El miedo puede ser abrumador y destructivo, pero también es increíblemente difícil de controlar. ¿Qué dice la Biblia acerca de cómo vencer el miedo y la ansiedad?
¿A qué le tiene miedo usted?
Personalmente le tengo miedo a las arañas, a las aspiradoras ruidosas y a la luz por la falta de gasolina en mi automóvil.
Pero el miedo no se trata tanto de las pequeñas cosas que nos sobresaltan, como cuando las arañas salen corriendo de un rincón oscuro. El miedo del que hablo ni siquiera es el pánico que se siente cuando un automóvil se abalanza sobre usted y tiene que apartarse. Ese tipo de miedo es necesario para la supervivencia humana, ¡porque activa nuestra respuesta de lucha o huida y nos impulsa a actuar!
No, me refiero al miedo que paraliza. El miedo a situaciones, a personas y a cosas acerca de las que no tenemos control o sólo un control limitado. El miedo que se manifiesta como preocupación y ansiedad, infructuoso y agotador, como el miedo a perder amigos o familiares, el miedo a no poder pagar las cuentas, el miedo al rechazo o el miedo a perder el trabajo.
Y, de nuevo, hay una diferencia entre intentar evitar estas cosas negativas en la medida de lo posible o temerlas, permitiendo que nos abrumen, nos inmovilicen, nos controlen o nos agoten.
El miedo es lo opuesto a la fe
Tememos lo que no conocemos y lo que sentimos que no podemos superar. A veces ni siquiera sabemos a qué le tenemos miedo.
Sin embargo, si creemos que Dios tiene el control absoluto, es completamente poderoso y omnisciente, y tiene un plan de salvación perfecto para toda la humanidad, entonces ¿de qué hay que tener miedo? La Biblia nos muestra que la fe en Dios como nuestro protector, es incompatible con el miedo.
No hay nada físico de lo que Dios no pueda protegernos. Y, sin embargo, podemos saber esto intelectualmente —sí, lo sé… Dios es todopoderoso… me ama… no tengo nada que temer— y aun así luchar contra ese miedo profundamente arraigado a nivel emocional.
Entonces, ¿qué dice la Biblia acerca de cómo super este miedo?
El temor (de Dios) es el fundamento de la fe
El primer paso para vencer el miedo puede parecer extraño, porque se trata de otro miedo.
Pero este último es un miedo muy diferente: el temor de Dios. El temor de Dios surge de comprender la inmensidad de su poder en comparación con el poder de cualquier cosa creada.
El temor de Dios conduce a la obediencia, lo que anula muchas de las cosas que tememos
El temor de Dios puede llevarnos más allá de simplemente sentir asombro ante su poder (Santiago 2:19). La Biblia muestra que temer a Dios de la manera correcta nos lleva a obedecerle, porque reconocemos que su intervención divina en nuestras vidas, así como las leyes naturales que Él creó, finalmente traerán consecuencias negativas por la desobediencia y resultados positivos por la obediencia.
¡Combatir el miedo improductivo se vuelve posible al reemplazarlo con este temor productivo de Dios! Como escribió Salomón en Proverbios 14:26: “En el temor del Eterno está la fuerte confianza; y esperanza tendrán sus hijos”.
El resultado del temor divino es lo opuesto al miedo mundano: confianza, porque sabemos que nuestras acciones justas finalmente tendrán un buen resultado. Incluso si las cosas no siempre salen según lo planeado, o incluso si experimentamos tiempos difíciles cuando somos obedientes a Dios, podemos confiar en que Él, el omnipotente, omnisciente y eterno, finalmente nos recompensará por ello.
Entonces podemos decir como dijo David: “El Eterno es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Eterno es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmos 27:1).
El miedo cesa donde comienza el amor perfecto
Pero hay otro paso. La Biblia muestra que Dios quiere más que obediencia basada sólo en el miedo a las consecuencias.
El miedo es peligroso en la medida en que permitimos que nos controle. Podemos vencerlo recurriendo a Aquel que nos creó a nosotros y a nuestras emociones.
