a veces mal. Probablemente usted recuerda ejemplos de ambas situaciones en su vida.

¡Pero no tenemos que sobrellevarla solos!

Como dice Pedro, podemos “[echar] toda vuestra ansiedad sobre [Dios], porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). Dios conoce y comprende nuestras necesidades porque “no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). Podemos “[acercarnos], pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (v. 16).

Pero ¿qué cosas deberíamos pedirle a Dios cuando estamos en medio de una prueba? Es fácil enfocarnos en lo obvio: perdí mi trabajo, así que por favor, Dios ayúdame a encontrar un empleo. Estoy enfermo, así que por favor Dios sáname. Me siento solo, así que por favor Dios pon a alguien en mi vida.

Probablemente vayamos a Dios cada vez que tenemos un problema, pero puede que no le estemos pidiendo todo lo que realmente necesitamos.

No hay nada de malo con pedir una solución específica para un problema específico, ¿pero es eso lo único que necesitamos para superar una prueba? ¿Hay algo más que debamos pedirle a Dios, y tal vez debamos pedirle primero?

Analicemos siete necesidades —claves para superar las pruebas de la vida— que podemos “echar sobre Dios” en nuestras oraciones.

En primer lugar, los humanos somos muy influenciados por nuestras emociones; y en momentos de estrés, nuestros sentimientos pueden salirse de control. No debemos permitir que un estado emocional inestable dicte nuestro nivel de confianza en Dios, así que necesitamos . . .

1. Orar por fe

Mateo registra cuatro ocasiones en que Jesús usó la frase “hombres de poca fe”. Cada situación fue diferente, pero en todas Cristo identificó un enemigo de la fe: la preocupación, el miedo, la duda y el razonamiento humano. Cuando todo va bien en la vida, estas cosas no son un problema, pero en tiempos de prueba, los enemigos levantan la cabeza.

Cuando el futuro es incierto y la vida se pone cuesta arriba, no es tan fácil repetir confiadamente las palabras de Pablo: “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Es entonces cuando necesitamos pedirle a Dios que fortalezca nuestra fe y nos ayude a recordar la certeza de este versículo.

“Sabemos que todas las cosas ayudan a bien” es una afirmación de fe, de confianza en lo que nos depara el futuro. La fe no nos dice cómo, cuándo o qué enfrentaremos en el camino y por qué. Pero sí nos da la seguridad de que será para bien.

¿Tenemos esa seguridad? Cuando Dios nos da fe, ¡claro que la tenemos!

A eso se le llama andar por fe y no por vista (2 Corintios 5:7). La vista sólo puede decirnos una cosa: cuando Dios interviene de manera evidente. La fe, en cambio, nos dice que Dios intervendrá. Sólo podemos ver el pasado y el presente, y aún así, nuestra perspectiva no siempre es clara. Pero espiritualmente, Dios nos ayuda a ver el futuro.

Sin embargo, hacer esto requiere de convicción —fe— en Él, su Palabra y su camino.

¿Por qué la fe es tan importante para Dios? Porque Él es nuestro Padre. Él está a cargo y quiere que sus hijos le crean y confíen en Él.

Si confiamos en que Dios tiene las respuestas y nos responderá, también debemos estar dispuestos a esperar hasta que lo haga. Eso implica que necesitamos . . .  

2. Orar por paciencia

Santiago 5:7-8 dice que debemos esperar pacientemente el regreso de Jesucristo, y nos deja una lección que podemos aplicar siempre que esperamos una respuesta de Dios: “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca”.

A veces decimos que Dios está a cargo, ¡pero nos impacientamos cuando no salen como quisiéramos! Y en el momento que perdemos la paciencia, comenzamos a vivir contra el reloj, no por fe.A veces decimos que Dios está a cargo, ¡pero nos impacientamos cuando no salen como quisiéramos! Y en el momento que perdemos la paciencia, comenzamos a vivir contra el reloj, no por fe. Pensamos: “se está acabando el tiempo, ¡necesito esto ahora! Lo quiero según mis tiempos”. La impaciencia comienza a evaluar nuestra situación de acuerdo con el tiempo que pasa. Y si los cambios no llegan en el momento que queremos, nuestra actitud cambia con facilidad —nuestra fe flaquea.

Es entendible que deseemos alivio en tiempos difíciles. Pero también es importante decirle a Dios: “mi problema está en tus manos. Ayúdame a confiar en tus tiempos para que pueda esperar con paciencia”. La paciencia detiene el reloj. No espera que Dios cumpla nuestros horarios.

Santiago nos recuerda que a veces Dios trabaja en nosotros —tal vez un aspecto de nuestro carácter espiritual— a través de las pruebas, y ese trabajo no ocurre de forma instantánea.

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4).

Permitir que la paciencia tenga “su obra completa” no es fácil. Pero Dios puede ayudarle si usted se lo pide.

Sin embargo, ser paciente no significa permanecer inmóvil. Mientras esperamos una respuesta pacientemente, muchas veces debemos actuar y tomar decisiones. Entonces necesitamos . . . 

3. Orar por sabiduría

Santiago también habla acerca de este punto: “si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).

