Es uno de esos dichos que mucha gente asume que son bíblicos. Sin embargo, “odiar el pecado y amar al pecador” no es una cita de la Biblia. ¿Es bíblico el concepto?
¿Cómo quiere Dios que tratemos a los demás pecadores?
Probablemente usted haya escuchado el dicho: odia el pecado y ama al pecador.
Ésta no es una cita de la Biblia. Pero, ¿es bíblica? ¿Existen posibles problemas con este dicho? ¿Cómo deberíamos aplicarlo?
¿Es bíblico?
¿Está el concepto detrás de “odiar el pecado y amar al pecador” en la Biblia? Para encontrar la respuesta, veamos algunos pasajes relacionados.
“No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado. No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo el Eterno” (Levítico 19:17-18).
Estos versículos nos dicen que no odiemos a nuestro hermano y que amemos a nuestro prójimo. Nos dicen que no nos venguemos ni guardemos rencor, lo que implica que estos principios se aplican incluso a las personas que nos han hecho daño.
¿Tenemos que amar a todos?
Pero, ¿significa este pasaje que tenemos que amar a todos?
Amarás a tu prójimo como a ti mismo se cita nueve veces en el Nuevo Testamento y Jesús lo mencionó como el segundo gran mandamiento. Aquellos que intentaban justificarse a sí mismos trataron de limitar quién era su prójimo, pero la Biblia deja claro que debemos amar incluso a nuestros enemigos (Mateo 5:43-45).
El amor piadoso es una preocupación desinteresada por los demás, demostrada al seguir los mandamientos de Dios en la letra y en el espíritu.
Además, 1 Tesalonicenses 3:12 nos dice que el apóstol Pablo deseaba que sus lectores “crezcan y abunden en amor unos para con otros y para con todos”. Para con todos.
Y 1 Juan 3:14-15 nos dice: “El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”.
Considere que, por definición bíblica, cada prójimo es un pecador. La Biblia dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23, énfasis añadido).
Así que, tomando en cuenta todos estos pasajes, sí, debemos amar a todos los pecadores.
¿Odiar el pecado?
Y, claramente, debemos odiar el pecado.
Proverbios 8:13 dice: “El temor del Eterno es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco”.
Dios odia el mal y el pecado. Él sabe que producirán dolor y sufrimiento.
En Romanos 12:9 Pablo también escribió: “aborreced lo malo”.
Así que, odiar el pecado y amar a los pecadores es bíblico. Es lo que Dios quiere que hagamos.
¿Pero puede malinterpretarse el dicho “odia el pecado y ama al pecador”?
¿Puede este dicho parecer que excusa a los pecadores? ¿Entiende realmente la mayoría de las personas qué es el pecado y por qué debemos odiarlo? ¿Entienden realmente el amor de Dios? El amor de Dios incluye no sólo misericordia, sino también justicia. Dios no quiere que continuemos viviendo pecaminosamente. Eso no sería un enfoque amoroso.
El verdadero problema no es el dicho “odia el pecado y ama al pecador”. ¡Es cómo la gente define el pecado, el odio y el amor!
Definiendo el odio y el pecado
Existe mucho debate acerca de lo que es el “discurso de odio”, por ejemplo. ¿Puede usted amar a alguien pero ser acusado de discurso de odio? Ciertamente parece que sí.
Según Meta (la firma detrás de Facebook e Instagram):
“Nuestra definición actual de ‘discurso de odio’ es cualquier cosa que ataque directamente a las personas, basándose en lo que se conoce como sus ‘características protegidas’: raza, etnia, origen nacional, afiliación religiosa, orientación sexual, género, identidad de género o discapacidad o enfermedad grave.
“No existe una respuesta universalmente aceptada acerca de cuándo algo cruza la línea. Aunque varios países tienen leyes contra el ‘discurso de odio’, sus definiciones varían significativamente”.
¿Se puede acusar a las personas de odio cuando citan versículos bíblicos que identifican los pecados sexuales que Dios prohíbe? Meta y muchos en nuestra sociedad no aceptan la definición de pecado que Dios menciona. No aceptan la instrucción de Dios acerca de odiar el pecado.
Odiar el pecado no significa que tengamos que buscar formas de confrontar a las personas y provocarlas para que nos acusen de ‘discurso de odio’. Digamos lo que digamos, debemos asegurarnos de que nuestra motivación, como la de Dios, sea el amor. Y, por lo general, no es el lugar de un cristiano provocar a ninguna persona o grupo. Aun así, no podemos cambiar nuestra creencia en la ley de Dios —una ley que Dios dio para el beneficio de todos— sólo porque podríamos ser acusados de odio.