En cambio, debemos crecer en la motivación del amor (2 Pedro 1:5-7). A medida que crecemos en amor los unos por los otros y por Dios, podemos comprender mejor la profundidad del amor que Dios tiene por nosotros y su gran deseo de no vernos temerosos ni sufriendo. ¡Dios quiere que tengamos éxito! Desea fervientemente vernos a cada uno de nosotros felices en esta vida y, en última instancia, para siempre. Él está haciendo todo lo posible en nuestras vidas para llevarnos a ese punto (Filipenses 1:6).
El apóstol Juan escribió: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18). Al pasar del miedo a las consecuencias (el tormento) al amor de Dios y del prójimo, podemos reemplazar la ansiedad con confianza.
¿Cómo podemos librarnos del miedo?
El miedo es peligroso en la medida en que permitimos que nos controle. Podemos vencerlo recurriendo a Aquel que nos creó a nosotros y a nuestras emociones.
- Podemos acudir a Dios en oración. Podemos orar acerca de aquello que nos causa miedo y ponerlo en sus manos, reconociendo su poder supremo en la situación (1 Pedro 5:7). Sé que esto es más difícil de lo que parece.
- Luego, podemos intentar apartar nuestra mente de ese miedo (por muy grande e inminente que sea) y reconocer su insignificancia en comparación con el plan de Dios y la grandeza de Dios. Podemos recordar la perspectiva general, nuestro lugar en ella y la pequeña parte que representa esta circunstancia o emoción en la inmensidad de todo. Pero también podemos recordar el hecho asombroso de que a Dios le importa, porque le importamos nosotros.
- Podemos actuar. Podemos intentar vivir según la Palabra de Dios en cada aspecto de nuestra vida y observar los resultados positivos que se derivan de la obediencia. Si tenemos miedo de perder nuestro trabajo, podemos usar principios divinos para ser el mejor empleado posible. Podemos ser honestos (Éxodo 20:16), no “robar” tiempo a nuestro empleador (v. 15) y hacer nuestro trabajo lo mejor que podamos (Eclesiastés 9:10).
Si tenemos miedo de no tener suficiente dinero para pagar las cuentas, podemos seguir los principios divinos de gasto, ahorro, trabajo duro y diezmar. Si tenemos miedo de estar solos, podemos seguir los principios divinos para construir una relación más cercana con Dios como nuestro compañero definitivo (ver “Su mejor amigo”), así como para construir relaciones más cercanas con los demás (ver “Cómo ser un buen vecino”). La Palabra de Dios está llena de consejos prácticos para producir buenos resultados en nuestras vidas.
Muchos miedos se basan en cosas acerca de las que tenemos muy poco o ningún control, como el miedo a los desastres naturales, la pérdida de seres queridos o la muerte. Incluso para aquellos miedos acerca de los que tenemos cierto control, la vida es impredecible.
Recuerda la profundidad del amor de Dios por nosotros, y también recuerda que, a pesar del pequeño lugar que esta lucha particular pueda ocupar en medio del panorama general, Dios la ve y conoce cada faceta de ella. Él conoce la profundidad de nuestro miedo y conoce el mejor resultado para nuestro crecimiento y bienestar final.
Tenga en cuenta que la ansiedad y el miedo pueden provenir de problemas mucho más profundos de los que aborda este artículo. Si usted está luchando contra la ansiedad, puede ser útil investigar más y buscar la ayuda de familiares, un pastor, un terapeuta profesional o un consejero.
Para obtener más información acerca de por qué Dios permite el sufrimiento, le invitamos a leer nuestro artículo acerca de “¿Por qué estoy sufriendo?”. Para saber más acerca del temor reverencial a Dios, le invitamos a leer “El temor del Eterno: ¿qué significa?”. Para obtener más información acerca del miedo y la ansiedad, le invitamos a leer “Enemigo de la fe: el temor” y “No temas: cómo dejar de alimentar el miedo y vencerlo”.