Los grandes problemas requieren de grandes decisiones. Cuando el doctor le está pidiendo permiso para darle a su hijo enfermo cierto tratamiento, ¿cómo puede usted, una persona sin conocimiento médico, saber lo que es mejor para su bebé? La presión es mucha, pero no puede evitarla. Se necesita de sabiduría para ordenar todos los pensamientos que se le vienen a la mente, sabiduría para recibir el consejo que necesita, sabiduría para estudiar los pros y contras, sabiduría para discernir el camino correcto cuando la lógica no es suficiente.

Proverbios 2:3-7 nos dice: “Si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor del Eterno, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Eterno da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. Él provee de sana sabiduría a los rectos; es escudo a los que caminan rectamente”.

Y unos versículos más adelante, leemos: “Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere grata a tu alma, la discreción te guardará; te preservará la inteligencia, para librarte del mal camino, de los hombres que hablan perversidades” (vv. 10-12).

La sabiduría es un tema demasiado amplio como para analizarlo a profundidad aquí. Pero estos versículos van al punto: ¡pídasela a Dios!

Humanamente, tenemos limitaciones físicas, mentales y emocionales. Sabiendo que podemos quedarnos sin energía, debemos encontrar la manera de permanecer firmes. Esto implica que necesitamos . . . 

4. Orar por resistencia

Efesios 6:13 nos anima a “[tomar] toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”. A veces no hay otra opción más que permanecer firmes y soportar la tormenta.

“Traed a la memoria los días pasados, en los cuales... sostuvisteis gran combate de padecimientos”, dice Pablo, “porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:32, 36). Algunas veces, sólo necesitamos aguantar un poco más, no ceder y no rendirnos.

Santiago dice que “tenemos por bienaventurados a los que sufren” (Santiago 5:11). Pero ¿tenemos por bienaventurados también a los que se rinden? Mantener la fortaleza mental, física, emocional y espiritual que necesitamos puede ser agotador, pero Dios tiene el poder de ayudarnos y darnos la fuerza necesaria. ¡Sólo tenemos que pedirla!

De la misma manera, la mayoría de las situaciones más estresantes en la vida tienen consecuencias potencialmente terribles. Por eso necesitamos . . . 

5. Orar por valentía

Después de que los israelitas salieron de Egipto, crearon su propia prueba y el resultado fue 40 años de dificultades. Cuando los 40 años terminaron y Moisés murió, Josué asumió el liderazgo del pueblo. Entonces, conociendo las pruebas que debería enfrentar, Dios le dijo al nuevo líder: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé” (Josué 1:5).

Luego, tres veces en los siguientes cuatro versículos, Dios animó a Josué diciendo: “esfuérzate y sé valiente; no temas ni desmayes”.

Se necesita valentía cuando la vida se pone difícil, cuando vienen las derrotas, cuando el sufrimiento se acumula. Y no siempre tenemos esa cualidad por nosotros mismos. Vayamos a Dios, como dijo Pablo en 1 Corintios 16:13, para que nos ayude a “[velar, estar] firmes en la fe; [portarnos] varonilmente, y [esforzarnos]”.

Recientemente, estudios fascinantes acerca de personas con enfermedades fatales encontraron que poseer cierta cualidad mental les permite a algunos pacientes soportar mejor su situación. Esto implica que necesitamos . . . 

6. Orar por esperanza

En 1 Corintios 13, Pablo enumeró tres de las características más importantes que podemos tener: fe, esperanza y amor. La mayor de ellas es el amor, pero la esperanza también es crucial.

La esperanza es nuestra visión del futuro. Mantiene en nuestra mente una imagen de la vida que nos permite ver más allá del presente.La esperanza es nuestra visión del futuro. Mantiene en nuestra mente una imagen de la vida que nos permite ver más allá del presente. Si la fe es tener confianza, la esperanza es tener una visión inspiradora.

Probablemente el estado mental más peligroso en el que podemos encontrarnos es la desesperanza. Pablo deseaba fervientemente que “el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).

Por favor descargue nuestro folleto gratuito Cómo encontrar esperanza en un mundo que no la tiene en la página VidaEsperanzayVerdad.org, ¡y nunca subestime la necesidad de orar por esperanza!

Una vez que le pedimos a Dios todas estas cosas —fe, paciencia, sabiduría, resistencia, valentía y esperanza— es tiempo de . . . 

7. Orar por necesidades específicas

Lo que sea que necesite —sanidad, un empleo, amigos, dinero, alivio, una pareja— ¡pídaselo a Dios!

Sólo recuerde que Dios conoce nuestras fortalezas y debilidades, ve cosas que nosotros no vemos y tiene la sabiduría para darnos lo que es mejor para nosotros. Por lo tanto, su respuesta podría ser sí, no, tal vez, o espera.

Por eso, cuando le pedimos a Dios algo específico, que según nosotros es la solución al problema, también debemos pedirle fe, paciencia, sabiduría, resistencia, valentía y esperanza.

Si hacemos esto en tiempos de dificultad, no sólo podremos superar las pruebas, sino que también fortaleceremos nuestra relación con Él.

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