Debemos odiar el pecado como Dios odia el pecado. Eso requiere entender qué es el pecado. Es la infracción de la ley de Dios (1 Juan 3:4; consulte “¿Qué es el pecado?”). Y requiere saber cómo odiar el pecado, sin odiar a los pecadores.
Definiendo el amor
Luego está la forma en que se utiliza la palabra amor. Por supuesto, durante mucho tiempo se ha malinterpretado como un simple sinónimo de lascivia sexual. La mayor parte de lo que hoy se llama “amor” es egoísta y está lejos de la virtud dada por Dios que acompaña al fruto espiritual, como la paciencia, la benignidad, la fidelidad, la mansedumbre y la templanza.
El amor piadoso es una preocupación desinteresada por los demás, demostrada al seguir los mandamientos de Dios en la letra y en el espíritu (Mateo 22:37-40; consulte “El fruto del Espíritu: Amor”). Pablo escribió que el amor “no se goza de la injusticia [el pecado], mas se goza de la verdad” (1 Corintios 13:6). Sin embargo, algunos han redefinido el amor como la aceptación del pecado y, por lo tanto, ignoran la verdad.
En este contexto, considere esta opinión del bloguero religioso Jeremy Myers en una publicación titulada “Deje de decir que ‘ama al pecador y odia el pecado’”. Él escribió:
“El simple hecho de que etiquetemos a la persona como ‘pecador’ indica que, en primer lugar, no sentimos amor por ella”.
Pero así no es como Dios define el amor. Es Dios quien define el pecado y al pecador.
Aplicar el estándar de amor de Dios es difícil. Veamos nuevamente Levítico 19:17-18. Para ayudarnos a profundizar, veámoslo en otra traducción (Nueva Traducción Viviente):
“No fomentes odio en tu corazón contra ninguno de tus parientes. Aclara los asuntos con la gente en forma directa, a fin de que no seas culpable de su pecado. No busques vengarte, ni guardes rencor contra tus hermanos israelitas, sino ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”.
Amar a los pecadores que son cercanos a nosotros puede implicar confrontarlos. No debemos buscar venganza, sino mostrar amor corrigiendo y ayudando humildemente.
Como señala el comentario de Matthew Henry: “Por tanto, repréndelo por su pecado contra Dios, porque le amas... La reprensión amistosa es un deber que nos debemos unos a otros, y debemos tanto darla como recibirla en amor”.
La Biblia da instrucciones acerca de cómo y cuándo corregir a otros, y una gran parte de esto implica primero mirarnos a nosotros mismos. El pecado más importante en el que debemos enfocarnos es el nuestro.
Odiar nuestros propios pecados
En el Sermón del Monte, Jesús explicó por dónde debemos empezar.
Jesús dijo: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:3-5).
Le invitamos a estudiar más acerca de esto en nuestro artículo “¿Qué quiso decir Jesús con ‘no juzguéis’?”. Considerar nuestros propios errores debería ayudarnos a ser humildes y compasivos con los demás.
Y después de abordar nuestros propios pecados mediante el arrepentimiento (cambio), si todavía sentimos que necesitamos ayudar a un hermano, debemos estar “siguiendo la verdad en amor” (Efesios 4:15). Estudie más acerca de cómo hacer esto en nuestro artículo “Hablar la verdad en amor”.
En la mayoría de los casos, Dios no espera que un cristiano arremeta contra los pecados de cada persona de la que oye hablar. Definitivamente no podemos juzgar los corazones y las motivaciones de otras personas (1 Reyes 8:39), y no debemos condenar (Lucas 6:37). Ése es el trabajo de Dios.
Nuestro artículo Juzgar con justo juicio explica:
“Es muy fácil usar el juicio justo como un arma. Pero, si esa es nuestra intención, no estamos entendiendo el meollo del asunto. El objetivo principal de juzgar justamente es tomar decisiones con respecto a nuestra propia vida”.
Odiar todos los pecados, en amor
Esto no significa que debamos ignorar el hecho de que todos somos pecadores y que el pecado está afligiendo a nuestro mundo y causando los terribles problemas y sufrimientos que nos rodean. Dios quiere que gimamos y clamemos por las abominaciones (Ezequiel 9:4).
Esto debería motivarnos a orar por el Reino de Dios —el plan amoroso de Dios para traer paz bajo el gobierno y las leyes de Dios. Y debería llevarnos a ver la importancia de la predicación del evangelio —las buenas nuevas— de ese Reino. (Consulte nuestros artículos “Venga tu Reino” y “¿Cuál es la misión de la Iglesia?”.)
Así que, sí, debemos odiar el pecado —especialmente el nuestro. Y debemos aprender a amar los pecadores —a todos— de la manera en que Dios los ama.